La fábula ("composición literaria narrativa breve, generalmente en prosa o verso, en la que los personajes principales son animales o cosas inanimadas que presentan características humanas"), es considerada por algunos como un género literario menor, más allá de que existe en la literatura desde la época de los grandes exponentes griegos y que fue adoptada por nuevos autores con el correr del tiempo.
Usualmente, funciona como contrapunto del mito y la intención que se le quiso dar desde la antigüedad sufrió pocas modificaciones, aunque si mejoras a nivel narrativo durante el siglo XVII.
Según los retóricos de la antigüedad, es un relato fingido que da una imagen de la verdad y en general está narrada a partir del encuentro de dos personajes, con la inclusión de un tercero o cuarto en cuestión, siendo entre dos la forma más clásica de ser contada.
La resultante de este "enfrentamiento" es la puesta de acción de una moraleja o enseñanza, una instrucción moral que le permita al lector reflexionar sobre lo que acaba de leer. También es un contrapunto entre la noción del bien y el mal, de las buenas o malas acciones que realiza el individuo.
Esopo es reconocido como el padre de la fábula, aunque mucho estudiosos indican que estas son tan antiguas las de origen griego y se remontan a China y la India.
Digamos que las de Esopo son las más clásicas y por ende las que más han perdurado. Ya a partir del el siglo XVII aparecerían otros autores como Jean de la Fontaine, y en el XVIII Tomás de Iriarte o Feliz Samaniego quienes recuperaron este género para traerlo de nuevo a las nuevas generaciones de lectores.
Esta edición de Gredos incluye también las fábulas de Babrio, de origen asirio que en los siglos I y II escribió, influenciado por Esopo, una buena cantidad de ellas en idioma griego.
Como todo género literario, la fábula esopiana tuvo detractores, tal es el caso de Jean Jacques Rousseau, quien afirmaba que "los niños no entienden bien las fábulas, y en segundo lugar -pero lo más importante-, la moral de las fábulas corrompe a la juventud, al mostrar que los más fuertes y astutos son los que vencen en la vida."
En cierto modo puedo estar de acuerdo con Rousseau, ya que en ellas puede leerse entre líneas mensajes de injusticia, envidia, inhumanidad, soberbia o rencor y aunque no lo parezca, puede derivar en interpretaciones capciosas o equivocadas.
En mi caso, lo que pude apreciar fue una constante repetición de situaciones con moralejas similares que para nada pueden significar que quien las lea deba comportarse de mejor manera en la vida. Estas fábulas seguramente causaban cierta impresión en su época pero hoy por hoy tienen una connotación bastante ingenua.
El hecho de que los personajes sean animales le cambia el tenor a la fábula, pero no debemos olvidar que, como ellos hablan tanto entre ellos como con los seres humanos, son humanas sus actitudes y actos, por ende, es de nosotros mismo de quienes Esopo trata de reflejarse cuando los animales intervienen en ellas.
De todas maneras, es importante rescatar que también Esopo también incluye fábulas cuyos personajes son hombres, mujeres y dioses.
El libro, me ha parecido correcto y en ningún momento, salvo cuatro o cinco fábulas ha logrado entusiasmarme o sentir que leía algo realmente contundente (si lo comparo con otros géneros como la épica de la Ilíada o la Odisea).
La fábula que más me sorprendió fue esta que transcribo a continuación y cuyo contenido me parece demasiado arriesgado para que Esopo lo contara en el año 560 D.C.
Zeus y el Pudor: Cuando Zeus moldeó a los hombres, les infundió enseguida las diferentes facultades, pero se olvidó del Pudor. Como no encontraba por dónde introducirlo, le mandó que entrara por el recto. Al principio, el Pudor se negó e indigno, después que Zeus le insistió mucho, dijo el Pudor: "Pero entro con esta condición, que si entra otro detrás de mí, me marcho inmediatamente." De esto viene que todos los maricones sean gente sin pudor. Podría aplicarse esta fábula al lascivo."
Esta fábula, comparada con otras un tanto inocentes protagonizadas por conejos, perros, zorras y ranas parece sacada de contexto e increíblemente, choca contra el contenido que uno viene leyendo.
En la actualidad (al menos para mí) tiene un contenido misógino y discriminatorio más allá del humor que algunos puedan darle).
No creo que vuelva a leer libros de fábulas, aunque no descarto en un futuro intentarlo con Jean de la Fontaine. Probablemente las disfrute más.