GUAU. Muy inesperado. Lo mejor que me ha tocado el último tiempo.
Inesperado porque nunca había leído nada de la autora, y de verdad no veía venir que fuera tan buena.
Hace tiempo, además, que no me pasaba sentir que un libro me hablara DIRECTAMENTE A MÍ. Pero aquí fue así, y eso que Rosa dice - y le encuentro razón - que al final en cada ser particular existen todos los demás. O sea, que mi yo personal, no existe, jajaja... pero aún así me sentí así.
Muy, muy inteligente e interesante y bien escrito. Muy especial. Muy acertado. Fue como si volviera a leer algo que hace tiempo ya había sido escrito. Me pasaron cosas muy raras con este libro.
Citas que destaqué:
1.
Siempre he pensado que la narrativa es el arte primordial de los humanos. Para ser, tenemos que narrarnos, y en ese cuento de nosotros mismos hay muchísimo cuento: nos mentimos, nos imaginamos, nos engañamos. Lo que hoy relatamos de nuestra infancia no tiene nada que ver con lo que relataremos dentro de veinte años. Y lo que uno recuerda de la historia común familiar, suele ser completamente distinto de lo que recuerdan los hermanos.
A veces intercambo unas cuentas escenas del pasado con mi hermana Martina, como quien cambia cromos: y el hogar infantil que dibujamos una y otra apenas si tiene puntos en común. Sus padres se llamaban como los míos y habitaban en una calle con idéntico nombre, pero eran indudablemente otras personas.
2.
- Hoy quería escribir, tenía todo el día para escribir, y lo he tirado por la borda contentando e-mails.
- ¿Por qué?
- No sé. A veces evitas ponerte a trabajar. Es una cosa extraña.
- ¿Por pereza?
- No, no.
- ¿Por qué?
- Por miedo.
No se lo supe explicar, pero anoche, en la indefensión extrema de la noche, mientras daba vueltas en la cama, comprendí exactamente lo que quería decir. Por miedo a todo lo que dejas sin escribir una vez que pasas a la acción. Por miedo a concretar la idea, a encarcelarla, a deteriorarla, a mutilarla. Mientras se mantienen en el rutilante limbo de lo imaginario, mientras son sólo ideas y proyectos, tus libros son absolutamente maravillosos, los mejores libros que jamás nadie ha escrito. Y es luego, cuando vas clavándolos en la realidad palabra a palabra, como Nabokov clavaba a sus pobres mariposas sobre el corcho, cuando los conviertes en cosas inevitablemente muertas, en insectos crucificados, por más que los recubra un triste polvo de oro.
3.
La realidad siempre es así: paradójica, incompleta, descuidada. Por eso el género literario que prefiero es el de la novela, que es el mejor se pliega a la materia rota de la vida. La poesía aspira a la perfección; el ensayo, a la exactitud; el drama, al orden estructural. La novela es el único territorio literario en el que reina la misma imprecisión y desmesura que en la existencia humana. Es un género sucio, híbrido, alborotado.
Escribir novelas es un oficio que carece de glamour; somos los obreros de la literatura y tenemos que colocar ladrillo tras ladrillo, mancharnos las manos y baldarnos la espalda del esfuerzo para levantar una humilde pared de palabras que a lo peor luego se nos derrumba.