Permítenos insistir en ello, porque acaso no seas esa clase de lector que gusta de leer con poca luz, envuelto en una vieja manta, mientras fuera descarga la tormenta. Tal vez no seas ese lector que disfruta del sobresalto que sigue a cada trueno, al lamento de las tuberías del edificio, al timbrazo inesperado de un teléfono en mitad de la noche. Ese lector, en fin, que lo pasa bien cuando pasa un mal rato.
Porque en ese caso, lector, este libro no es para ti. Aquí hay colmillos y garras, muertos que salen de sus tumbas y criaturas que se agitan como un odre lleno de insectos. Sangre a borbotones. Cosas que se mueven solas, luces que se encienden en casas vacías y puertas que se cierran a tu espalda. También, por qué no decirlo, hay humor, belleza y piedad. Claros en medio del bosque. Luz. Pero, no nos engañemos, su presencia no consigue iluminar las sombras. Así que olvidémoslo, otra vez será.
Aunque, bien mirado, si has llegado hasta aquí tal vez sí seas tú también, lector, uno de nosotros.
Félix Jesús Palma Macías, was born in Sanlúcar de Barrameda, Spain on June 16, 1968. He attended Francisco Pacheco High School and studied Publicity at the University at Sevilla.
His first volume of stories, El Vigilante de la Salamandra (The Lizard's Keeper) showed his ability to introduce fantasy into the every day. He is also author of the storybooks: Métodos de Supervivencia (Methods of Survival), Las Interioridades (Interiors), Los Arácnidos (The Arachnid), and El Menor Espectáculo del Mundo (The World’s Smallest Show).
Palma has also published La Hormiga que Quiso ser Astronauta (The Ant that Wanted to Become an Astronaut), Las Corrientes Oceánicas (The Ocean Currents), and El Mapa del Tiempo (The Map of Time). The Map of Time was the first novel to be published in the United States.
His book have garned many awards. His Los Arácnidos won the Cádiz Latin American Story Award, Las Corrientes Oceánicas won the 2005 Luis Berenguer Award for Novel and El Mapa del Tiempo was awarded the Ateneo de Sevilla XL Prize in 2008.
His work has been translated into more than 25 languages and published in over 30 countries. Palma has also worked as a columnist, literary critic and has given creative writing workshops.
El cuento La Cotorra de Humboldt está más desarrollado en mi podcast Dragones y Replicantes el programa dedicado a los 10 mejores relatos leídos en este 2022: https://go.ivoox.com/rf/103383483
El relato Los arácnidos se trata con más detalle en el Gabinete de Curiosidades - 15 Cuentos de terror para pasar Halloween (Parte I): https://go.ivoox.com/rf/118059422
Esta antología deja claro que, primero, el género terrorífico en español goza de una excelente salud y que, segundo, si más de unos de estos autores escribiera en otro idioma ahora mismo estaríamos hablando de clásicos modernos, maestros referentes o el calificativo pomposo que las editoriales ponen en la contraportada o en boca de autores famosos para vender su mercancía. Porque sí, damas y caballeros, en España se hace muy buen terror, pero no se traduce, y si se traduce no se publicita. Permitidme que reformule esta oración: en España se hace muy buen terror, pero a las grandes editoriales les importa tanto como la subida del precio del mango en Guinea-Bissau. Quizá lo que digo suena increíblemente chovinista, pero un servidor, pese a no ser un experto en el tema -ni pretenderlo-, ha leído un poco de terror, así que esta en posición para decir, al menos, cuando algo merece ser tenido en consideración. Me llevan los demonios cuando leo las alabanzas a autores como Adam Nevill, cuyas novelas son soporíferas como una columna de Juan Manuel de Prada, y escritas con una decima de talento y gusto que las del camarlengo de XL semanal, cuando Pilar Pedraza tiene relatos escritos con pura elegancia y mayor gusto estético por lo macabro y lo obsceno; tengo que aguantar la casquería de baratillo de Alma Katsu cuando Emilio Bueso, con solo 20 páginas, te puede construir una bomba de clavos y tuercas; me parto de risa cuando el terror psicológico de Caitriona Ward se considera revolucionario sabiendo que Ismael Martinez Biurrun consigue crear, con dos escenas, personajes sólidos llevados al límite por, que sé yo, langostas o medusas. Las comparaciones son odiosas, e injustas, pero más injusto me parece publicitar obras mediocres y anodinas escritas en ingles, copando, para más inri, todos los premios internacionales de renombre -premios en los que los únicos participantes son escritores en ingles, salvo excepciones que confirman la regla- desdeñando a los escritores que tenemos aquí, que hacen lo mismo pero mejor y con más personalidad.
Bueno, terminados los dos minutos de odio os voy a contar de los relatos, que es lo verdaderamente importante y el motivo por el que estáis leyendo esta reseña. Ignoremos al friki cabreado y dejemos que siga dándose cabezazos contra la pared. Pasemos al mojo:
-La mancha, de Juan José Plans (**): el maestro Plans será un referente del terror en nuestra piel de toro, y no negaré que crecí con sus radioficciones en RNE, pero este relato de ficción extraña no está a la altura. Una pareja acaba de regresar de sus vacaciones y descubre una mancha de humedad en su cuarto, algo extraño, pues los pintores acababan de pintar la habitación aprovechando la ausencia del matrimonio. La mancha de humedad, sin embargo, presenta un comportamiento inusual, casi orgánico. El estilo ramplón, sin gracia, y los diálogos que buscan sonar naturales siendo doblemente artificiales podrían ser soportables de no ser por el final, que roza la vergüenza ajena.
-El ángulo del horror, de Cristina Fernández Cubas (****): otro relato de ficción extraña que sugiere más que cuenta. El hijo adolescente regresa al hogar luego de una estancia en el extranjero. Su hermana pequeña, deseando el regreso de su hermano, pronto descubre un cambio en él, una honda melancolía que no puede disimular, como si hubiera dejado algo atrás muy querido o hubiera algo muy cambiado en casa. Un relato en que el terror se insinúa como una presencia esquiva y desagradable. Un clásico.
-Instantáneas, de José María Latorre (***): leí la antología Música muerta y algunos cuentos de terror de este autor, que tiene el honor de haber escrito uno de los pocos libros que ha llegado a terminar mi pareja, y este relato es de los mejores. No me malentendáis: muy pocos relatos suyos me han gustado, todos estaban o excesivamente alargados o descafeinados. Pero este da en el blanco: su premisa, sencillísima, esta desarrollada a la perfección. Un hombre entra a un fotomatón para obtener unas cuantas fotos carnet. La maquina parece tener la cámara averiada, porque las fotos que escupen no se corresponden a la imagen que al protagonista le devuelve el espejo. Un buen ejemplo de terror minimalista. Terror concentrado en una foto carnet.
-Mascarilla, de Pilar Pedraza (****): no puedo ser objetivo con mi querida Pilar Pedraza, y aunque este no sea de sus mejores relatos es innegable la elegancia con que sabe plasmar lo morboso. Una esteticien resacosa es obligada a cubrir el turno de su compañera, doblemente resacosa, y atender a una clienta con un cutis especialmente complicado. A esta autora siempre le ha interesado las malformaciones, las metamorfosis y, por supuesto, la muerte. Al igual que el segundo, un relato que insinúa más de lo que explicita.
-El banquete del señorito, de Norberto Luis Romero (****): al contrario que el resto, todo tipo de insinuación se deja de lado en aras de lo grotesco y lo escatológico. El señorito tiene gustos culinarios refinados, le gusta comer niños y regarlos con buenos vinos. Es esto, y nada más. En manos de otra persona este relato hubiera sido una parida desagradable de leer, pero Romero consigue, gracias a una comedia negra como la pez y un estilo ácido pero elegante, hacer que el canibalismo hasta de un poco de hambre.
-La luz de la noche, de José Carlos Somoza (*): nunca he entendido el éxito de este autor, con diferencia el más internacional de todos los presentes: las dos novelas que he leído suyas me dejaron muy indiferente, y los pocos cuentos con que me he topado tres cuartas partes de lo mismo. Este relato intenta tirar de lirismo y realismo mágico para crear una escena onírica. Le reconozco el esfuerzo, pero la verdad es que su estilo ni es poético, ni es sugerente. Una historia de fantasmas insomnes con muy poca presencia.
-El espanto y otros microrrelatos, de Ángel Olgoso (**): microrreseña. Prefiero la ficción minúscula de José María Merino.
-Carroñeros del miedo, de David Jasso (***): uno de vampiros psíquicos que no esta muy mal, aunque tampoco esta muy bien. Unas presencias incorpóreas que se alimentan del miedo coinciden en que las salas de cine en que se proyectan películas de terror son el mejor restaurante. Como estrategia depredadora me parece un poco limitada: desde luego que con Hereditary quedarían empachados, pero La monja les sabría a un canapé húmedo de huevo hilado.
-El escombral, de Juan Ramón Biedma (***): un relato sucio y duro como los personajes que por el desfilan. Una joven paria de la sociedad sobrevive como puede en un albergue de mala muerte a la espera de sus nada esperanzadores resultados médicos. Allí conoce a los Gitanos Nucleares -que grupazo de punk, tú-, una recua de limpiadores de centrales nucleares nómadas que van coleccionando radiación por toda Europa.
-Palabras para Nadia, de David Torres (***): un ejercicio mucho más inspirado de onirismo: a Somoza le aplaudo el esfuerzo, pero a Torres le aplaudo el resultado. En este relato vemos como se desarrolla un vínculo mental entre un vampiro psíquico y su víctima, y como sus identidades se mezclan hasta hacerse indisociables.
-Los arácnidos, de Félix J. Palma (****): el autor de la Trilogía Victoriana es de las mejores plumas nacionales con las que contamos, y si no tiene un Hugo cada una de sus entregas y sí los tiene N. K. Jemisin es porque, en Estados Unidos, se desdeña y premia más por concentración de melanina que por la lengua en que se escribe. Volviendo a este relato, me recuerda un poco a la última cinta de Paco Plaza, La abuela, aunque este relato se escribiera muchísimos años antes y sea infinitamente mejor que el terror geriátrico del primero. Esta historia nos narra una relación mutualista y enfermiza entre un nieto, un seductor empedernido de rostro angelical, y su abuela, una anciana recluida que, como Penélope, solo se limita a tejer desde la comunidad de su butaca, esperando. Creo que no hace falta decir quién es la araña en este relato y qué queda atrapado en sus redes. Ojala fuera Félix mi padre.
-Círculo Polar Ártico, de Care Santos (****): entiendo perfectamente a los protagonistas que buscan un retiro espiritual alejados del mundanal ruido, buscar el lugar más recóndito y más aislado para no tener que saludar a vecinos o importunos. De vez en cuando, todos estamos necesitados de soledad, el problema es cuando obtenemos demasiada. Esto es lo que le ocurre al protagonista de este relato, que decide viajar a un islote islandés para fotografiar frailecillos, pájaros que, junto con los pingüinos, son el perfecto ejemplo de que el darwinismo tiene un sentido del humor retorcido. Otro relato cuya fuerza reside en lo que nos insinúa más que en lo que cuenta.
-Cosecha de huesos, de José María Tamparillas (***): la agricultura es un oficio muy ingrato, más aún cuando tu finca es un erial yermo de un pueblo cerrado celoso de los forasteros. Pero si encima descubres con el arado que tus tierras se han utilizado durante años como camposanto improvisado la tarea, más que ingrata, es una putada. Un relato interesante y divertido con una frase para el recuerdo: esta tierra llama a los muertos.
-Medusas, de Ismael Martínez Biurrun (****): matrimonios malavenidos, atrapados en la rutina, que no solo deben hacer frente a sus problemas conyugales sino también a una amenaza sobrenatural. Una pareja de vacaciones con su prole entra en contacto con un anciano parlanchín y absorbente que les cuenta una historia macabra que, como suele ocurrir con las leyendas urbanas, ocurrió en el edificio en que se alojan. No se cómo Biurrun es capaz de plasmar de manera tan realista la parte más homicidas del reino animal.
-Huerto de cruces, de Santiago Eximeno (***): cómo, un relato de zombies. Y encima está bien. Qué locura; pero así es: Eximeno consigue escribir una historia de apocalipsis zombie rural con la suficiente identidad y tensión como para que sea memorable. No le pongo más puntuación porque, seamos sinceros, sigue siendo una historia de zombies, con todo lo que ello implica. Y ya nos lo sabemos de memoria.
-La cotorra de Humboldt, de Lorenzo Luengo (*****): con diferencia, sobrada diferencia, el mejor relato de esta antología y el que mejor escrito esta. Qué elegancia y que dominio del lenguaje del maestro Luengo. Me quito el cráneo. Además, tiene todo lo que me gusta: naturalistas decimonónicos, expediciones científicas, ciencia ficción blanda indistinguible de la fantasía. Y encima parte de una premisa real, el descubrimiento por parte del explorador Humboldt de una cotorra que memorizó palabras de una tribu extinguida. A partir de la presentación en sociedad del insigne pájaro, Humboldt consigue crearse un nombre en los círculos científicos ingleses de la época y la llave para acceder al tálamo de todas las damas de buena sociedad, deseosas de ayuntar con un intrépido explorador. Pero este lenguaje extinto, que al principio solo parece tener un gozoso efecto afrodisiaco, una vez se le añade una gramática presenta nuevos e inesperados efectos.
-El hombre revenido, de Emilio Bueso (****): otro titán del terror patrio injustamente reconocido fuera de nuestras fronteras -bueno, diría totalmente desconocido fuera de estas-. Un extraño peregrino, abotagado como un ahogado y cubierto por un sudario, atraviesa el pueblo en dirección al camposanto, con la intención de alimentarse de los muertos del pueblo; junto a él caminan la peste, el hambre, la enfermedad y la muerte. Es la perfecta descripción del cuadro El triunfo de la muerte de Brueghel. Tan brutal como una lluvia de hachas.
-La cirugía del azar, de Alfredo Álamo (***): la manifestación artística más pretenciosa y vacía es la performance, con la que cualquier "artista" sin talento puede ganarse la vida siempre que tenga un marco teórico lo suficientemente oscuro como para hacerlo ininteligible a oídos profanos o pretendidamente doctos -la jerga posmoderna es perfecta para dar empaque a la nada- y esté dispuesto a llevar su cuerpo, su dignidad y desinhibiciones la extremos. En otras palabras, gore. Este relato va un poco de eso: hasta que limites llega a traspasar uno por algo de casito.
-Nox Una, de Marian Womack (*): entre lo que he dicho antes y lo que digo ahora vais a pensar que no soporto las altas esferas intelectuales y artísticas. Y es verdad, no las soporto. No aguanto a los creadores que disfrazan su mediocridad de palabrería y su falta de sensibilidad con intelectualismo. Por eso no soporto los relatos protagonizados por personajes que ejemplifican todos estos tópicos. Si a eso le añadimos que el relato tiene un ritmo soporífero y que la historia tampoco es especialmente interesante, no puedo darle mejor puntuación.
-La mercancía, de Alberto López Aroca (***): el drama de la inmigración ilegal y la trata de blancas con un añadido sobrenatural. Muy destacable el buen gusto con que esta escrita la historia, narrada en primera persona por un camionero que habla como tal. Si Juan José Plans hubiera encontrado este tono su relato hubiera sido mucho mejor.
-Gatomaquia, de Marc R. Soto (***): un convicto relata a su compañero los motivos que le impulsaron a matar al gato de su novia y que le llevaron indefectiblemente a prisión ¿Por matar a un gato? He ahí el maupassantiano giro de guion. Una propuesta interesante, pero que se hubiera beneficiado, quizá, de otro enfoque.
-Caries, de Miguel Puente (****): este relato es de esos que nace de una anécdota o un chiste en una barra de bar ¿te imaginas que los vampiros tuvieran que ir al dentista? Parece una tontería, y en manos de un escritor menos experimentado seguramente lo hubiera sido, pero Puente consigue crear un microuniverso sólido como continente para una historia que es, a priori, poco más que una broma macabra.
-La luz encendida, de José Miguel Vilar-Bou (**): desafortunadamente, el segundo relato de fantasmas de la colección tampoco cumple. Quizá por intentar ser tan ambiguo el final pierde mucha fuerza, lo desconozco.
-Exploradores, de Matías Candeira (**): lo siento, tampoco he logrado disfrutar del último relato, y muy seguramente sea culpa mía por no haberle prestando la suficiente atención. Es el problema de ser el último y haber leído toda la antología del tirón: llegue exhausto.
La palabra que definiría a los mejores relatos de esta colección sería elegancia y personalidad. El grueso de relatos esta muy bien escrito, con un estilo inspirado y pulido mucho más complejo y embellecido del habitual para el género, especialmente de sus representantes más importantes. Además, aunque muchos temas son arquetípicos -fantasmas, vampiros, muertos vivientes, etc- cada autor sabe darles una personalidad propia y una identidad que los aleja del típico cuento terrorífico, ya sea trasladando el escenario a un ambiente más familiar al lector español o introduciendo elementos ajenos al imaginario anglosajón que ha secuestrado al terror desde el siglo XX. Estos relatos, como dije al principio, son una perfecta muestra de la buena salud de que goza el género en nuestra lengua, y una cura para nuestro innato complejo de inferioridad.
Porque el jardín del vecino siempre parece tener los muertos más hediondos y los monstruos tentaculares más aterradores, aunque nuestra parcela no tiene enredaderas menos retorcidas ni fantasmas menos sanguinarios.
"Aquelarre" es una antología de relatos de terror que la editorial Salto de página edita recopilando a varios autores patrios. Hay relatos que se han publicado en otras antologías y algunos hasta inéditos y está caracterizada por su eclecticismo, todo tipo de temáticas, desde las más clásicas de vampiros e incluso hombres lobos hasta obsesiones compulsivas, terrores psicológicos, casas encantadas, zombies... todas ellas elegidas para, como dice en el prólogo, causar terror o, al menos, inquietud. ¿Lo consigue? Pues la verdad es que sí, ha resultado ser una recopilación excelente, algunas historias buenas y otras increíbles. Desde luego pasas un rato la mar de entretenido y además tienen mucha literatura dentro. Más que recomendable para todos los amantes del género.
Una estupenda introducción al terror español contemporáneo (un reducto en el que, lo confieso, me daba bastante pereza entrar, pero, mira, aquí me tenéis comiéndome mis prejuicios). Y, puesto que antes de cada cuento hay una pequeña semblanza del autor y una minibibliografía, sirve también como guía para futuras lecturas. En definitiva, muy recomendable.
Muy interesante antología de cuentos de terror escritos por autores en lengua castellana (la mayoría nacidos en España). Más allá de las preferencias y afinidades hacia uno u otro de los veinticinco autores seleccionados, todas las obras me parecen muy interesantes y funcionan como un revelador abanico de inquietudes, temas y tonalidades del cuento de terror contemporáneo. No obstante, y más allá de mis siempre pedilectos Emilio Bueso y Pilar Pedraza, no puedo reprimir la recomendación de los cuentos de Felix J. Palma e Ismael Martínez Biurrun (Los arácnidos y Medusas respectivamente).
Me encantó! La mayoría de los cuentos contenidos son de un altísimo nivel, incluso hay varios que contienen ideas innovadoras dentro del género. Definitivamente recomiendo su lectura, ya no solo para los amantes del género del horror, sino en general.
Gracias a la fantástica labora de Toni Rómar y Pablo Mazo, en Aquelarre se dan cita algunos de los autores y autoras que, desde hace unos cuantos años, contribuyen a consolidar la ya rica tradición literaria del terror en español. Partiendo de los más clásicos (José María Latorre, Pilar Pedraza...) y llegando hasta los más jóvenes (José Miguel Vilar-Bou, Matías Candeira...), los veinticinco relatos de este volumen ofrecen un buen catálogo no solo de las distintas formas de abordar el género en la literatura (los hay inquietantes, salvajes, cósmicos, humorísticos...), sino también de los temas que, casi de manera universal, se han explorado desde este prisma (seres de otra dimensión, no muertos, sombras nocturnas, enfermedad, vejez, soledad, oscuras relaciones familiares...). Por si fuera poco, muchos de ellos son ganadores de premios, han sido incluidos en otras antologías o pertenecen a obras ya publicadas, así que el su valor como compendio de calidad es indiscutible.
De entre todos ellos, y sin desmerecer a ninguno de los demás, me quedaría con los siguientes:
- Instantáneas (José María Latorre), por su facilidad para ilustrar, a través de la metáfora de la fotografía, uno de los terrores más mundanos que existen. - El ángulo del horror (Cristina Fernández Cubas), por atreverse con una de las sensaciones con las que hemos tenido que enfrentarnos todos aquellos que conocemos el insomnio. - La cotorra de Humboldt (Lorenzo Luengo), en la que el autor hace gala de originalidad para traernos una historia que empieza con socarronería, pero acaba disparatándose salvajemente. - Huerto de cruces (Santiago Eximeno), porque el maestro Eximeno siempre sabe elegir las palabras precisas para hacerte sentir mal. - Los arácnidos (Félix J. Palma), por lo claustrofóbico de la historia, que se vuelve tan pegajosa como una tela de araña en una gruta angosta. - La luz encendida (José Miguel Vilar-Bou), porque juega de manera impecable con el miedo que no se puede comprender y que ataca a quienes creen tenerlo todo bajo control. - Exploradores (Matías Candeira), por ser un cuento tan crudo como extraño, que consigue sorprender al lector sin necesidad de perderse en datos innecesarios o descripciones sobre el pasado de los personajes.
Reseña: http://www.fabulantes.com/2013/11/aqu... “Los cuentos recogidos en esta antología se enmarcan en esa literatura que indaga en lo terrorífico apoyándose en la tradición, pero con una mirada que presenta a los lectores de hoy algo más que una simple revisión de los tópicos de género, empleando recursos que no siempre habían estado a su servicio”, asegura (Pablo) Mazo Agüero (editor de Salto de Página). En su afán por establecer un estado de la cuestión, selecciona 24 relatos que van desde 1967 hasta el presente de su edición, 2010, escritos por otros tantos autores que se cuentan entre los nombres propios (o más sonados) del género en castellano y que han logrado publicar en revistas, fanzines o volúmenes especializados."
Pensaba que sería otra recopilación por encargo de relatitos exprés. Pero no, se trata de una recopilación de relatos que han aparecido en otras antologías o inéditos. Esto le añade algo de calidad, al no ser lo primero que le salga al autor para cumplir.
Como en todas, algunos muy buenos y otros flojos, pero ninguno malo, y esto es lo impactante.
Algunos cuentos sí son de flojera, muchos de ellos de los inéditos. Pero otros son muy buenos. Discrepo con que en toda antología habrá buenos y malos textos, sobre todo si es una antología nacional y no solo de un solo autor. Creo que se pudieron quitar cuentos muy clishé. Tales como caries o unos muy raros como el de el revenido, que lejos de causarme algo me provocó aburrimiento y decepción, pues me habían recomendado mucho al autor. Otros son buenísimos, vale la pena
Relatos de calidad de autores españoles. Alguno me ha revuelto demasiado, como el de Gatomaquia. Mi favorito ha sido “El hombre revenido”, con sus hipnóticas descripciones, y el último relato, “Exploradores” tan extraño, a veces rozando una alusión al Génesis, otras queriendo acercarse a la matanza de Texas. Me quedé con ganas de más con este relato. Muy buena antología.
De los 24 relatos, sólo unos cuantos me parecieron atrapantes, el resto dejan mucho que desear. Hubo unos que de plano pasaron sin pena ni gloria, pero otros cumplieron su cometido envolviéndome en una atmósfera terrorífica e inquietante. Mi relato favorito sin duda "la Luz encendida"