“El arrepentimiento es una de las expresiones más poderosas de nuestra libertad. Gracias a él nos juzgamos y nos ponemos del lado del bien y contra nosotros mismos. El arrepentimiento no puede hacer que no haya ocurrido lo que ha ocurrido; intentar hacerlo sería incurrir en la mentira. Más bien, se basa en la verdad, en la idea de que realmente hice aquella cosa o la otra. Esta verdad, sin embargo, se convierte en el punto de partida de un nuevo comportamiento y, por tanto, adquiere un nuevo carácter. Nuestra vida es definitiva solo después de nuestro último aliento; hasta entonces, todo lo que ha sucedido, tanto lo peor como lo mejor, puede cambiar de carácter si se adopta una nueva postura al respecto y se extraen las posibles consecuencias de ello”
“El cristiano debe creer en su propio cristianismo. En su actualidad contra el inmenso poder de lo inauténtico. Se podría decir que al texto del Credo le falta un artículo que debería decir: creo en el hombre formado a imagen y semejanza de Cristo, que está en mí a pesar de todo, y que está madurando en mí a pesar de todo”