Una obra de teatro muy sencilla de leer. Llena de ironías, disparates. He disfrutado cuando rompen clichés como: “aunque sea una mierda, esta es mi mierda, así que me voy a quedar un rato aquí, para eso están las zonas de confort”; o alcen la voz ante presiones sociales como: “pero todo va en dos raciones, en dos unidades, en dos plazas. Todo te recuerda que estás incompleta aunque tú no te sientas así”. Y supongo que debería sentirme ofendida pero no puedo desmentir: “y luego dejé filología, lógico, porque filología no era lo mío ni puede ser lo de nadie, hazme caso“. Considero que ambas protagonistas representan la actitud extendida de ser hater. En algunos momentos me he llegado a sentir incómoda al parecerme excesivo.
No obstante, soy una más del grupo de chicas con “meada filosófica” como Leyre y gracias a este libro me recordaré día tras día lo siguiente: “el triunfo es otra cosa, eso que nadie ve pero que tú sabes lo que te ha costado”.
En resumen, tres palabras: actual, imperfecta y sincera.