''Coño Che, nadie sabe qué cojones hacemos aquí''
(Emilio Aragonés a Ernest Guevara, Congo, 1965, pag. 365)
Decidí leer esta biografía porque siempre he tenido una ambivalencia hacia el aprecio que se tiene por el Che. Siempre me pareció un rebelde heroico y al mismo tiempo un comunista radical y fanático. Y el fanatismo político no suele gustarme, a menudo resulta en que ''la libertad de prensa se coarta. Varios periódicos cierran, y las principales estaciones de radio son requisados por el gobierno. La Universidad se ve presionada para alinearse con el gobierno, los profesores de abolengo y criterio independiente abandonan el país'' (pag 224). Así pasa en el Cuba de Fidel Castro, una vez asegurada la alianza con la Unión Soviética.
En varias partes de esta biografía, el Che parece un hombre atrapado en su ideología, reacio a cualquier forma de pragmatismo. Por ejemplo, en temas económicos: En los primeros años después del triunfo de la revolución liderado por Fidel Castro en 1959, el Che se encarga de reorganizar la economía cubana, primero como presidente del Banco Nacional, luego como ministro de Industrias. Su plan consiste en crear una economía planificada, con centralización total de la toma de decisiones, una acelerada industrialización de la isla, menos dependencia del monocultivo de azúcar, y estímulos morales (en vez de estímulos materiales). Ya en 1963, resulta evidente que los planes del Che y rapidez con la que trata de implementarlos no dan resultado. En vez de repensar sus ideas y considerar alternativas (desde introducir ciertos aspectos de una economía de mercado a simplemente reformar la economía en una manera más gradual) y luego ayudar a resolver los problemas económicos del momento, se deja alejar del control de la economía cubana. Las alternativas a sus ideas y teorías no son una opción a considerar para él. El Che comprueba ''que las alternativas viables al rumbo seguido en 1961-1962 (bajo su mando) resultaban odiosas: necesarias, pero amargas. Entre seguir pugnando por lo imposible, o aceptar la coexistencia ambivalente con un curso inevitable pero ingrato y despreciable, prefirió la fuite en avant hacia el África, Bolivia y la historia. Cualquier otra salida se antojaba innoble'' (pag 273-274).
También en temas de opciones políticas, el Che parece un hombre de su tiempo, atrapado en polarización ideológica de la guerra fría. Había cubanos contemporáneos del Che que si logran salir de esa polarización y de la necesidad de escoger entre capitalismo y comunismo. Un ejemplo es René Ramos Latour, quién le escribe al Che: ''la salvación del mundo no se encuentra detrás de la cortina de hierro... En cambio, los que tienen tu preparación ideológica piensan que la solución a nuestros males está en liberarnos del nocivo dominio yanqui por medio del no menos nocivo dominio soviético'' (pag 145).
Otra cosa que me llamó la atención de esta biografía es que bastante pronto Fidel y el Che llegaron a creer en su propio mito y en la leyenda de la revolución Cubana. Al lado de los guerrilleros en la sierra, muchas personas y organizaciones, sindicatos y partidos políticos contribuyeron al triunfo final de la revolución: toda una red urbana que juntaba dinero y compraba armas. Sin embargo, rápidamente toda esa gente y todas esas organizaciones son marginados en el imaginario de la revolución. Con el el triunfo de la revolución, ''se hubiera requerido de un milagro de madurez y modestia para evitar malentendidos, políticos y conceptuales...¿Cómo no iba a convencerse Fidel, vitoreado por cientos de miles de Cubanos, que la victoria le pertenecía a él, y sólo a él? … Era inevitable la deriva hacia la reconstrucción imaginaria de la épica: El 26 de Julio (el movimiento revolucionario de Castro) lo hizo todo, sin aliados trascendentes; la dirección, en su sabiduría e intuición genial, fue el factotum de la victoria; Fidel, el líder máximo, el comandante en jefe, fue el artífice de una conquista del poder de pizarrón … Allí, la saga multidimensional, compleja e idiosincrática de la sierra se transformaría en una proeza magnífica pero simple, plana e infinitamente repetible a condición que hombres justos y valerosos se lo propusieron'' pag 178-179).
Che realmente llega a creer que sólo hace falta un pequeño grupo de hombres para hacer la revolución y para imponerse a un ejército regular. Saca lecciones equivocadas de la revolución cubana y las aplicará más tarde durante sus aventuras en Congo y Bolivia, lecciones equivocadas que contribuirán a su muerte en Bolivia. Como argumenta Jorge Castañeda: El Che ''describe en una manera insuficiente y en parte falsa lo que aconteció en Cuba, extrapola indebidamente a otras latitudes las supuestas enseñanzas cubanas, y elude el punto nodal del tiempo: lo que se pudo en una ocasión, rara vez vuelve a suceder'' (pag 180).
Ciertos aspectos del estilo de liderazgo del Che también me llamaron la atención. Estilos de liderazgo que en el siglo XXI probablemente no funcionarían. En esta biografía se muestra, en sus últimos años, un líder autoritario, distante de sus subalternos directos. El resultado es el predecible aislamiento del líder autoritario, que nunca recibe feedback valioso. Cuando la expedición al Congo está en el umbral del fracaso, el Che mantiene un ''ciego optimismo'' que lo hace tardar en afrontar la realidad. Una de las razones de ese ciego optimismo es que ''nadie se atrevía a hablarle con verdad: 'Nadie lo encaró nunca' '' (pag 381). Lo mismo pasa en Bolivia en 1967, cuando los lazos de abastecimiento de la red urbana con el grupo guerrillero se rompen. ''Si no se sacaba a alguien a hacer contacto con la ciudad, veíamos la cosa muy mal, pero eso lo hablábamos entre nosotros, no éramos capaces de podérselo decir al Che'' (pag 448). Entre las razones de esa incapacidad para afrontarlo destacan el miedo de ser considerado un cobarde y las explosiones de rabia del Che, como explica uno de sus guerrilleros en Congo: ''Nosotros nos fuimos apartando porque cuando él se molestaba dejábamos a la fiera sola, no le hacíamos sombra. Nadie quería estar alrededor porque ya teníamos la experiencia de cuando él se molestaba'' (pag 385). Además, a menudo se aleja de sus compañeros y no hace fácil el contacto personal con sus subordinados en el Congo: ''No quiero decir que (Che) nos tratara mal, no, pero sí lo veíamos siempre solo con su librito, leyendo y no lo veíamos con aquella disposición, no se reunía continuamente con nosotros, como lo hacía en un primer momento'' (pag 383). El mismo Che reconoce todo eso en su libro sobre la expedición en el Congo: ''el hecho de retirarme a leer, huyendo de los problemas cotidianos, tendía a alejarme del contacto con los hombres, sin contar que hay ciertos aspectos de mi carácter que no hacen fácil intimar'' (pag 392). Otro problema con su estilo de liderazgo es que impone una disciplina exagerada y que es demasiado exigente. De nuevo, el mismo lo reconoce: ''Fue duro, pero no creo haberlo sido excesivamente, ni injusto'' (pag 392).
También de la vida privada podemos sacar lecciones de como no hay que tratar a la gente. A finales de 1956, antes de la salida del barco Granma hacia Cuba para empezar la revolución, Che ya sabe que su matrimonio con Hilda Gadea ha terminado. No lo comunica a ella, pero si a terceros: ''Mi vida matrimonial está casi totalmente rota y se rompe definitivamente el mes que viene'' (pag 127). Dos años y medio más tarde, después del triunfo de la revolución, Hilda llega a la Habana, con las esperanzas estar de nuevo con el Che. Sin embargo, Che ya tiene una relación con Aleida March, quien será su segunda esposa, y rompe su primer matrimonio recién en 1959. Se puede decir que le ha robado más de dos años a Hilda.
La parte del libro que más me sorprendió eran los últimos dos capítulos, que tratan de la guerrilla guevarrista en Bolivia en 1967. Es increíble la cantidad de factores que contribuyeron al fracaso de esa guerrilla, tanto durante la preparación como durante los meses deambulando por el sureste de Bolivia. La lista es larga (e incompleta):
1. Ausencia de condiciones políticas internas. En Bolivia hubo una revolución en 1952, con logros reales: Una reforma agraria, los campesinos habían recibido tierras, la creación de sindicatos poderosos, nacionalización de recursos naturales. Además, el presidente de Bolivia, René Barrientos, hablaba quechua y gozaba de una verdadera simpatía entre los campesinos.
2. Ambivalencia de intenciones: ¿Se trataba de organizar un paso por Bolivia hacia Argentina o de crear un foco guerrillero en Bolivia?
3. Zona equivocada: El Che empezó su guerrilla in el sureste de Bolivia: ''Ñancahuazú está en una zona donde no hay población de donde pueda alimentarse la guerrilla, en una provincia, cordillera, que tiene casi la extensión de Cuba, 82.000 km cuadrados, con 40.000 habitantes'' (pag 406), es ''el peor de los sitios posibles para asentar un foco guerrillero. Faltaban comunicaciones, población y campesinos sin tierra. Tampoco abundaban la vegetación, la fauna o el agua, recursos necesarios para la sobrevivencia de una guerrilla'' (pag 424).
4. Falta de guerrilla local: No existía un movimiento de guerrilla en Bolivia. Los cubanos iban a constituir la vanguardia, no una fuerza de apoyo.
5. Falta de conexión con la escasa población local: ''Los habitantes de la región por la que ambuló sin rumbo durante meses nunca lo apoyaron, jamás le dieron la bienvenida, nunca comprendieron el sentido de su gesta. Ni un solo campesino se unirá a la guerrilla'' (pag 447-448).
6. Mala relación con el Partido Comunista Boliviana. El PCB se oponía a la lucha armada interna en Bolivia y sentía que fue engañado por los Cubanos. Los lazos entre Che y el PCB se rompen el 31 de diciembre de 1966, unas pocas semanas después de la llegada del Che a Bolivia.
7. No había un aparato de apoyo complejo y bien organizado. ''La red urbana'' pronto deja de funcionar. Además, tampoco vienen nuevos combatientes vía la red urbana.
8. Fidel Castro oculta información crucial al Che
9. Mala organización en el campamento: Faltan armas, medicinas, comida. Tampoco hay comunistas Bolivianas en el campamento.
10. Reclutamiento apresurado y con poco cuidado de nuevos guerrilleros. El Che quería incorporar combatientes bolivianos a sus tropas lo más antes posible. Varios de los reclutados bolivianos pronto desertaron. Los que quedaron no siempre fueron los mejores combatientes.
11. Incomunicación: Las radios dejan de funcionar bien ya en febrero de 1967. A partir de entonces, Che solo puede recibir mensajes, pero no enviarlos.
12. Enfermedades: El asma, sobre todo, pero también diarrea azotan el Che. La falta de medicamentos provoca incursiones de búsqueda sin resultado en lugares como Samaipata.
13. Amateurismo del propio Che: En vez de organizar bien su campamento y entrenar los pocos nuevos reclutados, a principios de 1967 el Che emprende una expedición sin sentido de casi 7 semanas. Al regresar exhaustos al campamento, los guerrilleros descubren que el ejército Boliviano ya ha descubierto su campamento. Luego comete otro error estratégico: En abril divide sus pocas tropas en 2 grupos. Jamás volverán a verse.
14. Amateurismo de sus colaboradores e ineptitud del aparato Cubano.
15. Ayuda Estadoudinense al gobierno de Bolivia.
Tantas razones que explican el fracaso, muchas de ellas predecibles y obvias. La captura y muerte del Che en octubre de 1967 no son una sorpresa. ¿Por qué se metió el Che en esa ratonera?
Jorge Castañeda logra dejar de lado el mito y nos permita acercarnos al héroe de carne y hueso que era Che Guevarra, ''un hombre cuyas ideas políticas eran convencionales, pero cuya actitud hacia el poder y la política alcanzaron dimensiones épicas y excepcionales'' (pag 486).