“Me apagué el 26 de abril de 1986, a la edad de ochenta y tres años. Estambul celebraba la fiesta del Tulipán en Emigram… Mi muerte fue tan dulce como la punta de la caña mojando sus fibras en el tintero, más rápida que la tinta embebida por el papel.”
Una calígrafa se define como una persona que escribe a mano con letra excelente; «caligrafía» viene del griego y significa «el arte de escribir bonito», la literatura debiera estar llena de estos textos de caligrafía limpia y estilizada, si algo se ha perdido, es la belleza en la forma, afortunadamente, no en el fondo.
Esta novela es la historia narrada en primera persona de una calígrafa turca llamada Rikkat Kunt (1903-1986), no es una ficción, ella existió, vivó en Estambul y aquí se desvela lo que fue su vida, sus comienzos y el desarrollo de su pasión por dibujar libros y textos llenos de palabras bellamente escritas en alfabeto arábigo, por la misma época en que oficialmente su país adoptaba las letras occidentales.
La autora de la novela es francesa, nació en 1975 y es especialista en arte islámico, aquí viene lo impactante, ella revive en esta novela biográfica la historia de su abuela paterna, a quien apenas conoció, pero que fue profesora de caligrafía otomana en la Universidad de Estambul y artista de fama internacional en esta especialidad.
“En ningún momento he tenido miedo de la muerte, solo es feroz con los que la temen.”
Existe una conexión mágica para poder escribir esta novela, de eso no tengo duda, yo me sumergí en ella porque su portada es bellísima, y la novela empieza poderosa y firme, como los trazos que en vida hiciera su abuela, es una mezcla muy bien hecha de intuición y conocimientos técnicos de la especialidad de su abuela, a través de una sensibilidad interesantísima, imagina la problemática vida personal de la hija de un gran comerciante, dos veces divorciada, arruinada a la muerte del padre, separada de su segundo hijo al divorciarse de un marido pobre, vago y derrochador y como es que ella hace frente a los fuertes cambios experimentados por la sociedad turca a lo largo del siglo XX y a las adversidades materiales y afectivas, ante este panorama, la caligrafía le sirve de refugio y consuelo.