Realmente, un libro increíble, fascinante, sin parangón. Desde la honestidad, la imparcialidad, y una fe en el amor, Papini desentraña la figura del Diablo, tan calumniada y odiada por siglos, presentando desde el principio etimológico la primera paradoja; "Diablo" significa calumniador. ¿Es entonces lícito que el calumniador sea el calumniado?
Papini se aventura por los textos sagrados y las interpretaciones teológicas de la rebelión de Satanás y sus consecuencias, llegando a conclusiones inusitadas e incluso, en el sentido literal de la palabra, increíbles, pues va en contra de lo que todo el mundo religioso creyó por incontables siglos. Papini derriba, en doscientas páginas, el rígido edificio de odio incondicional al adversario, ese soberbio ente, gobernador de la materia, pero renegado de Dios y el espíritu. Papini termina demostrando que el Diablo no es tan malo como se dice; sólo está condenado a ejercer el mal por introducir el pecado al universo, callando su infinito remordimiento al recordar su época como el más perfecto de los ángeles. Dios y el Diablo sufren, sufren infinitamente, uno por amar y no ser amado y otro por no poder amar. Nosotros, los seres humanos, erramos al ver en el Diablo al verdadero enemigo pues, finalmente, es un engranaje necesario para la existencia; ¿cómo podría haber remordimiento por el pecado para así ser salvado, si no hubo nunca un pecado inicial? Papini descubre entonces una parte negra del género humano, ésa dónde calumniamos y detestamos al Diablo sin conocer los verdaderos orígenes y las verdaderas relaciones entre arriba y abajo, que son mucho más cordiales de lo que creemos. Se baraja incluso la razonable posibilidad de que el Diablo no sea más que un agente encubierto, un ayudante de Dios, para determinar quienes merecen la salvación. Pero al final de los tiempos, sí o sí, el amor de Dios, fuerza eterna y más grande que cualquier otra, nos redimirá a todos los tentados, incluyendo al maligno, pobre espíritu condenado producto de la soberbia que le concedía su libre albedrío...
Hay mucho más que decir pero me limito hasta aquí. Quiero sugerir que toda la religión, incluyendo este libro (escrito por un hombre noble, indudablemente creyente), podrían no ser más que una parábola de la lucha interior de cada ser humano, dividido entre dos polos--bien y mal, amor y odio, arriba y abajo--, para comprender en profundidad cual es su camino espiritual; el camino que lo llevará a la salvacion y a la tan anhelada dicha eterna: la honestidad, el amor, la Unidad.