Genji Monogatari es considerada la gran novela nacional japonesa, por muchos la primera novela moderna, una de las joyas de la literatura universal y la gran pionera de la literatura firmada por una mujer, entre muchas cosas. Como lo es también, ser un relato fidedigno de protocolo, eventos y costumbres de la época Heian, en Japón, hace 1000 años. Una visión muy cercana de los usos de la corte, un compendio, por la densidad intrincada de sus citas, de la poesía japonesa e incluso china. Y una obra en la que la escritura misma, la forma en que se desenvuelve el escribir, se va retratando a sí misma.
Alberto Manguel habla de ella como una muestra de la escritura entre paredes, la escritura de mujeres, tan rica, que se refleja también en el Libro de Almohada de Shoei Sonagon, y en los diarios de corte de damas, uno de los que se conserva también perteneciente a Murasaki Shikibu. Una escritura que contempla como un mundo completo lo que es simplemente el atisbo que se le permite a la mirada femenina, protegido o sepultado por cortinas, paredes, persianas fijas y móbiles, y que ve el boato y los nombramientos, pero desconoce o no le es permitido hablar de las intrigas y las artes y sutilezas políticas.
No es una obra fácil de leer, debido a la manera de nombrar a los personajes, ya sea por el cargo que detentan o por el lugar donde viven, en vez de por su nombre. También, por la forma en que los acontecimientos son tratados, a veces en detalle, a veces someramente o elusivamente. Y sobre todo, y eso es además un gran valor en esta narración, por esa multiplicidad de sentido del texto, en que la cita de poesías clásicas, y la forma de la escritura y literatura japonesa, crea una multiplicidad de capas que se añaden al sentido del texto. Murasaki y su texto se suponen antecedente de Proust por ese cuidado por el detalle y esa densidad significativa, así como por el tratamiento melancólico de un tiempo recordado que se desvanece en humo.
Desgraciadamente, esta versión no es directa del japonés, sino que sigue la inglesa de Royall Tyler, en traducción al español de Jordi Fibla, que también reproduce y vierte las notas correspondientes de dicha edición. El que la mujer de Fibla sea japonesa, y el que esta edición esté respaldada por Casa Japón, supone un respaldarazo a su fidegnidad. Pese a eso, no estamos nunca seguros de que la nota, pertinente en la edición japonesa, sea siempre adecuada al traducirse al español. Y no digamos ya del texto en sí, que se nos aleja a través del filtro de la traducción inglesa.
Dividida en dos tomos, este muy voluminoso primer tomo recoge las dos tercias partes de la obra, conteniendo la vida de Genji, desde que nace hasta que muere, así como la vida de su dama, la excepcional Murasaki. Sin embargo, esto hace que nos encontremos con un inmanejable volumen de gran dimensión y de 1000 páginas, que se deteriora a la primera lectura, pese a el cuidado que uno pueda hacer de ella en su uso.
Aparte, de esta versión y la de Xavier Roca-Ferrer, que apareció al tiempo que esta en 2005, pero para Destino, sigueindo en este caso la edición de Arthur Waley de 1931, recientemente la Asociación Peruano Japonesa ha publicado, en tres tomos, una traducción por fin completa y DIRECTA del japonés, a cargo de Hiroko Izumi Shimono e Iván Pinto Román. Edición que cuenta con el beneplácito de Carlos Rubio-zhan, pero que apenas tiene difusión y que no ha llegado a España.
Es una pena que una edición tan cuidada sea una traducción indirecta, y es una pena que su primera impresión, que es la que yo tengo, esté llena de erratas de trazo grueso, que afectan al sentido, que incluso llegan hasta las ilustraciones, y que incurren incluso en repetir una página completa y a suprimir una extensión similar del texto que seguiría al texto repetido.
Otra cosa, muy discutible, son las ilustraciones, que son descriptivas de objetos que se citan, como si esto fuera un diccionario para colegiales, pero que a veces poco dicen al lector. Uno desearía alguna ilustración en lámina interna como las de la portada, que aportaran una visión al mundo de la corte Heian. Estas ilustraciones provienen, como las notas, de la edición de Tyrell, y se supone que replican las ilustraciones que se encontrarían en ediciones clásicas, y perdidas, del Genji Monogatari.
Pese a eso, mientras que la nueva traducción logra tener una mejor difusión, como todos esperamos, nos queda esta versión, que podemos comparar con la de Roca-Ferrer, para reconstruir o que es la original. Suena a placer interrumpido, pero es obligado dejarse llevar por la magia de la prosa de Murasaki Shikibu y el mundo resplandeciente, no exento de sombras, de Genji.