Este es un paseo por la margen de un río en obras. Entre escombros, bloques de pisos de lujo a medio construir y alfares en desuso, el protagonista de Las cañadas oscuras se encuentra con sus amantes en fiestas flamencas que se prolongan hasta el amanecer. Al cruzar el río de vuelta a casa, a veces se topa con la extrañeza de un territorio inestable y, otras, presencia el éxodo a las periferias, provocado por la especulación inmobiliaria y las inundaciones. Los poemas recorren estos hechos, entre lo histórico y lo imaginativo, para lograr una expresión verdaderamente urbana y contemporánea que reconoce el ritmo de la ciudad como la medida justa del verso.
Juan Gallego Benot (Sevilla, 1997) investiga sobre Retórica y Modernidad en la Universidad Autónoma de Madrid y en la Universidad de Groninga. Escribe habitualmente sobre arte contemporáneo en diversos medios culturales, como Babelia-El País y A*Desk. En 2020 publicó Oración en el huerto (II Premio Tino Barriuso de Poesía Joven) en la editorial Hiperión. El compositor Iñaki Estrada musicalizó varios de los poemas del libro para una pieza homónima, estrenada en 2021. Su obra ha aparecido también en antologías y revistas.
Juan ha escrito un libro apremiante, generoso, de una inteligencia profundamente comprensiva; un libro que piensa su dimensión política a priori, como horizonte base.
Su compromiso con la lengua —y con el cante, y con la nana— no tiene ya solo un correlato cultural o religioso, aunque esos elementos sigan teniendo una fuerza notable en su decir; aquí también se desliza, y de forma más sustantiva, a otro tipo de compromiso de naturaleza tan material como la del río propio: aquel que radica al yo y al tú, que los entreteje en un espacio común.
Hay, evidentemente, un gesto algo pesimista —o quizá más bien melancólico— en su mirada cuando la dirige a las desnaturalizadas avenidas de Triana, a la ribera de un Guadalquivir parapetado entre adoquines y monumentos. Pero su optimismo natural se abre paso en la palabra como si al narrarse el río pudiese ganar de nuevo espacio, desbordarse ya no para asolar sino para traer oxígeno a las tardes del verano enamorado.
Diría que 'Las cañadas oscuras' es tres libros: una colección de formas y canciones populares, un cuento de amor hechizado y un tratado frankfurtiano sobre la violencia política del urbanismo y sus motivos segregadores. Pero sería mentira: el libro es uno y todos sus engranajes se coordinan hábilmente. Pensé, en un momento de la lectura: lástima que para una voz así no conceda el mundo canciones más hermosas. Y me desdije: si tenemos que cantar las historias más tristes —y tenemos, porque el silencio es un asesino—, quién mejor que Juan para colocar la voz en el altar.
«Sí: tienes para mí el hambre helada, / las ansias de amar de muchos años; yo he ido repartiéndome en los cuerpos / y conozco tu caudal / y lo agradezco. Tienes una tormenta de verano / en las aceras / guardada para mí, / y mi cuerpo roto está al recibirte».
El poema que le dedica a Pablo......... no estoy bien
«yo he ido repartiéndome en los cuerpos y conozco tu caudal y lo agradezco [...] tu amor, confusa noche en el mundo, me acerca también a los hombres y entre todos me detiene »
Qué hermoso pensar el río, los barros, el deseo y la ciudad a través de los poemas de Juan. Todos nacimos tarde para la forma y en este barro azul nos encontramos.
Para la forma es necesaria la distracción. Para la forma es necesaria.
El barro azul y el tiempo perdido son necesarios. La forma debe ser imposible ahora para ser necesaria.
La forma debe ir deteniéndose, al modo en que el concepto se mezcla con el barro se zambulle, respira suavemente, se aleja y se aproxima.
Y yo he nacido tarde para la forma: la arcilla seca baja riéndose entre los dedos. Vuelve al suelo girando, envuelta en un sudario, y se desmanda desde mi cuerpo a su cante. Cuánto he de esperar para mi molde definitivo.
Este es un libro hermoso cuyos postigos nos descubren la historia de Sevilla y sus gentes. Pasear por estos poemas significa escuchar el canto de una ciudad que se desborda y consigue hacer de su escritura una madeja de voces que resucitan con el poeta para advertirnos de que toda belleza es efímera y su destrucción política. El flamenco, arma de doble filo que se adivina en cada página, resuena para hacernos párticipes de una fiesta colectiva que celebra la ciudad, el deseo y el amor, pero que también se duele y prostesta contra la injusticia sufrida por aquellos que con la riada de la especulación urbanística pierden su casa, su historia.
"El río ágilmente desentierra patos y cantos rodados y transporta las flores, ya podridas, a sus riberas. Nunca al mar."
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"Recuerdas la sombra tendida del beso como un ave que, curiosa, asoma su pico tras ver la tormenta, y aclara sus ojos y aletea encantada y sabe de súbito que el temblor de la máquina marca compases conocidos: era el dulzor del agua que nace y vuela, que luego recoge la luz y la vierte. Así como el pájaro al ruido de sus noches acerco mi cuello a tu boca y entonces lo sé: todo esto son paisajes que no verán nuestros hijos."
Es el dieciséis de julio de mil novecientos noventa. Dos que no somos ni tú ni yo y que podrían ser cualquiera en este tiempo acaban de cerrar acuerdos cotidianos tras la paráfrasis carnal de la última media hora.
¿Cómo lo sé? Somos tú y yo, en esta tarde, también de julio, veinte años o cien años después, los que leemos estas palabras: solo importarán las cosas bellas que un día se dijeron frente al río.
Sobre la violencia política del urbanismo, la reducción del espacio. Los sujetos políticos de las ciudades (el edificio de nosotros): destierro y olvido. Un gesto esperanzador: la imaginación y la memoria: las coplas que cantamos a partir de las coplas que nos cantaron
Este poemario se alza como una verdad revelada, una profecía concluida. Podríamos hablar de un evangelio contemporáneo a lo terrenal, aunque no hay nada más divino que el lugar que construimos y destruimos con las palabras.
Los bardos siempre son pesados, incluso cuando su causa es legítima, pero cuando encima quieren hacer una epopeya de lo que no tienen derecho a representar... en fin.
Tengo la certeza de haber leído un gran poemario y la sensación de que, por no ser sevillano o conocer Sevilla, me he perdido una carga emocional súper importante. Y eso me da rabia.
Salgo del armario como persona que no consigue conectar con este poeta, y mira que me jode, porque tiene el componente geográfico (mi familia viene toda de las zonas en las que se centra el poemario) y generacional para que lo haga. Le sobran cerebro, diccionario y artificios. Los tres poemas que marqué que me gustaron resultó que eran coplas y cantes de amigos o cercanos suyos… En esos agradecimientos también dice que gracias a sus primeros lectores y editores por vigilar sus excesos: yo creo que no hicieron muy buen trabajo (o a saber lo que les vino en primer lugar).
P.D.: Obvio que yo también peco del problema de los artificios en lo poquito que escribo, pero a mí no me publican 👍🏼