¿Cómo puede la señorita Lockhart, compañera de juegos de la infancia, haberse convertido en la mujer con la que desea casarse? ¿Y cómo convencerla de que le elija a él cuando tiene varios pretendientes en Londres deseosos de conseguir su mano? La delicada salud de Natalie Lockhart, madre de Prudence, les obliga a regresar a Lancaster tras doce años sin visitar el pueblo. Para la joven es un alivio volver a encontrase con su familia y alejarse, además, de dos pretendientes en los que no está interesada y que su madre se empeña en alentar. Sin embargo, lejos de hallar la paz que tanto ansía su corazón, este se aceleraba cada vez que ve al señor Talbot. Richard Talbot recuerda a Prudence como una niña de enormes ojos azules y sonrisa desdentada, una imagen que no concuerda con la muchacha que ha regresado a Lancaster. Es una mujer hermosa y deseable de la que se enamora casi al instante. ¿Conseguirá Richard que Prudence se dé cuenta de que él es el único capaz de hacerla feliz mientras otros hombres también pretenden?
No se puede comentar como novela un relato corto Precipitado, con personajes tiernos y buenos y un romance sin conflicto El único que podría haber sido se resuelve en el primer capítulo Poco más se puede decir de esta publicación
Quizás hay personajes secundarios de otras series y ese puede ser un aliciente para su lectura, lo desconozco
Personalmente, muy harta de que esta editorial me venda relatos cortos como novelas, menos mal que me vino de regalo en una revista
El inicio de la novela ya te pone en antecedentes de que esos niños que, jugando al escondite, coinciden en el mismo hueco entre las peonías rosas, van a tener su romance. Me encanta este tipo de comienzos con una escena de la infancia. Y la frase de Richard: «somos un equipo», va a tener mucho que ver en la historia.
Prudence tiene que prometerse, su madre está empeñada en ello. Pero ninguno de sus dos pretendientes acaba de convencerla. Les estima, pero ahí queda todo. Es una muchacha de gustos sencillos, que prefiere la tranquilidad de Lancaster al bullicio de Londres. La dulzura caracteriza su modo de ser y sueña con enamorarse. Y se siente fascinada al volver a encontrarse con Richard Talbot, un hombre muy atractivo que, de niños, era flacucho y algo temeroso. Prudence es un personaje que trasmite alegría desde que aparece.
Richard no puede creer que la niña que conoció se haya convertido en esa preciosa muchacha que, con solo sonreírle, hace que se sienta en las nubes. Sus deberes como cabeza de familia le obligan a pensar las cosas mucho, pero la atracción que siente por Prudence le anima a pelear por ella contra el molesto pretendiente que se presenta sin esperarlo.
Los secundarios me han gustado. La exigente madre, aunque tiene sus motivos; el comprensivo padre; Violet, que es incapaz de acercarse al pretendiente de su prima porque lo considera una traición; Broderick, que hace equilibrios entre lo que su familia necesita y la sorprendente afinidad hacia la prima de la muchacha con la que pretende prometerse (me hubiera gustado saber más de esta atracción); Neill, el amigo incondicional.
Después de conocer la historia de Carla, Bruce, Christopher y Max, ya le tocaba a Richard. Y ha sido estupendo.
Una regata, un paseo por el bosque, conversaciones de alcoba… Situaciones sencillas donde la autora teje con un estilo muy personal un romance sosegado y delicado.
En la nota final, la autora dice que espera hayamos acabado la novela con una sonrisa. Pues sí, de oreja a oreja la tengo yo.
Prudence Lockhart regresa al pueblo debido a la salud de su madre. Adora estar en el campo. Se reencuentra con su prima.
Su madre quiere que se case e invita a un pretendiente de su hija a que venga.
Richard Talbot se encargó de sus hermanos después de la muerte de sus padres. Cuando ve a Prudence se siente maravillado por ella. Quiere conquistarla.
Los dos recuerdan que un verano cuando eran niños fueron amigos.
Es una novela que se lee en un suspiro y que atrapa porque la historia es muy interesante. El romance es dulce y tierno.
Es una novela corta que se lee en poco tiempo. Está escrita con frases muy bonitas y de una forma delicada.
El romance es dulce y tierno ya que ambos al conocerse se dan cuenta que tienen muchos gustos en común.
El significado de las peonías es precioso, hay un guiño del pasado que aún le da más encanto a la historia.
Como conclusión, la serie de los Talbot consta de novelas cortas que sirven perfectamente para desconectar de la rutina y que te queda una sensación entrañable al leerlas.
No sé si esto se puede llamar novela, es como si le faltara una parte del libro. Parece el inicio de algo inacabado, termina justo cuando empieza lo mejor de la historia. Personajes adorables y con un romance bonito. Una lástima.
Último libro de los Talbot, Prudence y Richard ya salen como pareja en los demás libros pero aquí viajamos al pasado para saber cómo acabaron juntos.
Durante el resto de libros se va explicando su personalidad pero en este libro se observa mejor, ambos son amigables, amantes de la tranquilidad y de la naturaleza y comparten un gran lado familiar. Su relación es muy dulce y desde el principio los dos tienen ese sentimiento de estar en casa juntos.
Aunque el relato ha sido corto, lo he disfrutado mucho 4⭐, he disfrutado de esta saga y me da un poco de tristeza de haberla terminado, siempre llevaré a los Talbot en mi corazoncito.