«Ninguna mujer es culpable de que la amen dos hombres a la vez.»
Éste es el comienzo de una preciosa novela que aúna lo terrible de la guerra con lo maravilloso del amor. El odio de dos hombres que aman a la misma mujer y a los que la guerra y su ideología han situado en bandos distintos frente a la delicadeza de los sentimientos puros y la admiración por la belleza. Amelia siempre fue una niña diferente a las demás. Para sus padres, temerosos de Dios y cumplidores de las estrictas normas sociales, esta diferencia se convirtió en un quebradero de cabeza. Sin embargo, para Martín, sobrino del boticario, y para Alberto, hijo del alcalde, Amelia era un ser perfecto, en sus formas y en su carácter. Con el tiempo, ella se decantó por Martín, el rebelde, ateo e inconformista. Y Alberto, ya convertido en el temido teniente Recuero, dedicó su vida y su carrera militar a destrozar la vida de Martín. La guerra civil se lo puso fácil, pues estaba en el bando ganador, y Martín, aunque casado con Amelia, no pudo compartir lecho con ella pues se vio obligado a vivir escondido en un hueco de la pared, oculto tras una cómoda del dormitorio. El teniente Recuero, aprovechando la presunta soledad de Amelia, no dejó de cortejarla mientras, a escondidas, ordenaba a sus hombres que la torturasen por si sabía algo de Martín. De los cortejos Amelia obtuvo un extraño regalo: un sello de valor incalculable que no podría vender sin la autorización de Alberto. Era su prueba de amor. De las torturas, Amelia obtuvo muchos golpes, mucho miedo y una preciosa cabeza rapada al cero. Era su prueba de odio. Mientras Martín se consumía oculto tras la cómoda, contemplando los cortejos y las torturas. Hasta que por fi n a Amelia le llegó la hora de su venganza.
Escritor y periodista español, Javier Lorenzo ha trabajado para medios como Cadena Ser o El Mundo, además de realizar guiones para televisión.
Su primera novela, El último soldurio, se englobaría dentro del género de la novela histórica, al igual que la segunda, Las guardianas del tabú, en la que se adentra en el mundo cántabro durante su conflicto con la Antigua Roma.
“Hace muchos, muchos años, ella mató a dos hombres. A uno porque lo odiaba; al otro, porque lo amaba. Aunque a ambos les dio muerte sin querer, sin desearlo realmente.” Hace poco hice una reseña sobre el libro Sonieckha de la escritora Lydmila Ulitskay donde desarrolla como tema el triangulo amoroso de los protagonistas de esta novela, y de cómo este tipo de elemento ha sido utilizado en la literatura. En este ocasión el libro en cuestión trata sobre un triangulo amoroso desigual, pero con más fuerza afectiva con el que se cree más débil.
El error azul como su nombre lo sugiere hace referencia a una pieza de filatería, la cual se estimaba en el millón y medio de euros, es decir, no es más que un sello el cual recobra fuerza dentro de la narrativa en la boca de uno de sus protagonistas del llamado triangulo amoroso, Alberto Recuero, el teniente conocido como el Alférez Repello, quien influenciado por un ingles, mister Warrington le enseña del valor y la procedencia de los sellos. Dejando a un lado lo del sello, cabe destacar, que El error azul, es el triangulo amoroso de Amelia y Martin, pero a esto se escurre la búsqueda de un amor correspondido por parte de Alberto Recuero. Un triangulo donde los dos gallos se enfrentan en pelea por Amelia. Pero como dice la novela de arrancada, la abuela Generosa le decía a Amelia: “Ninguna mujer es culpable de que la amen dos hombres a la vez».”
Una novela que si bien es cierto que esta ambientada en la Guerra Civil y la posguerra, es un critica a la sociedad española de esa época. Una novela fácil de leer, pero con esto digo que también que verla fácil de leer, llega unos momentos en que se producen algunos círculos que lo que quiere es ver una salida, unos hechos narrados, que te pregunta, por que contar eso, sin con poco podría ir directo al asunto, pero es parte del proceso, hasta buscar el bajadero del enganche. Tiene un excelente final donde Amelia ya en el tiempo casada con otro hombre, Ramón, le llegan recuerdos de Martin: “Amelia decide que es el momento de marcharse; lanza un último beso a Martín y luego, al darse la vuelta y sin que ella sepa por qué, piensa de nuevo en su abuela Generosa y en aquella lejana pero clarividente frase que, con la fuerza de los siglos, quedó grabada como una marca indeleble, como un sello valiosísimo, único e incunable en su memoria: «Recuérdalo, Amelita, ninguna mujer es culpable de que la amen dos hombres a la vez».”
La sinopsis me hizo leer este libro, que me ha gustado y aburrido a partes iguales. La historia de los personajes, que podía haberse sacado más chispa y la situación de uno de ellos en especial podía haber sido un filón; sino se hubiese recreado tanto en las historia de filatelia, que siendo necesarias tampoco era necesario tanto detalle filatélico. Dejando aparte todo esto, esta es otra novela sobre las calamidades y abusos de la guerra civil española.
La historia está bien contada aunque la prosa es muy rimbombante. No entendí muy bien el comportamiento de la protagonista y porque aguanta todo lo que aguanta..el final me gustó mucho.