Lectura ligera de verano. Recorriendo las estanterías de libros de casa de mi madre, decidí leerme esta novela de Carmen Rigalt finalista del Premio Planeta de 1997, imaginando que como todos los ganadores del afamado premio sería sencilla de leer, y no equivoqué.
La historia que nos trae la autora (y que yo imagino, tiene bastante de autobiográfica o como se dice ahora de literatura de auto ficción), es bastante básica y no muy original. Retrato de una mujer madura, sumergida en un matrimonio aburrido, con un hijo adolescente y todo lo que conlleva pelear con chavales de esa edad, y que tiene una relación extramatrimonial con un hombre con el que se ve de forma regular, sin olvidar los líos familiares (su padre y su hermana), como vemos nada nuevo bajo el sol.
El libro está construido a base de reflexiones sobre su vida y la gente que tiene alrededor así como de descripciones de situaciones cotidianas desde el principio al final, por lo que se hace bastante monótono de seguir, e incluso llegas a la conclusión de lo poco que te interesa la vida de esta mujer.
Me queda claro que Carmen Rigalt lo juega todo al estilo literario en su escritura, intenta construir una prosa con ciertos toques líricos que al principio me agrada, pero que como detrás de esas formas tiene muy poco de sustancia, acaba resultando un lenguaje artificioso que en ocasiones se asoma a la pedantería de forma peligrosa, aun así, diría que está bien escrita.
Total, que mucho envoltorio para poco contenido. Encaja con los Premios Planetas a la perfección. Lo mejor para mí, el título.