Había querido leer el libro de entrevistas de María Esther Gilio y, por error, compré primero el de Liliana Villanueva, Lloverá siempre, que reúne entrevistas a Gilio. Me gustó muchísimo y, después, conseguí este volumen, que también disfruté. Son entrevistas muy breves y realmente entretenidas. Los comentarios de María Esther son vivaces y con una ironía afilada (a veces maligna cuando el entrevistado no le parece gran cosa —como en el caso de Sidney Sheldon—) y, otras, con gran ternura —como con Zitarrosa—, donde casi oficia de psicóloga. Además, varias entrevistas siguen siendo muy vigentes hoy. Mis favoritas fueron las de las prostitutas, la del neurótico de Zitarrosa (que igual suelta una gran verdad: “quién puede decir yo no estoy neurótico; por lo menos, qué uruguayo puede decirlo”), la de Seregni y la de Onetti