Si es evidente que el trabajo ya no es lo que fue, ¿cómo lo pensamos en pleno siglo XXI? ¿Podemos hacerlo sin caer en los lugares comunes de la tecnociencia, el teletrabajo o la inteligencia artificial? Este breve y poderoso libro demuestra que, para quebrar esas lógicas mercantilistas, es fundamental encarar una discusión política y filosófica alrededor de una pregunta ¿cómo y por qué trabajar hoy? Alain Supiot hace en estas páginas un llamado a dejar de pensar el trabajo como una actividad por la que se recibe un salario para poner en el centro de la cuestión a las personas y asegurarles una protección que no solo prevea la situación de desempleo, sino la formación permanente, las tareas de cuidado y el trabajo comunitario. Y lo hace sin postular el retorno a un mundo de pleno empleo que, a esta altura, se ha vuelto una utopía, sino en diálogo con el trabajo precarizado e informal que hoy nos es tan familiar. Especialista en derecho del trabajo, reconocido académico, Supiot construye una argumentación el principio de igual dignidad de los seres humanos no puede reducirse a lo que tienen o a lo que son, sino que debe abrirse a lo que hacen. Con todas sus contradicciones, el siglo XXI ofrece la oportunidad de que se vuelva a demostrar un hecho histó la exigencia de justicia en el trabajo ha sido siempre un motor del cambio social.
Todo lo que se escribe se escribe desde un contexto, desde una perspectiva particular. La perspectiva desde la que escribo esta reseña es la de una Argentina en la que se encuentra en auge la doctrina de libre mercado, la del comercio y el precio como la ley universal que debe regir la vida social. Es en este contexto que leí las clases de Alain Supiot, por que son eso, son clases, llenas de conceptos e ideas disparadoras que invitan a imaginar y soñar el futuro del trabajo desde el derecho. Cuando digo esto quiero decir que el libro carece a veces de profundidad en la elaboración de alguna de esas ideas, como clases, para ser justo, no es que carezca, es que la audiencia a la que hablaba es la de expertos en derecho, no la de un psicólogo que jamás leyó un código legal.
En esta obra breve, el autor plantea una idea sencilla, que es la siguiente: es a través del derecho, y sólo a través de él que podemos proteger las narrativas colectivas que más nos importan del dictamen de las leyes mercantiles. Sin el derecho que defienda nuestros ideales de justicia, es el mercado el que dictará lo que se priorice, en este caso particular, será el mercado el que dicte cómo lucirá el futuro del empleo.
Supiot parte de definir qué entendemos como justicia en el mundo del trabajo, aborda aristas que van mucho más allá que el mundo del empleo, y que abarcan más aristas que hacen al trabajo y que exceden al mero intercambio de las horas y el esfuerzo a cambio de un salaria: la realización humana, el impacto de nuestro quehacer en los ecosistemas y el impacto que tiene la desigualdad extrema en las sociedades. El autor invita a reinventar el trabajo contemplando todas estas aristas para poder alcanzar la justicia social. El momento para replantearse lo que significa el trabajo no puede ser más oportuno, la automatización y el impacto en los ecosistemas invitan a una reflexión profunda acerca de cómo encarar nuestras economías. A contramano de lo que se viene discutiendo en la Argentina, dónde muchos argumentan que los problemas de contaminación se solucionan con más mercado, privatizando los mares, Alain Supiot sugiere que se resuelve con más derecho.
Quizás el problema sea que le estoy pidiendo mucho a un libro cortito que compila un par de discursos pero creo que adolece del pecado capital de los intelectuales de izquierda: mucha crítica y poca propuesta. Me llevo un par ideas interesantes y no mucho más.
De suma importancia hoy día. Definir el valor del trabajo y conciliarlo en la dinámica de la vida diaria es fundamental. Hay que regular, estar al tanto.
Un libro fascinante sobre todo para los que estudiamos el derecho del trabajo aunque también es muy ameno para no especialistas. Un libro que tiene un montón de disparadores. Increíble!!!!