"Las noches de guardia nos embelesábamos mirando hacia arriba, esperando siempre una lluvia de estrellas. están bien campantes en el cielo y, de repente, empiezan a caerse acá, allá, por todo lado. Imaginar que las atrapábamos y las guardábamos en el morral resultaba divertido. Sí, las estrellas nos hacían olvidar del trajín del día y dejar a un lado pensamientos amargos".
Como muchos niños campesinos en Colombia, el anónimo protagonista de esta historia crece en medio de la guerra y la precariedad. Su tío será su mentor y su maestra, su madrina. Pero cuando el tío muere y el joven no ve cómo continuar sus estudios, toma -no sin resquemor- el único camino que le unirse a un grupo guerrillero. Su mejor amigo, Julián, quien vive una situación aún más apremiante, sigue sus pasos y termina haciendo el mayor sacrificio que una amistad en la guerra puede exigir.
En Era como mi sombra el lector se internará en un relato poético, contundente y desgarrador sobre las infancias vulneradas por el conflicto armado. Pero, más importante aún, será testigo de una amistad poderosa, capaz de burlar la muerte y vencer a cualquier ejército.
Un relato no muy cómodo de leer por lo que trae consigo! Cómo el campo vive en carne propia la guerra a través de sus niños que no siempre encuentran otra salida… el final es muy real, estás cosas pasan todo el tiempo allá.. pero no deja de ser cruel 🥺
La guerra es cruel, el hambre lo es más, que hace ver a la primera como una opción de vida.
Nuestro protagonista, del cual nunca sabemos el nombre, nos narra la vida en ma rural Colombia. Entre guerrilla, ejército y grupos paramilitares.
Con su mejor amigo Julian, quien vivía en una situación más precaria que él; al punto en que unirse a la guerrilla, a los doce años, es la mejor opción.
Crudo y humano, nos envuelve la naturaleza de Colombia, la selva y la amistad.
"¿No es injusto que un niño que debe estar jugando y estudiando termine en la guerrilla o con los paramilitares?"
Era como mi sombra no es el tipo de libros que suelo leer, es más, los evito a toda costa. Es un libro crudo, realista, con una historia sencilla y cruel sobre dos niños que terminan en la guerrilla. Es su elección prácticamente, nadie los obligó, es más, varias personas intentan detenerlos, pero ninguno de los dos tiene muchas opciones. Habían crecido en un lugar sin oportunidades, donde comer era un privilegio, estaban cansados de ver injusticias y presenciar la muerte de sus seres queridos, ellos vieron su elección como la mejor opción.
Siendo sincera, odié el final. El personaje de Julián hizo algo imperdonable, traicionó a su mejor amigo, a su sombra, a la persona que siempre lo estuvo acompañando, y eso... eso quitó toda la empatía que podía haber sentido con su historia.
Al fin y al cabo, hay muchos niños que son obligados, pero esa fue su elección, escogió ese camino porque creía que no lograría nunca estudiar o conseguir un trabajo.
Quizá hable un poco desde mi privilegio, no sé que es vivir esa situación, ni sentirse atrapado de esa forma, pero para mí es impensable salvarse únicamente por condenar a tu mejor amigo a la muerte.
El libro es rápido de leer, corto, sencillo, es interesante y más educativo que cualquier cosa, todos necesitamos saber lo que muchos niños tuvieron que vivir, y es un libro perfecto para abrir los ojos ante las injusticias y las pocas oportunidades que ofrece Colombia.
Muchas veces nos preguntamos porque los niños de los corregimientos y pueblos aislados del país terminan en grupos subversivos, sí en teoría es una decisión fácil (jugar, estudiar y ser de ayuda más adelante en la familia), pero lo realmente muchas veces no nos damos cuenta es que la falta de educación, la necesidad más otros factores hacen que estos niños tomen decisiones equivocadas. Es un libro fácil de leer, me hubiera gustado más profundidad en personajes como Julián, la profesora y la familia del narrador.
“—¿Y no es injusto que un niño que debe estar jugando y estudiando termine en la guerrilla o con los paramilitares? —le pregunté una noche estrellada a Julián. Estábamos de guardia. No logré sacarlo de su silencio. Respondí, como siempre, por los dos—: ¡Hay tantas injusticias, tanta crueldad con la gente humilde!”
Me lo acabé de leer y estuve un rato llorando (también lloré mientras leía algunos capítulos) no porque el libro sea, en esencia, triste, sino porque desde niña he sido en extremo sensible a la desigualdad que noté más temprano de lo que deseaba.
Colombia es un país que ha dejado abierta las puertas a que los niños crezcan en medio de la guerra y muchos, lamentablemente han muerto sin conocer más que eso. “Militares, paracos, guerrillos, tienen jóvenes de sobra para elegir”
“Era como mi sombra” narra la vida, de este protagonista anónimo, como crece en un pequeño pueblo rodeado de guerra y como crece de la mano de su mejor amigo Julián hasta que entran a la guerrilla.
Narra cómo con el uniforme se siente poderoso, útil y como mediante crece todo esto se desvanece.
El libro es corto, se puede leer en dos horas y media más o menos, aunque me gustó, siento que la amistad de Julián y el protagonista se pierde entre páginas, el primero se siente lejano, creí y de verdad me hubiera gustado ver más estrechez y desarrollo entre ambos, ya que la sinopsis promete eso, ver como era eso, su sombra.
Siempre es bueno leer autoras colombianas, Pilar Lozano ha realizado un trabajo admirable como periodista para relatar este cuento.
Uno entiende por qué este libro llegó (y sigue llegando) a muchas aulas del país. El tono coloquial de la autora es producto de muchas horas conociendo, acompañando y escuchando las realidades de muchos niños a quienes les arrebataron su infancia y que tuvieron que crecer en medio del dolor de la guerra. Un testimonio que bien puede ser un llamado a no desfallecer en la construcción de nuevos caminos de paz...
"¿Y no es injusto que un niño que debe estar jugando y estudiando termine en la guerrilla o en los paramilitares? - le pregunté una noche estrellada a Julián. Estábamos de guardia. No logré sacarlo de su silencio. Respondí, como siempre, por los dos: ¡Hay tantas injusticias, tanta crueldad con la gente humilde! "
" -¿ Y no es injusto que un niño que debe estar jugando y estudiando termine en la guerrilla o con los paramilitares?-"
Que dolor de alma. Una historia que toca el corazón, permite empatizar y reflexionar sobre los niños en la guerra. Pilar lozano cuenta, sin tapujos que piensa un niño combatiente, el lector se vuelve el niño y siente su piel, su dolor y sus cuestionamientos.
Este libro es, creo, una oportunidad desaprovechada para que realmente podamos experimentar, vivir y sentir la vida guerrillera vivida por un pelado de 13-18 años. Al libro le falta una línea roja, la amistad entre Julián y el narrador no se desarrolla, etc.
Julián y yo nacimos en el mismo pueblo, un pueblo de montaña, de una son la calle larga. lo que se levanta en esa calle parece seguro; lo demás cuelga al lado y lado, cómo agarrado de la nada.
Un libro muy crudo, que estruja el corazón porque nos muestra lo muy poco que pueden alejarse de la violencia quienes viven al margen de ella. Esos pueblos a los que no se ayuda y que tienen que sobrevivir como puedan…y como siempre, los niños son los más desamparados.
"El más fuerte de los dos era yo. Siempre me ha gustado pensar y pensar las cosas, darles vueltas y enderezarlas, al menos en la mente."
"Con la abuela y el tío la vida me cambió. antes no alcanzaba ni para medio desayuno; con ellos al menos no faltaba el almuerzo y el estudio. pero seguía siendo poco."
"En las noches limpias de nubes, nos sentíamos viviendo en una carpa gigante repleta de luciérnagas. Mejor si estábamos en lo alto de la montaña; fantaseábamos: el que brincara más alto las podía alcanzar. Yo trataba de ubicar siempre las estrellas que van como en fila y se abren en una especie de cometa. Forman la Cruz del Sur, sabemos los campesinos. Sí, las estrellas nos hacían olvidar del trajín del día y dejar a un lado pensamientos amargos."
Un libro necesario para entender el conflicto armado en Colombia desde el punto de vista de dos adolescentes donde no hay ni buenos ni malos. Solo víctimas.