Esta novela (digamos, de entrada, espléndida) carece de argumento. No refiere una historia complicada. Se trata, sobre todo, de una situación dramática prolongada. No abundan los personajes.
Un hombre maduro, Juan P, nos relata en primera persona sus idas y venidas por la gran ciudad. Vive amancebado con una muñeca hinchable que no responde a sus caricias y tiene un extraño amigo con el que comparte sus periplos urbanos. Aparecen otros una pareja de ancianos que no perdonan el amor de los más jóvenes, un maître zurdo con un ojo mayor que otro sospechoso de servir setas envenenadas, una marquesa que padece furor uterino, el fantasma de una madre difunta que aparece y desaparece, una portera de las de antaño que necesita depilarse a fondo, una manifestación de ferroviarios en huelga que saben de antemano que lo tienen todo perdido y, como comparsas de tercera fila, apenas media docena de cretinos que no saben muy bien qué es lo que están haciendo en este mundo.
De vez en cuando Juan conecta la televisión y asiste en directo al suicidio de monstruosas ballenas y a coitos no menos monstruosos. Cuando las imágenes empiezan a fatigarle se asoma a la única ventana exterior de su casa y contempla las chimeneas que emergen en el cinturón industrial de la ciudad y que algunas noches, sobre todo cuando Juan ha bebido más de la cuenta, cometen la insolencia de desplazarse en el horizonte y de modificar el paisaje urbano. Mientras tanto, rasgan el aire las sirenas de las ambulancias y de la policía, que atraviesan la ciudad buscando terroristas invisibles.
«La mejor narrativa de Javier Tomeo, una de las voces más personales de nuestro tiempo» ( La Revista) ;
«Claro y conciso, utiliza en su prosa un método deductivo típico del investigador. Manías, filias, folias. Todo concentrado en estos relatos» (J. A. Aguado, Diario de Terrassa );
«Tomeo ha sabido hacerse con una voz narrativa absolutamente singular. Su estilo es tan austero y nítido que lo hace parecer fácil, como los goles de Kluivert o los regates de Zidane» (Carles Vilches, Lateral ).
Javier Tomeo estudió derecho y criminología en la Universidad de Barcelona. En los años cincuenta escribió literatura popular (novelas del oeste, de terror, etc..) bajo el pseudónimo «Frantz Keller» para la Editorial Bruguera. En 1963 editó, junto a Juan María Estadella, La brujería y la superstición en Cataluña. Pero no fue hasta unos años después, en el 1967, cuando se publicó su primera novela "seria". Su novela 'El Unicornio', aparecida en 1971, le hizo ganar el premio de novela corta Ciudad de Barbastro. En esa década aparecieron algunos de sus títulos más significativos como ahora "El castillo de la carta cifrada".
En la década de los ochenta se confirmó como uno de los mejores y más personales narradores españoles contemporáneos. En la producción de esos años destaca 'Diálogo en re mayor' y 'Amado monstruo', acaso sus obras más exitosas.
Su universo literario creció en los noventa con la publicación de numerosos libros: El gallitigre (1990), El crimen del cine Oriente (1995), Los misterios de la ópera (1997), Napoleón VII (1999) o Cuentos perversos (2002), entre otros.
En los últimos meses de su vida tuvo múltiples complicaciones de su diabetes y falleció a los 80 años por una grave infección en el Hospital Sagrado Corazón de Barcelona.
El 26 de junio de 2013 se celebró en Barcelona un funeral laico. El 27 de junio fue enterrado en el cementerio de Quicena.
Juan P vive con una muñeca hinchable que no responde a sus caricias y tiene un extraño amigo con el que comparte sus idas y venidas, junto a media docena de cretinos que no saben muy bien qué hacen en este mundo. Mientras, rastan el aire las sirenas de las ambulancias y de la policía, que atraviesan la ciudad buscando terroristas invisible...