Después de leer Fragmentos de un libro futuro, quise profundizar aún más en la obra de Valente, atraído por una poesía que oscila entre lo críptico y lo luminoso, entre lo hermético y lo revelador. Esta dualidad es lo que me empuja a acercarme a su antología temprana Noventa y nueve poemas, aunque el viaje no ha estado exento de matices.
El prólogo y la selección no me han gustado. El prólogo dice cosas como "aquel amor vigila y abre la puerta del diamante ahumado". Creo que Valente es lo suficientemente complejo como para poner este tipo de expresiones de prólogo. Esto me hace desconfiar de la selección, ya que tengo la sensación de que otros poemas de Valente podrían haber sido mejores - pura especulación.
La antología da una muy buena visión de la evolución poética del místico Valente. Sus libros más populares son los que escribió a partir de los 90, mientras que esta antología se publica en 1981. Valente demuestra su mística particular, un tanto idealista, desde su primer libro, A modo de esperanza. Mantiene preferencia por la sílaba, el verso y el párrafo impares, aunque en su mediana edad empieza a experimentar con otras composiciones. Específicamente, se llevará a su última obra unas breves composiciones de prosa poética, que ven la luz a partir de Treinta y siete fragmentos (1971), y los poemas tan breves, a partir de Breve son (1953-1968) que, en ocasiones, lamentablemente, se confunden con aforismos.
Uno de los temas centrales en la poesía de Valente es el silencio y la nada, no solo como una ausencia de sonido, sino como una presencia que subyace a todo lenguaje. Este recurso del silencio conecta a Valente con la tradición mística, aunque su búsqueda no es puramente religiosa, sino que transita por lo filosófico, lo existencial y lo ontológico. "Hay un lugar vacío, hay una estancia que no tiene salida", y, pese a ello, "no separes la sombra de la luz que ella ha engendrado".
La idea del fragmento es bastante transversal, para mi gusto refleja que para Valente cada poema es un desprendimiento concreto e irrepetible de su ser. Esa decantación yo creo que provoca que sus mejores poemas sean los últimos, algo que le honra inmensamente como poeta, y le permite "cambiar, no inútilmente, el mundo". Para mí, es una muestra de la capacidad de Valente para enfrentarse a la incompletitud y al vacío sin pretender resolverlo del todo. Hay algo también de "sobremorir" que creo que le lleva a su poesía.
Valente es un alquimista del lenguaje, de esas "palabras que no nos pertenecen", y en esa búsqueda formal revela su lucha por captar lo inefable. No busca expresar lo evidente. Lo que dice no es lo que está, sino lo que apenas puede ser vislumbrado. Su palabra es una espiral donde la verdadera poesía no es la que dice, sino la que sugiere, la que nos deja al borde del abismo del silencio.
Mis poemas destacados han sido, por orden cronológico: Serán ceniza, Consiento, El adiós, Entrada al sentido, La luz no basta, Tiempo de guerra, Con palabras distintas, El caballero infiel, Un joven de ayer considera sus versos, Crónica II, Arte de la poesía, El reino, De la luminosa opacidad de los signos, Territorio, Homenaje a un desconocido, El ángel, Pájaro loco escándalo.
En ese sentido, esta antología, aunque imperfecta en su selección, ofrece un reflejo valioso de uno de los grandes poetas españoles de los últimos 70 años.