Don Quijote fue primero un asno. Sí, como se lee. Esta novela es probablemente la mayor inspiración literaria de Cervantes para escribir El Quijote. ¿Por qué? Bueno, pues porque hay una estructura análoga, un uso del lenguaje similar, una prosa semejante muchos pasajes (aunque no igual), un ritmo análogo también. Y un personaje principal que vendría a ser un proto-Quijote. Y ese personaje es Lucio, el asno, convertido en animal por un conjuro mágico que salió mal. En esto recuerda también a El maestro y Margarita, de Bulgákov: brujas, magia y un ungüento que causa metamorfosis animal. Una de las cuestiones más interesantes de esta novela del siglo II d.C., la única escrita en latín conservada completa, es justamente detectar los rastros de su influencia en otras obras posteriores.
Lo de Cervantes es innegable, ya que éste hace prácticamente un homenaje a esta novela, más difusamente en las escenas de la venta (cuya ambientación es prácticamente igual a la de la hospedería del Asno de oro), pero específicamente en la escena de los odres de vino que Don Quijote confunde con un gigante. Aquí en un pueblo al que llega Lucio (antes de convertirse en asno), le gastan una broma en la que unos malandros le atacan y él termina acuchillándolos. En el juicio se revela que los acuchillados eran en realidad unos odres de vino.
Como decía, el estilo y la prosa de ambas novelas son muy similares, pese a que esta novela está basada en otra obra griega anterior (esto lo dice el mismo autor al inicio, pero esa obra está perdida), con lo que la noción de autoría que tenemos actualmente difiere de la escritura y reescritura de obras literarias de la Grecia y Roma clásicas. No obstante, hay un sello autoral en esta novela precisamente por algo que se le ha reconocido durante siglos: el estilo y su proto-barroquismo, por lo que hay un trabajo literario singular de Apuleyo.
Esta obra es probablemente escrita durante el gobierno de Marco Aurelio. Estamos en el Imperio Romano. Si recordamos La Ilíada y La Odisea, que son las primeras obras literarias escritas de la tradición grecolatina, éstas son del siglo VIII a.C., por lo que ya han pasado casi 900 años, y ahí ha sucedido mucho literariamente hablando. Hay una parte de El Asno, en el libro II, que menciona a La Odisea y, en general, hace constantes referencias a rituales religiosos y dioses, en su versión latinizada, claro. En el Imperio Romano, la norma para el acceso al conocimiento elevado era la educación en griego y el estudio de la cultura griega, por eso el propio Apuleyo que nació en África (en Madaura, Argelia, que entonces era parte del Imperio Romano) se educó en Atenas y luego pasó a Roma. Esta novela de hecho tiene partes autobiográficas y autoficcionales, ya que el mismo Apuleyo hizo esos recorridos y hasta fue acusado de hacer magia para apoderarse del dinero de una viuda. Su defensa en el tribunal fue un escrito que se llama Apología de Apuleyo.
Por otro lado, también en esta novela hay rastros de la Ilíada, habla de un episodio de Áyax luego de la muerte de Aquiles. Asimismo está narrado el mito de la manzana de la Discordia, que es representado en un espectáculo del circo romano en el que Lucio, el asno, ha sido capturado para ser atacado por los leones, junto con una mujer. La escena anterior, en los calabozos, sugiere zoofilia (aunque no se concreta, ya que a Lucio le horroriza la mujer que es una criminal), y es una de las partes más subida de tono que tiene la novela, que son varias. Y es que esta novela tiene partes algo gore y bastante truculentas, así como alusiones sexuales, algunas veces explícitas, y otras descripciones de actos y situaciones fuera de la norma (como una especie de rito orgiástico entre sacerdotes eunucos que podrían asimilarse a lo que hoy es un transexual) que para la época también era escandaloso. Hay partes de mucha violencia física infligida sobre el pobre protagonista, el asno, que va de amo en amo siendo tan apaleado como lo es Don Quijote en su travesía. Ambas obras tienen también una semejanza en el viaje o recorrido incesante de un sitio a otro en el que les suceden diversas aventuras a sus protagonistas. También en esta novela se halla el recurso de la historia dentro de la historia: varios personajes van apareciendo y narran su historia previa o la de alguien más, con lo que el tronco argumental del Asno se va abriendo a nuevos relatos que regresan al núcleo narrativo.
Respecto a las aventuras y la historia narrada, también se evidencia la influencia que ha tenido sobre El Lazarillo de Tormes y la literatura picaresca. Esto, junto con lo erótico, que fue inspiración de obras y géneros posteriores, es un tipo de literatura que en esa época era llamada "milesia", por una obra de Arístides de Mileto que tenía ese estilo y temas. Entonces, milesia es el gentilicio de la ciudad de Mileto y pasó a ser una especie de metonimia para designar a ese tipo de relatos. Estos también recuerdan al Decamerón de Boccaccio.
Sobre las narraciones insertas está, por ejemplo, la historia de Psique y Cupido, una de las más célebres de la mitología grecorromana, contada en medio de la trama entre el asno Lucio y una muchacha secuestrada por unos delincuentes. Al parecer, Apuleyo es el primero que narra lo de Psique de una forma tan exhaustiva. La historia estaba muy presente en la tradición oral, pero el autor es el primero en escribirla y quizás, reescribirla, o al menos es el documento escrito más antiguo hallado sobre el mito. Por otro lado, los trabajos que debe hacer Psique mandada por Venus recuerdan a los trabajos de Hércules; la historia de Psique es una especie de molde o base de los cuentos de hadas, especialmente La Cenicienta con sus hermanastras envidiosas (la original es bastante truculenta).
Luego, hay una pequeña referencia sarcástica al Cristianismo en el capítulo IX, cuando dice que la esposa de uno de los amos que tuvo Lucio, predicaba que existía un solo dios, pero esto el narrador lo dice de forma negativa, ya que la mujer era terrible. Esta es una clara referencia al monoteísmo del Cristianismo, que en ese entonces era novedoso. En el siglo II d.C. ya había muchos cristianos en el Imperio Romano, pero eran perseguidos.
Aunque durante la novela las alusiones a la religiosidad no son medulares, todo el capítulo final es un retorno al mito y al ritual, aunque sorprendentemente, no aparecen en escena los dioses grecolatinos, sino los dioses más importantes de la mitología egipcia, Isis y Osiris. La obra cobra otro cariz en esta parte, aunque aún conserva en pequeñas pinceladas el tono de humor y sátira que componen la novela, no obstante gran parte de ella es truculenta. Ahora, pese a las escenas de ritos e iniciación sacerdotal de Lucio en el último capítulo, hay algo que se trasluce en la novela, y es que la religiosidad en un sentido más profundo está ausente. En la Roma del siglo II, las creencias en los dioses ya no eran tan fuertes, la religión era más una costumbre que una fe real, y en gran medida estaba instrumentalizada por temas de poder o políticos. Había una ambigüedad religiosa que de alguna forma retrata Apuleyo. Por eso el Cristianismo entra con fuerza en el Imperio Romano y se establece como religión oficial dos siglos después (s.IV) con Constantino I.
Personalmente, creo que el escoger a los dioses egipcios es una decisión literaria y subjetiva. Está claro que Apuleyo tenía sus propias ideas creativas, tomando en cuenta de que esta obra es una reescritura de otra. El capítulo final es muy solemne, se nota que el autor sabía de lo que hablaba, pues él mismo había sido iniciado en el culto de Isis, pero no escapa al tono de sátira que tiene toda la novela. Hay un momento en el que Lucio cree que los sacerdotes que le van a iniciar le están engañando, porque debe pagar bastante dinero cada vez. Ahí hay una puesta en duda de la religión, probablemente relacionada a su propia experiencia. Finalmente, los dioses deciden que continúe siendo abogado, esto es también satírico y autobiográfico. Creo que la idea de salirse de la idiosincrasia romana e irse por dioses egipcios casi es una declaración de ateísmo de Apuleyo, o cuando menos, de escepticismo religioso. Lo mismo los unos que los otros, pero mejor si son los foráneos, que vendrían a ser "los verdaderos". Es una sutil e inteligente crítica. Como decía antes, en esa época ya en el Imperio romano la creencia en los dioses estaba venida a menos.
Finalmente, es una obra de una prosa muy pulida y fluida, que tiene su propio valor literario y también su valor en cuanto a ser una de las mayores influencias de toda la literatura posterior, sobre todo de la novela. Y también el de ser una vitrina histórica al pasado, pues a través de ella conocemos muchos de los usos y costumbres de la época, los cuales están finamente detallados, por lo que, sin habérselo propuesto, Apuleyo se convierte en un historiador de la cotidianidad, y hasta en un antropólogo y arqueólogo involuntario. Esta novela es como las ruinas de Pompeya y Herculano, pero en papiro.
P.D. Interesante la alusión autobiográfica final: Los dioses Isis y Osiris deciden que Lucio ya reconvertido en hombre y ahora sacerdote de sus cultos, debe seguir ejerciendo su profesión, la de abogado, sin que le importe el juicio de los demás. Apuleyo era abogado, y supongo que esa alusión final al qué dirán tendrá que ver con la acusación y juicio que enfrentó por supuesta brujería para casarse con una viuda y quedarse con su dinero, en el cual él mismo ejerció su defensa y escribió su descargo y alegato que se conoce como "Pro se de magia", o más comúnmente "Apología".