El mito del rey Arturo siempre ha sido de mis favoritos desde que era pequeña, así que encontrándome en una gran encrucijada para encontrar una lectura que no abandonara al iniciar decidí —después de tres largos años— volver a darle una oportunidad a este mundo que tanta curiosidad me había provocado. Afortunadamente, fue un gran acierto. No me considero una gran conocedora sobre todo el contexto que existe alrededor de las leyendas artúricas, pero sí soy conocedora de la historia en general y la mayoría de sus sucesos destacables. Creo que por eso este libro me gustó bastante, ya que me mostró unos acontecimientos que yo conocía de forma general pero les dio profundidad, una voz narrativa más personal, detalles y descripciones contundentes que, a pesar de la corta duración de la lectura, logran brindarnos la posibilidad de adentrarnos con facilidad a la trama y comprender rápidamente el contexto. En este relato, el mago Merlín se lanza directo a cumplir los últimos detalles de su profecía sobre el Cuarto Rey. Para ello, su primera tarea es encontrar la mítica espada que el «elegido» empuña siempre en su visión; esta espada será la que más tarde conoceríamos como Excalibur, y en este libro podremos conocer cómo fue forjada. También le daremos un vistazo a Arturo, a las intrigas políticas y al avance de la religión del Dios único. Se nos presenta también la filosofía de vida de Merlín; conocemos un poco más de sus pensamientos, vemos que hay cosas que lo afectan y lo hacen dudar, pero siempre intenta guiarse por su propio código. Esta fue mi parte favorita: conocer más del último druida y los movimientos que tiene que hacer para conseguir su propósito. Un relato corto y disfrutable. Es mi segunda lectura en esta colección, y considero que el lenguaje no es una complicación, las portadas son divinas y son ideales para perdernos un poco entre la magia que ha acompañado a muchas generaciones. (¡Eso sí, me dejó con la miel en los labios porque cortan el relato justo cuando Arturo escucha el llamado de Excalibur!)