Increíblemente convencional, Los caracoles no saben que son caracoles, es a la literatura lo que al cine las comedias románticas, simplonas, previsibles y con algún punto de humor. Y esto en sí mismo no es malo. Pero dada las numerosas recomendaciones que se han hecho sobre el libro, no deja de decepcionarte un poco.
La autora, Nuria Roca, es conocida sobre todo por su actividad de presentadora de televisión. Pero hace tiempo que está probando suerte en el mundillo literario con éxito variable. No obstante, ya había leído un libro suyo anteriormente y me sigue pareciendo una escritora aceptable. Su estilo resulta sobre todo sencillo, gracias a una prosa dinámica y bien elaborada, un lenguaje meramente pragmático y unas descripciones algo básicas, pero suficientes para el tipo de novela que trata. Sin embargo sus personajes resultan burdos y superficiales. De ellos, la protagonista es, definitivamente, la peor. Irritante a más no poder no logras, por más que lo intentas, empatizar o sentir simpatía por ella.
Los caracoles no saben que son caracoles nos cuenta un tipo de historia que se puso muy de moda en el género Chick-lit, después del éxito de libros como El diario de Bridget Jones, la vida atareada de una treinteañera con hijos, un trabajo estresante y las ilusiones de encontrar un hombre con el que compartir toda su desdicha (o alegría según sea el caso). Así que nos presentan a Clara, divorciada y madre de dos niños que trabaja en una productora de televisión (un trabajo maravilloso ya que parece entrar y salir cuando quiere), que de repente siente como cambia su vida tras un suceso trágico. Acompañada por sus padres, un ex bastante tonto, amigas cercanas, una terapeuta y varios hombres en el horizonte interesados en ella, Clara tiene que empezar a reconstruirse y salir adelante como buenamente pueda. Y si la historia principal ya resulta aburrida, las secundarias son para que te de un coma cerebral. La realización de varios programas de televisión, los líos amorosos de las amigas, las discusiones con la familia y los problemas con los niños copan el resto del libro. Al final casi que te alegras de que termine. Y eso que el desenlace es abierto, muy abrupto y te deja igual que estabas.
En definitiva, los caracoles no saben que son caracoles, es un libro extremadamente prescindible que poco o nada aporta a la vida lectora. Es cierto que se deja leer, y eso ya es mucho tratándose de este tipo de libros. Pero su principal valor, que es que te logres identificar con la protagonista, nunca llega a ocurrir, ya que la vida de Clara parece sacada más una novela de ciencia-ficción que de comedia. Lo dicho, no lo recomiendo. Así que no sé lo que saben los caracoles, pero lo que yo sé es que leer este libro es perder el tiempo.