María Esther Gilio hizo de la entrevista un género literario, le dio carácter, tono, el ritmo y la tensión de un cuento. Por la expresión y vocación de intimidad, sus conversaciones se volvieron míticas en la cultura del Río de la Plata. Este libro recupera medio centenar de sus crónicas y reportajes más notables, publicados en distintos medios de prensa a lo largo de cuarenta y cinco años. Sus encuentros con Aníbal Troilo, Jorge Luis Borges, José Gurvich, Olga Orozco, Juan Carlos Onetti, Vittorio Gassman, Pablo Neruda, entre muchos otros creadores, ofrecen un acceso privilegiado a la cocina del arte, pero también comparecen las preocupaciones políticas y sociales en el diálogo franco con Líber Seregni, en las crónicas de su visita a Varsovia y a los campos de exterminio nazis, asdemás de las voces de íconos populares como Isabel Sarli o Ringo Bonavena, y las duras lógicas de los desarraigados, los pobres, las prostitutas y los locos. Ahora que es posible leer sin prisa los matices de su estilo, asoman con claridad sus astucias y rodeos, sus disfraces, la capacidad de reír de sí misma, la piedad y la inteligencia de una mirada que supo indagar en la verdad de cada entrevistado.
Había querido leer el libro de entrevistas de María Esther Gilio y, por error, compré primero el de Liliana Villanueva, Lloverá siempre, que reúne entrevistas a Gilio. Me gustó muchísimo y, después, conseguí este volumen, que también disfruté. Son entrevistas muy breves y realmente entretenidas. Los comentarios de María Esther son vivaces y con una ironía afilada (a veces maligna cuando el entrevistado no le parece gran cosa —como en el caso de Sidney Sheldon—) y, otras, con gran ternura —como con Zitarrosa—, donde casi oficia de psicóloga. Además, varias entrevistas siguen siendo muy vigentes hoy. Mis favoritas fueron las de las prostitutas, la del neurótico de Zitarrosa (que igual suelta una gran verdad: “quién puede decir yo no estoy neurótico; por lo menos, qué uruguayo puede decirlo”), la de Seregni y la de Onetti