En Parásitos sin importancia los personajes protagonizan situaciones cotidianas que suceden de manera singular. Una empleada doméstica es la mujer más de malas del mundo; un arquitecto deja su profesión para cuidar lotes abandonados; un secuestrado se siente a gusto en el cautiverio, desconcertando a sus captores; un contador aburrido con la vida toma acciones intempestivas para sorprender a su propio Destino; un hombre dice tener premoniciones sobre su día a día que acaban por decidir la historia de su bebé. Felipe Ordóñez escribe con instinto tímido y silencioso, con originalidad y gracia narrativas muy potentes, que seguramente cautivarán al lector con este, su primer libro de cuentos.
El estilo de la escritura es muy interesante y algunas reflexiones de la muerte y el trabajo también, pero los personajes son muy flojos. Les falta mucha realidad para poderse conectar con ellos. Es difícil hasta despreciarlos porque no se sienten verdaderos y las situaciones que les ocurren muchas veces son demasiado inverosímiles como para que tengan gracia. Algo bueno es que los personajes viven en el mismo mundo irreal y mediocre, con certeza. El acta al final me pareció de lo mejor del libro.
Está agradable leerse unos cuentos que podrían ser las historias de un vecino o la experiencia de la persona que llevas al lado en la silla del bus. (aunque algunos estuvieron raros)
El centro de este compendio de relatos es en si, la cotidianidad. Las personas no-extraordinarias que habitamos el mundo y que por momentos nos enfrentamos a circunstancias tan surreales como maravillosas, circunstancias en las que podríamos agradecer haber sido secuestrados por error, o en las que nos maraville poder tentar al destino y desafiarlo constantemente, o donde simplemente nos parezca absurdo y aventurero tener que navegar entre clases sociales.
Auguro en Felipe Ordóñez un buen libro, pues su estilo es bastante agradable, aunque en algunos momentos no pueda ser atrapante, si llega a cautivar.
Mi cuento favorito: El domador de leones.
"Como si hubiera sido una payasada espontánea y sin sentido. Algunos de nosotros seguiremos siendo, como hasta ahora, unos verdaderos parásitos sin importancia."
Los cuentos que más me gustaron fueron: El pasajero, Leono, el niño del más allá y Domador de leones.
• Resignarse, vivir por vivir. No saber la razón de estar en este lugar, no saber quién lo ordenó, ni para qué, • Sino que percibí la angustia de lo vivo en ese andar; la necesidad, el afán por alcanzar algo que ni ellos mismos podrían saber qué es. • Lavarse los dientes de arriba hacia abajo, de abajo hacia arriba y en círculos concéntricos; evitar el exceso de sal, de azúcar, de lácteos, de alcohol y de carnes rojas; hacer todo eso para que un día uno no se levante y se encuentre peor que ayer, hacerlo todo y rezar. • Estoy convencido de que si existe algo después de la muerte será un salón donde se encuentren todas las almas de todos los seres que vivieron en todos los tiempos y que, en consenso concluirán que todo lo que se hizo fue un esfuerzo vacío. • Esa teoría de que el batir de las alas de una mariposa aquí genera un huracán al otro lado del mundo carece completamente de fundamento, y estoy seguro que no es más que una vieja fábula salida de la imaginación. • Solo se pide algo de justicia. Un poco de probabilidad hacia lo favorable. • En mi primera entrevista me dio por decir la verdad ¡La verdad! Pero como saben nunca fui nada perspicaz. Empecé diciendo que eso de trabajar en equipo no era para mí, y que si estaba buscando trabajo definitivamente no era porque me moviera un propósito noble y superior, sino por pura necesidad. • Era usual que en su rosario la señora Simons incluyera varias súplicas a Dios para que la ayudara a que su familia cayera de pie, como le gustaba decir. • Durante mi deceso la vida se mezclo con la muerte en una zona gris como la que hay entre el sueño y un espertar deshilvanado. • En la muerte no existía la crueldad de los vivos , ni tampoco su ansiedad. • Yo puede que sea el arquitecto de los sucesos, el narrador de la historia, pero aún así no tengo mucho margen para actuar. • La libertad que otorga la muerte viene acompañada de cierta pérdida de control sobre los vivos. • No tendrían mucho: una casa de taja, unos colchones, unas latas para guardar el café. pero tendrían esa esencia que es tan difícil concebir en el mindo de los vivos. • Nosotros decimos lo que la empresa quiere oír sobre nuestra personalidad y ellos fingen creer que somos los más indicados para el cargo. • –Después no va a existir. Después es una extensión de 40 años de aplazamientos. • Cuando mi tía me pregunto desde el otro lado del teléfono si ya estábamos listos para salir, no se me ocurrió decirle otra cosa distinta que yo acababa de morir. • Confieso que si estoy escribiendo tanto es porque no me disgusta esto de escribir, sobre todo cuando no tengo nada más que hacer. • Y esa calma que se siente cuando no hay que preocuparse por estar cumpliendo metas para poder sobrevivir. • Tal vez eso ocurre con los amigos al avanzar la edad, que los gustos se bifurcan por caminos paralelos. • Fue también muy mal visto cuando decidí que, en vez de pagar la cuota voluntaria de la torta y el regalo para nuestro jefe, yo decidiera remediar otros compromisos financieros personales que resultaban más apremiantes para mí. • Su admiración por el lujo, y ese orgullo que como en capas construyen a partir de irse sintiendo cada vez mejor que los demás.
He terminado de leer este libro de cuentos de Felipe Ordóñez. Lo encontré en casa de amigos en Zaragoza. El libro había atravesado el océano desde Medellín y se disponía sobre un sofá en una tarde de primavera. No comencé por el primer cuento, sinó que salté hacia una página cualquiera, la más cercana al inicio de El hombre del cementerio, un relato sobre la dicha de morir por primera vez y la desdicha de vivir por segunda vez. Luego seguí con Súper Profeta y de allí, salté al inicio para leer los relatos en el mismo orden de aparición en el libro. Me divertí un montón leyendo en sus relatos un Thánatos que gobierna los personajes; y claro, también tuve sinsabores al encontrar en ellos trazos humanidad desencarnada, jefes explotadores; Parásitos sin importancia, rebeldes ante la falsa idea de libertad, letanías de viejos encerrados cuando se siente alienados por los telediarios. Deliciosa lectura.
Cada vez me enamoro más de los cuentos. Qué gran forma de escribir la de Felipe, con ironía, humor, pero también con bastante profundidad. Cada uno de los cuentos me encantó.
Qué gran acierto de Angosta con su selección de libros, especialmente en cuentos, según lo que he leído hasta ahora: La Corriente y este 👏🏼
Siempre se me hace difícil “calificar” una colección de cuentos cortos porque algunos me encantan y otros no tanto. Pero esta vez no me ha costado mucho porque este libro es una maravilla. Los cuentos son ingeniosos e interesantes, los personajes complejos y creíbles a pesar de lo corto de sus historias. Lo que me cuesta esta vez es creer que esta obra es un debut. ¡Bravo!
Un compendio de cuentos en los que el absurdo, la coincidencia y la lucha contra la rutina son la regla. Personajes entrañables y risibles. Las historias de este libro son casi tan fascinantes como la forma en la que narra Ordoñez. Me encantó, además, el juego con el lector.
De forma subjetiva (como son en realidad todas las reseñas), para mí este es un libro jarto, con personajes neuróticos y repetitivos y un par de ideas filosas escondidas solo un poco para que no requiera de mucho esfuerzo que se detecten.
Fáciles de leer, rápidos, entretenidos en su mayoría, algunos conectados formando un metaverso, bastante creatividad, flujo de hechos y tipo de personajes y situaciones.
A través de cuentos sorprendentemente divertidos, esta obra aborda temas tan profundos como la monotonía de la existencia y el aparente sin sentido de un destino rutinario.
Que hermosa sorpresa me he llevado con este libro (no sólo porque cuando lo empecé a leer no sabía que era de cuentos) si no también por lo refrescante que era cada nuevo cuento, con personajes interesantes, irritantes, cómicos y melodramáticos. Bien Ordóñez.