La pioggia cessa e il cielo diventa sereno all'improvviso, mentre qualche goccia continua a cadere. L'erba di un verde sfolgorante accarezza i piedi nudi di una bellissima fanciulla dai lunghi e lucidi capelli neri. Fin dalla sua prima giovinezza Kenzaburo Oe è rimasto incantato dalla scena di questo film. Ma quello che più l'ha folgorato è stata lei, Sakura, attrice al suo debutto di fronte alla macchina da presa. La ragazza è poi diventata una stella del cinema hollywoodiano, specializzata nel ruolo di bellezza orientale, acclamata e adorata da registi e produttori famosi. Molti anni sono passati. Le proteste politiche degli anni Settanta a favore dei diritti dell'uomo stanno infiammando le piazze e le aule universitarie giapponesi. Sakura è ormai un'affermata artista internazionale, sposata a un professore di letteratura americano. Ma il Giappone e le cupe foreste dello Shikoku le sono rimaste nell'anima, insieme al desiderio di celebrarle in un film che la veda insieme protagonista e produttrice. Grande è la sorpresa di Kenzaburo Oe nell'apprendere che è proprio lui, scrittore emergente, che la donna vuole come sceneggiatore della pellicola, ispirata a un famoso romanzo di Heinrich von Kleist. Un impegno prestigioso e lusinghiero, ma che diventa invece una discesa agli inferi per tutti coloro che vi lavorano. Prima fra tutte Sakura, che è costretta a fronteggiare i fantasmi del suo passato.
Kenzaburō Ōe (大江 健三郎) was a major figure in contemporary Japanese literature. His works, strongly influenced by French and American literature and literary theory, engages with political, social and philosophical issues including nuclear weapons, social non-conformism and existentialism.
Ōe was awarded the Nobel Prize in Literature in 1994 for creating "an imagined world, where life and myth condense to form a disconcerting picture of the human predicament today."
No existe nada más obsceno que la autoficción. Como acto publicitario, pornografía apenas sí disimulada, el escritor pide que, lejos de permitir que el libro respire por sí mismo, viva sólo para realzar las bondades de aquel que lo haya escrito.
Pero eso no significa que esté mal autoretratarse en una novela. O que todo acto de introspección sea autoficción. Existen infinidad de novelas donde el autor, materalizado en forma de personaje, aprovecha sus propias vivencias para dar forma a la narración. A veces más discreto, disimulándolas, otras veces de forma directa, con nombres y apellidos. Pero a diferencia de la autoficción, cuando eso ocurre, es con un único propósito: realzar el valor de la obra.
Kenzaburo Oé no cae en la obscenidad de la autoficción. Siendo ganador del nobel, narrador excepcional y prosista delicado, no tiene necesidad alguna de hacer otra cosa que no sea contarnos una historia.
Incluso cuando parece ponerse a sí mismo en el centro de la historia.
La bella Annabel Lee trata sobre Sakura, una famosa actriz japonesa que, de niña, protagonizó una adaptación cinematográfica de Annabel Lee de Poe que obsesionó al escritor Kensanro. Más conocido como Kenzaburo. El libro, entonces, juega con lo que ocurrió durante aquella filmación, el presente y un punto intermedio, que se lleva el grueso de la narración, donde Sakura, Kensanro y el productor de cine Komori se juntan para hacer una película sobre Michael Kohlhaas, del novelista Heinrich von Kleist. Todo lo cual acabará enredado bajo las pesadas hebras que el pasado mantiene ocultas a ojos del presente.
Porque esa es la particularidad de La bella Annabel Lee. Que nada es lo que parece. Que llegada cierta edad, como es el caso de ese Oé anciano y prácticamente ágrafo, todo lo que nos queda son los recuerdos del pasado.
O su ausencia.
Eso hace más interesante aún que la historia esté articulada por ellas. Por las mujeres. Haciendo que el que parecía el protagonista, el propio autor —que, de todos modos, está convenientemente ficcionalizado: Kensanro no es Kenzaburo, aunque sean el mismo ente, porque habitan dos mundos distintos; han vivido dos vidas distintas—, acabe por no ser más que el narrador perfecto para articular el subtexto de la historia.
¿Y cuál es ese subtexto? El cómo sólo a través de la aceptación del pasado, por doloroso que sea, podemos tomar las riendas de nuestro destino y no abandonar nunca el proceso de estar vivos.
A pesar de lo optimista del subtexto, la novela toca muchos temas delicados. Desde el paso del tiempo hasta la ancianidad, pasando por la pedofilia o el límite entre arte y pornografía (especialmente cuando hablamos de niños), o, ya entrando en el aspecto primordial que sostiene la trama, la necesidad de preservar las tradiciones por efímeras que estas sean, en La bella Annabel Lee no se esquiva ningún tema para concluir en ese canto al optimismo teñido de las más negras de las tragedias.
Porque esa tragedia, ese pasado con el que reconciliarse, es siempre, en todos los casos, frutos del abuso. Ya sea sexual, en el caso de Sakura o las mujeres del pueblo de Kensanro, o político, como en Michael Kohlhaas o las leyendas de esas mismas mujeres.
En ese sentido, la novela es también un alegato sobre el papel del arte. Cómo toda narración es una forma de expresión que nos reconcilia y libera de las situaciones amargas de nuestra existencia. Y por extensión, también un ejercicio de política.
La bella Annabel Lee es una novela política. Y defiende que es imposible escribir nada que no sea, en sí mismo, un acto político. Si todo acto de creación nace como respuesta al abuso sufrido, como ocurre en la novela, entonces es imposible escribir nada que no acabe teniendo cierto componente político. Reivindicativo. Incluso si esa reivindicación, lejos de ser revolucionaria o al menos inclusiva, sea puramente reaccionaria.
Por fortuna, Oé no ha caído en esto último.
Al evitar el yo, mirarse a sí mismo como la voz de las mujer afrendadas, Oé queda en un elegante segundo plano, dejando que sean las mujeres las que hablen. O las que no lo hagan.
El momento álgido de la novela es una elípsis. Su final, una fabulación. ¿Por qué? Porque la forma de exorcizar sus demonios que eligen las mujeres del pueblo, y Sakura con ellas, excluye a los hombres. Ya que su afrenta nace de la violencia de todo un género, incluso si no nace en particular de Kensanro y Komori, necesitan excluir cualquier presencia masculina de su exorcismo. Debe ser un acto privado, de comunión femenina, cuya única representación común sea a través de su reproducción.
En otras palabras, la conclusión tras la catarsis nos es vedada. Sólo es dada para los ojos de las mujeres. Y no de cualquier mujer. Sólo de las mujeres del pueblo de Kensanro, de Sakura, de esas mujeres que, habiendo vivido diferentes formas de abuso, comparten una experiencia común a través de la cual se reconocen.
Conocemos la conclusión de oídas. A través de la poética del propio Kensanro. Del recuerdo de los gritos de su madre, en el mismo teatro donde acaban escenificando el resultado de su guión treinta años después, que escuchó cuando era niño.
Cuando aún no era hombre.
Porque ese el mérito último de Oé. Saber hacer sitio a otros. Dejar que las mujeres tomen la palabra. Y para ello deja que hablen, escucha, escribe lo que dicen; también cuida de Hikari, su hijo; e incluso, gracias a que ellas nunca han abandonado su búsqueda de resarcirse por lo ocurrido, puede volver a escribir para dotar de sentido a lo que está ocurriendo.
O para ser exactos, para sumarizarlo. Para dejar constancia de lo que han tenido que sufrir unas mujeres para ser capaces de poder expresar el sufrimiento que ha teñido sus días.
De ahí que, leer esta novela de Oé desde la idea de la autoficción, sería un error. Si es que no un insulto. Pues donde el autor de autoficción se pone en primer plano, nos enseña su polla y quiere que lo admiremos por sus atributos, respondiendo sólo a la política del yo, Oé se coloca en primer plano para quedarse en silencio y obligarnos a mirar a los lados, donde las mujeres le rodean, le adelantan y lo dejan en las sombras, siendo ellas las que cuentan su historia.
O no.
Porque a fin de cuentas, ¿quienes somos nosotros para obligarlas a compartir lo que sólo ellas han sufrido?
Un libro autobiográfico, lleno de detalles interesantes sobre la vida ficcionada de Oē. Como es frecuente en sus historias, la descripción de la violencia y la perversidad humana es omnipresente.
La ficción autobiográfica, bien concebida, tiende a fascinar a quien la lee. En el caso de esta novelita, el recurso es empleado de manera sobresaliente, sin embargo, por tramos, la historia se me ha presentado como aburrida y pesada al momento de avanzar. El recurso del recuerdo es algo que, pareciera, fascina mucho a los autores japoneses (ya se ha visto en repetidas ocasiones en la obra de Murakami). No digo que el recurso, y esta novela en específico, sean malos, sólo que, a mí criterio, la historia nunca ha terminado de arrancar con ritmo ideal y al final, he estado ansioso por llegar al final y terminar con la experiencia.
Nunca había leído a Kenzaburo Oé (conservaré por comodidad la grafía de la traducción al español). Supongo que no debí comenzar con La bella Annabel Lee, pero ya no hay nada que pueda hacer al respecto. Esta novela, si se trata de reseñarla en una palabra, es aburrida. Aunque si me permito la licencia, y tal vez un poco de indulgencia, es aburrida pero está escrita de manera brillante. Por supuesto, no esperaba menos de un Premio Nobel. Pero sí esperaba más de un Premio Nobel japonés. Ignoro si Kenzaburo Oé está a la altura de Yasunari Kawabata, Yukio Mishima o Haruki Murakami, pero al menos La bella Annabel Lee está muy por abajo de La pandilla de Asakusa, Nieve de Primavera o Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. Esto, cabe anotar, no es otra cosa que una impresión meramente personal. Para la mayoría de lectores podría parecer exactamente lo contrario, y yo no tendría cómo demostrar que se equivocan. Como he dicho, más allá de que me haya parecido aburrida, debo reconocer que descubrí a un escritor con una voz brillante, lúcida hasta la sencillez, capaz de abordar una forma narrativa tan fluida, tan personal, que casi experimenté la sensación de estar sentado a su lado en un bar mientras contaba la historia.
No quiero dejar la impresión de que reniego de la novela por algún sesgo de índole personal, así que me aventuraré a explicar un poco por qué creo que La bella Annabel Lee es una novela demasiado fría, a pesar de su temática más o menos candente.
En primer lugar, es justo reconocer que la trama, en sí misma, no tiene la fuerza suficiente para ser una novela. Un cuento sí, a lo sumo una novela corta, pero no esta novela dividida en 6 partes, 29 capítulos y 235 páginas. Lo siento, pero no, la historia es demasiado breve (incluso con la adhesión de historias secundarias –a veces más interesantes que la principal– que crecen en paralelo bajo el pretexto de un guion que está escribiendo quien escribió la novela), y por ser tan breve el autor recurre a extensiones que abusan de su maestría en el uso del lenguaje, hasta desarrollar capítulos enteros que son prescindibles sin que llegara a afectarse en modo alguno a la trama.
En segundo lugar, el personaje sobre el que recae todo el peso de la historia, una actriz japonesa de nombre Sakura, no tiene el carácter necesario para mantener el interés del espectador (o al menos el mío). Tanto así, que muchas veces me sorprendí preguntándome a cuento de qué los demás personajes se esmeraban por obtener la aprobación de Sakura, lo que no dejó de parecerme patético o, lo que es peor, inverosímil.
Debido a que la historia es narrada por Kenzaburo Oé en primera persona, e incluye aspectos de su vida que son reales y bien conocidos –como la relación con su hijo, que sufre una afección cerebral–, la novela ofrece la idea de que está basada en hechos reales. No sé si esto es así, y francamente no me sentí motivado para indagarlo. No obstante, me ha dado por pensar que quizá el aburrimiento que experimenté al leer la novela se debe precisamente a que la historia tiene un sentido muy íntimo y emocional para el autor, pero no llega a significar lo mismo para sus lectores. Tal vez, solo tal vez, La bella Annabel Lee es una de esas novelas que fueron escritas no para ser leídas, sino para ser escritas.
Había pensado en extenderme mucho más: cuestionar la manera tan japonesa de tratar el erotismo en la novela, acaso muy tímida para los lectores latinoamericanos; reflexionar sobre la idea del autor sobre la escritura en la vejez (y más específicamente en la vejez de un escritor laureado), que en algún momento insinúa que ya no le apetece escribir una historia por la historia misma, sino en la medida en que encuentra una forma original de contarla; y, claro, habría hecho algún comentario sobre el manejo del tiempo en la estructura de la novela, que no es ni novedoso ni transgresor, pero sí poco común y, sobre todo, le confiere al texto un halo de intimidad casi jocoso, como si estuviéramos leyendo a hurtadillas directamente en el diario íntimo de un anciano cascarrabias que un día se ganó el Nobel.
Pero esta reseña ya es demasiado larga para hablar de todo eso. De modo que apresuraré el final con dos preguntas y una única respuesta. ¿Vale la pena leer La bella Annabel Lee? ¿Vale la pena leer el resto de la obra de Kenzaburo Oé? ¡Por supuesto que sí! Leer siempre vale la pena.
Lento, piatto, noioso: brutto. Una sequela di dialoghi interminabili che si perdono nelle più dettagliata minuteria, senza che venga quasi raccontata una storia. E quando nelle ultime diecine di pagine la storia comincia a far capolino, tagliente e "scabrosa", nemmeno questo riesce a riscattare un "romanzo" (ma si può usare questo termine quando la narrazione è quasi assente?) già perso in partenza. Fa a gara con Gli anni della nostalgia in quanto a scrittura priva di uno stile, schiacciata da un'insopprimibile noiosità. C'è da pensare che Ōe, che da giovane aveva scritto ottimi racconti, col passare del tempo, impelagatosi nell'autobiografismo, abbia perso ogni capacità di scrittore. O forse sono gli editori nostrani che non sanno scegliere bene cosa importare da noi dello scrittore...
Esta sinopsis urgente simplifica sobremanera una trama urdida con inteligencia, que se devora con extraordinaria naturalidad, donde todo parece mostrar una levedad casi vaporosa, como si fuese por casualidad o accidente que las cosas suceden como suceden, a pesar de poseer, sin embargo, una notable gravedad. Esto es así gracias a Seguir leyendo
Quando la scrittura di Ōe attinge all’autobiografismo riesce ad essere coinvolgente e vibrante. Si tratta di una narrazione piana e distesa, senza sussulti o cambi di ritmo, che però riesce a trasmettere una visione della modernità, letta attraverso gli occhi della tradizione. Oe è lo scrittore dell’ibridazione, sensibile ai gusti e alle espressioni della cultura occidentale con la quale opera affascinanti sincretismi: senza l’illustre antecedente del premio nobel giapponese, forse oggi non avremmo un Murakami o una Yoshimoto, che pur si muovono su ambiti e percorsi letterari affatto diversi. Il fascino del romanzo è nella rilettura della storia giapponese del dopoguerra, attraverso vicende apparentemente secondarie, che però svelano, tra le righe, gli effetti e la portata dell’incontro tra mondi culturali assai distanti; gli effetti che segnano indelebilmente i protagonisti della vicenda
Es mi primer acercamiento con la obra de Oe y debo admitir que me costo trabajo terminar la lectura por momentos se torna tediosa y algunos capítulos insufribles, ninguno de sus personajes logró atraparme, particularmente no logre conectarme con la trama y sinceramente la historia no me cautivo, como punto positivo el manejo del tiempo es muy interesante, espero que con otras lecturas de Oe logre cautivarme como a muchos otros.
Me ha gustado. Las formas, la historia, la mezcla que parece hacer pie en la realidad y mezcla la ficción y te obliga a buscar, la fortaleza del viejo, el hijo artista... muy satisfecha http://entremontonesdelibros.blogspot...
En consideración a mi resistencia menguada por la edad, casi nunca ignoro a quienes me dirigen la palabra, pero cuando me abordan de repente, interrumpiendo mis reflexiones, me cuesta mucho retomar el hilo después.
Aunque el libro relata una historia interesante carece de la crítica moral y social que Oé incluye en sus libros usualmente, interesante pero no el mejor trabajo del escritor
A tense race to create a movie which will help the protagonist to finally reach catharsis after years of turmoil. Ironically the project is stopped for the same reason the turmoil of Sakura started! 30 years are needed for things to finally go on the right path! Sakura as an Eternal virgin 'interpreting' Edgar Allan Poe's Annabel Lee was the muse of the author, therefor he cannot refuse her anything, but this actually turns to be a gain, helping him twice to surpass a not that prolific time in his literary career!
neat little story. i connected very intimately to it and grew very fond of Sakura in her attempt to redeem her own past in her own terms. finally, i'm glad that the author had the self-discipline to step aside and let her tell her own story. i feel like a more inspired prose style and a deeper analysis of its themes would have made me feel a lot more, but at the same time, i feel like it's okay as it is. i said i wanted Sakura to tell her story, and asking for stylistic fireworks would be missing the point
L'intreccio tra letteratura, musica, cinema e dolore umano che forgia una grande attrice e una personalità eccezionale, in grado di affascinare tutti coloro che ne vengono in contatto. Libro particolare, a sua volta affascinante e delicato anche in alcuni momenti veramente crudi, degno veramente di un Nobel.
Decisamente deludente. Freddo, poco coinvolgente, scontato. Non posso nemmeno dire di avervi trovato quei picchi di scrittura perfetta cui Oe ci ha abituato. Insomma, uno spreco di tempo. Odiatemi.
Un tema clásico contado de manera (pos)moderna -los giros audiovisuales, las técnicas del guión cinematográfico...-; genial la ambientación, escritura minimalista pero muy evocadora.
Tranquila reflexión sobre la vida personal del autor, y la ética a través de varios personajes en un proyecto cinematográfico. Recurrentes miradas a la historia y política japonesa. Aconsejable.
Leer por primera vez a un premio Nobel es una sensación vertiginosa. ¿Lo entenderé? ¿Debería haber leído otra obra antes? ¿Me daré cuenta de los matices importantes? ¿Qué me dejo? Estas y algunas más fueron mis preguntas justo antes de abordar La bella Annabel Lee (Seix Barral, 2016), de Kenzaburo Oé, el segundo autor japonés en ganar un premio Nobel de Literatura (el primero fue Kawabata).
A través de esta novela he podido identificar varios elementos que parecen repetirse en su obra. El más evidente es su identificación frecuente con un personaje central de la novela, un grado de crítica social elevado, y una innumerable catarata de referencias literarias, sobre todo occidentales. En La bella Annabel Lee coloca como protagonistas a sí mismo y a su hijo discapacitado. Como lector inquieto, investigué para descubrir que, en efecto, el autor siempre ha sido una persona comprometidísima con su hijo y ha consagrado su vida tanto a la literatura como al cuidado de este, el cual es autista y tiene una grandísimas sensibilidad para la música y es un conocido pianista.
La novela es una narración adaptada de la obra Michael Kohlhass, de Heinrich von Kleist. Desde luego la obra se adapta a los tropos del autor, pasando por su infancia o las revueltas campesinas de Shikoku, lo que hace que Kohlhass se transforme en un mito japonés llamado Meisuke, aunque según avanza la narración, este Meisuke Kohlhass se revela como una mujer japonesa que se ha alzado en armas junto a la protesta. Debo confesar que si sé esto es por puro conocimiento de la obra y sus características, ya que nunca me he leído la obra de Kleist, así que tampoco puedo afirmar o desmentir qué elementos transforma Oé exceptuando el de la mujer heroica.