Tuvo Enmanuel Kant, no tan escéptico como Berckeley, la delicadeza de expresarlo de este modo: si la realidad existe, únicamente podemos conocerla a través de los sentidos. Y sin embargo, no le bastan al hombre sus sentidos para conocer aquello, que siendo realidad, va más allá de lo visible. Y lo no visible, nos dice el pensador de Königsberg, maestro de nuestro Abel Martín y de su discípulo Juan de Mairena, no podemos conocerlo, pero sí pensarlo. Va incluso Kant un poco más lejos, y nos anima: "atrévete a saber", y a eso, que en cierto modo es lo que importa, lo llama la cosa en sí. De pequeños gestos, modestas historias, costumbres y creencias tanto como de acontecimientos extraordinarios y descomunales está formada la vida del hombre; todos son fenómenos que modulan nuestro pensar y nuestro sentir y, de una manera fatal, parecen llevarnos de vuelta a lomos de este bucle imposible a lo que jamás llegamos a comprender del todo: los pequeños gestos, las modestas historias, las costumbres, las creencias y los acontecimientos extraordinarios y descomunales que configuran nuestra vida. Unos y otros exceden a menudo nuestra comprensión, pero podemos pensarlos, viviendo lo cotidiano como excepcional y lo excepcional como cotidiano. Se han escrito estas páginas con la inmediatez de un arrebato sentimental que, por sentimental, no es ni justo ni injusto, ni acertado ni equivocado. Hablan del tiempo. Y al hacerlo se diría que crean otro nuevo, acaso más ordenado y justo, más hermoso y duradero. Así, quizá pueda entenderse: una realidad dentro de la realidad, parte inseparable de ella, como en esa estampa en la que se ve a un avión que, para perplejidad y maravilla del niño, le muestra el mundo como una sucesión de abismos de los que él forma parte. En uno de ellos viene desarrollándose esta novela en marcha, y si aún estamos lejos del conocimiento al que aspiraban los magos de la sabiduría, que pensaron la cosa en sí desde muy firmes y nobles pedestales, podemos intentarlo en este pequeño mundo nuestro que va dando tumbos en el vacío dentro de otro pequeño mundo, que a su vez... nos lleva al infinito, a la infinitud de un paraíso tan inalcanzable como real.
Andrés Trapiello, poeta y escritor español, nació en 1953 en Manzaneda de Torío, León.
Después de estudiar Filosofía y Letras en la Universidad de Valladolid, donde también trabajó en el diario Pueblo, se trasladó en 1975 a Madrid, ciudad en la que vive desde entonces. De 1975 a 1977 trabajó como redactor en una revista de arte y de 1977 a 1980, también como redactor, en programas de arte y de literatura de Televisión Española.
En 1980 fundó y dirigió con Juan Manuel Bonet las Entregas y Libros de La Ventura, donde ese mismo año apareció Junto al agua, su primer libro de poemas.
En 1982 empezó a dirigir, con Valentín Zapatero, su fundador, la editorial Trieste en la que apareció ese año su segundo libro de poemas, Las tradiciones, al que siguió, en 1985, también en la editorial Trieste, La vida fácil.
En 1988 publicó su primera novela, La tinta simpática, y en 1990 vio la luz El gato encerrado, primer tomo de los diecisiete, hasta la fecha, del Salón de pasos perdidos, conjunto de diarios que ha subtitulado “Una novela en marcha”, publicados todos ellos en la editorial Pre-Textos.
En 1989 empezó a dirigir en la editorial Comares de Granada, de Miguel Ángel del Arco y Mario Fernández Ayudarte, la colección La Veleta, donde han aparecido hasta la fecha más de cien libros, de poesía y de prosa.
En 1992 recibió el Premio Internacional de novela Plaza & Janés por su segunda novela, El buque fantasma, y en 1993 el Premio de la Crítica por su cuarto libro de poemas Acaso una verdad, al que han seguido hasta la fecha Rama desnuda y Un sueño en otro.
En 1993 Las armas y las letras. Literatura y guerra civil 1936-1939 recibió el Premio don Juan de Borbón y señaló el comienzo de sus artículos semanales en el Magazine de La Vanguardia, en la que colabora desde entonces. Ese libro fue revisado, significativamente ampliado y reeditado en 2010.
En 2003 su novela Los amigos del crimen perfecto obtuvo el Premio Nadal, y en 2005 Al morir don Quijote el Premio Fundación Juan Manuel Lara a la mejor novela de ese año editada en español, a la que siguió en 2009 Los confines, todas ellas en la editorial Destino.
Otros libros suyos son La noche de los Cuatro Caminos (2001), crónica de un episodio del maquis en Madrid, El arca de las palabras (2006) e Imprenta moderna. Imprenta y literatura (2006). Colaborador de La Vanguardia, El País, El Cultural o el Abc Cultural y diversas publicaciones literarias, es autor, junto a Alfonso Meléndez, y en calidad de tipógrafo, de un número apreciable de catálogos y diseños editoriales.
En 2003 le fue concedido por el conjunto de su obra el Premio de las Letras de la Comunidad de Madrid, y en 2010 el de las Letras de la Comunidad de Castilla y León.
En 2012 su novela Ayer no más fue elegida mejor novela del año por los lectores de el diario El País.
La cosa en sí is the second of the three volumes of A. Trapiello's multi-volume diary that, to my surprise, I found in a bookstore in the city I was living in in France, a city whose inhabitants, for the rest, have almost no interest in things Spanish. If I didn't enjoy this volume quite as much as the first one I read, El jardín de la pólvora, it's just that the earlier volume had already prepared me: I expected to be entertained and astonished. With the first volume, it had come as a complete surprise.
As with El jardín, I particularly enjoyed Trapiello's bitchy, gossipy, and perhaps even slightly malicious but surely accurate portrayals of his fellow Spanish writers. He coincides with Enrique Vila-Matas at the famous book fair in Guadalajara, Mexico, for example. Vila-Matas isn't named, but he's clearly recognizable even to someone like me, who is by no means in the loop. Trapiello describes him rather acidly (he calls him the man whose stock response, unlike Bartleby's, would be: "I would prefer to") and stresses his physical resemblance to Buster Keaton. I was most gratified, as I've never enjoyed Vila-Matas's books, and his relative popularity baffles me. Vila-Matas's books, for instance, have been translated into English; not so Trapiello's, which, on the strength of the two I've now read, are more interesting and much funnier, at least to me.
At another point, in Colombia, Trapiello refers to the Colombian artist Botero as the current darling (the diary corresponds to the year 2000) of the PUB (Pedorrez Universal Burguesa). I laughed out loud there. Of course, that laughter may have been in part the result of the single apéritif that I, in utter solitude, had just consumed.
But good Lord God, since we're obviously not going to translate him, contemporary English-language writing needs someone with Trapiello's lucidity, his corrosive humor and caustic spirit, his independence and courage! Instead we have J. Franzen and P. Roth. We have Lorrie Moore and Louise Erdrich and Joyce Carol Oates. We have critics who, as E. Abbey used to say, are like giant schools of minnows, all turning in the same direction at once. We translate Enrique Vila-Matas.
There are some things in the diary I don't really like, too. For Trapiello, everything that's attractive or appealing becomes precioso. I've never really liked that word in either Spanish or English. All the writers he discusses are referred to either as X or by their initials. I don't really get it. Sometimes you can identify these writers easily enough (as with Mr. I Would Prefer To), but other times it's hard. Here, Trapiello praises the stories of one D.J., a Colombian (?) writer who works for the Banco de la República and lost a leg to a bomb. I might have liked to try these stories for myself. But who is this writer? Finally, Trapiello sometimes launches into brief flights of fancy (never more than two or three pages) that sometimes strike me as a bit too fanciful. Are his novels made up of successions of such passages? If so, I'm not sure I'd enjoy them.
At all events, I have one more volume of the diary to read, and after that I'll decide where to go: to one of the novels or back to one of the earlier volumes of the diary.
Cerró mi año lector y ya va siendo una costumbre, tal como abren y cierran estos diarios de Trapiello, el undécimo suyo que leo back-to-back, viajando a la casa de campo con la familia y los amigos. Los temas se repiten, las historias no. Hay relatos estupendamente narrados de viajes a Roma, México (Guadalajara y Ciudad México) y Colombia (Cartagena y Bogotá). Reparte cera contra Jaime Siles, Ramón Pérez de Ayala, León Felipe, Neruda y Francisco Umbral, algo contra Octavio Paz (para no perder la costumbre), entre otros que no se pueden adivinar. Se disfrutan muchos los pasajes narrativos, pero también sus críticas, por la gracia y el humor que tiene la prosa. Lo dicho: la gran novela española contemporánea se escribe en forma de diarios.