Mathilde Clark es una solterona de treinta años que vive en el centro de Londres, en un modesto apartamento que le dejaron en herencia sus difuntos padres. Todo en ella es discreto y aburrido, excepto, quizá, su pelo rojo, que siempre trata de disimular.
Aunque, en realidad, Mathilde tiene que ocultar algo más que unos rebeldes rizos rojos.
Archie Phillips, Vizconde de Sunderland, está enfadado, muy enfadado. Su hija Georgia le ha dado un disgusto. Sólo tiene diecisiete años, pero se trata del enésimo disgusto desde que se quedó viudo, cinco años atrás.
Esta vez, sin embargo, no solo está enfadado con ella, también lo está, y mucho, con la persona que ha provocado el mal comportamiento de su hija, el problema es que no sabe exactamente quién es.
Pero Archie no se va a dar por vencido, utilizará la ventaja que le proporciona su posición privilegiada para descubrir a esa persona y cuando lo haga, la destruirá.
Georgia siempre se sale con la suya y dudo bastante que su padre pueda detenerla con su decisión final. Espero que exista una continuación para Georgia porque me quedé picada con ese final.
El vizconde es tan rígido que por momentos pense en Anthony Bridgerton.
Este es el tipo de libros sencillos con el que sales de un bloqueo si te gusta toda esta onda burguesa/romántica como a mi.