En esta historia nos encontramos con Kadon y Lee, dos personajes que se conocen de una manera bastante original: él aparece en la vida de ella justo cuando está destrozada, llorando porque su prometido acaba de romper con ella tras engañarla. Desde ese momento, Kaydon se convierte en un apoyo incondicional, y entre ellos nace una amistad muy especial… aunque, claro, todos sabemos que detrás de esa complicidad late algo más.
Él está enamorado de ella, pero decide no dar el paso porque siente que Lee no está preparada. Todo cambia cuando llega la invitación de boda de su ex, nada menos que con la chica con la que la engañó. La situación es devastadora para Lee, y ahí Kadon aparece con la solución perfecta: la acompañará como su falso novio para dejar a su ex en evidencia. Y ya se imaginarán lo que pasa cuando una amistad tan fuerte cruza esa línea entre lo fingido y lo real… tensión, cariño, risas, complicidad y chispas por todos lados.
Algo que me encantó es el humor que comparten. Él es americano, ella inglesa, y a lo largo del libro hay chistes internos y un sarcasmo delicioso que, incluso traducido al español, logra sentirse natural y cercano, como si el lector fuera un espectador más en sus bromas. Además, no puedo dejar de mencionar a Dash, el gato, que roba escenas y más de una carcajada.
Más allá del romance, la autora nos muestra que ambos personajes arrastran traumas y heridas que no se sanan fácilmente, pero que el acompañamiento, las palabras justas y la compañía de alguien especial pueden hacer el camino mucho más llevadero. Esa enseñanza le da un trasfondo precioso a la historia.
Es una de esas novelas románticas que te dejan con el corazoncito calentito, perfecta para leer en una tarde de fin de semana, o en esos días grises en los que apetece una mantita, un café y una historia que te saque sonrisas y suspiros.