“No puedo dormir. No hago más que soñar, no dormir”.
“Todo el mundo hablaba de Hesíodo, incluso los charlatanes. Cuando entrábamos en el aula, me tranquilizaba que la alumna que leía y comentaba el texto comenzará a reírse y que, arropada por el auditorio, no pudiera contener la risa. A pesar de ello, continuaba traduciendo y comentando el texto correctamente”.
“un sueño espantoso, en cualquier caso. No obstante, debo dar las gracias al sueño por haberme permitido dormir un poco, nadie despierta de un sueño así hasta que su impronta no ha desaparecido por completo, e incluso entonces resulta imposible desprenderse de él, te agarra por la lengua y no te suelta”.
“pero los acompañaba hasta la estación, probablemente porque quería impresionarte con mi decisión de partir”.
“La respuesta significaba que no vendrías en absoluto, y que la única concesión que podías hacerme era permitir que te esperara”.
“Anoche, en estado de duermevela, se me ocurrió que debería celebrar tu cumpleaños visitando todos los lugares importantes de tu vida”.
“Mi felicidad consistía en que el castigo llegaba y yo le daba la bienvenida con alivio, convencido, dichoso, un instante que debería conmover a los mismísimos dioses, pude sentir la conmoción de los dioses hasta el punto de que casi se me saltan las lágrimas”.