*** DEL AUTOR GANADOR DE LOS PREMIOS FOROLIBRO 2018 Y 2020 A LA MEJOR NOVELA DEL AÑO ***
La crónica de un experimento imposible.
Fue el 4 de agosto de 1918, cuando la prensa local de Salt Lake (en Utah, EE.UU.) recogía la aparición de un misterioso individuo que, surgido de las entrañas de un vasto bosque cercano, alcanzaba la humilde ciudad de Fremont en unas condiciones del todo deplorables, y asegurando ser el profesor Baltazar Penrose, un eminente docente de la Universidad de Boston que había sido dado por desaparecido junto a otros cuatro notorios intelectuales de incierto destino.
Según pudo esclarecerse en investigaciones posteriores, los cinco integrantes habían sido partícipes de un exótico experimento en el que el doctor Ellyas Thanous (un impopular neurocirujano desaparecido junto al resto de los mencionados, cuyos polémicos ensayos científicos lograban despertar en los círculos académicos igual admiración que desprecio) había actuado como promotor.
Sin embargo, lo más asombroso de esta crónica no es que aquel extraño de los bosques, a pesar de la férrea convicción que demostraba sobre su propia identidad, apenas guardara un parecido con el profesor Penrose más allá de una muy leve semejanza familiar; ni que su testimonio sobre lo ocurrido en el incidente tras aquel malsano experimento fuera ignorado por todos los alienistas que lo trataron, lo declararon trastornado y, muy poco después, decidieron internarlo en una institución mental para poner remedio a su indómita afección; sino que tan sólo transcurrieron cinco días desde que fuera anunciada su pérdida hasta la noticia de su insólita reaparición, cuando él mismo aseguraba haberse hallado vagando por aquellas espesuras no menos de setenta noches con su correspondiente amanecer.
Esta es la crónica de un experimento real, aunque muchos se empeñen en afirmar lo contrario.
Francisco Javier Olmedo Vázquez, ganador de los Premios Forolibro 2018 y 2020 a la mejor novela del año
Autor cordobés nacido en 1980 y enamorado de la literatura de terror sobrenatural alejada de ese hastío comercial repleto de zombis, vampiros y hombres lobo. Allá por sexto curso de la antigua E.G.B., su profesora de lengua aplaudía la imaginación que solía plasmar en sus textos de redacción libre (aunque es cierto que no acababan de convencerle sus temáticas de corte tétrico y lúgubre; no eran propias de un chiquillo de tan corta edad). Intuía (la profesora) en el autor una facilidad para la escritura y la inventiva, por lo que le invitaba (por no decir “obligaba”) a escribir las obras de teatro que se representaban en su colegio cada año en navidad. Mucho más tarde, ya en el bachillerato (el antiguo), el autor tuvo un reencuentro fortuito con su profesora. Tras el entusiasmo propio de un hecho tan emotivo, la mujer preguntó con interés: «¿has seguido escribiendo?». La respuesta, lamentablemente, le produjo una rotunda decepción. Y es que sí, escribía, pero no más allá de las historias de fantasía que hacían de guía para las partidas de juegos de rol a las que jugaba con sus amigos del “insti”. Sus hazañas como escritor de tres al cuarto cesaron durante el lapso de tiempo que comprendió entre la adolescencia y los dieciocho años. No encontraba la vía adecuada para dar rienda suelta a su creatividad. En el año 1998, el autor comenzó la carrera de Ingeniería Informática (aunque siempre amó las letras, prefirió el estudio de la ciencia). Fue ahí, en la primera semana del primer curso cuando conoció a su amigo Juan Luís Pérez de Luque (hoy doctorado en lengua inglesa por la Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba), el cual le presentó a uno de los grandes de la literatura de terror sobrenatural: Howard Phillips Lovecraft. Lovecraft puso ante el autor las herramientas para encauzar ese ideario irreal que tenía en mente atrapado desde la infancia, esa imaginería del inconsciente a la que no podía dar rienda suelta. Quedó fascinado por su cosmogonía, por la mitología que se creó a su alrededor. Tras leer la práctica totalidad de su narrativa, fue explorando su círculo de autores más reconocidos: Derleth, Howards, Ashton Smith, Bloch, Poe, Machen, W. Chambers, Ligotti... El autor optó por seguir la senda que ya marcaron esos otros Grandes escribiendo pequeños relatos de corte lovecraftiano, pensados en un principio para él mismo y para todo aquel de su círculo de conocidos que quisiera leerlos. Al fin, una vez su prosa se encontraba lo suficientemente depurada, el autor se atrevería a escribir la primera de sus novelas: Bajo nuestros pies. Nunca pensaría que sus historias pudieran salir más allá de ese círculo hermético de familiares y amigos. Fue la insistencia continuada de los que le leyeron, y el descaro que aportan la edad y la experiencia, los que hicieron atreverse a poner el manuscrito de su primera novela en manos de una editorial.
Leer a este autor siempre es un viaje a la locura que merece la pena a todos los niveles. Hace ya años que lo descubrí gracias a su primera novela y ha sido maravilloso poder disfrutar de como ha ido superándose una y otra vez con cada nuevo libro.
Lo que más destacaría de esta historia, a parte de la ambientación opresiva y delirante, es sin duda, "el horror" en torno al que gira toda la trama. Me ha flipado el concepto, y creo que ha mejorado todavía más gracias al inicio más centrado en la investigación científica y en nuestro protagonista humano. Un doctor de gran talento y ningún escrúpulo.
Quinta novela que leo del autor cordobés de terror Francisco Javier Olmedo, quien en esta ocasión, nos presenta una nueva forma de horror cósmico llevándonos de la mano de los cuestionables experimentos científicos y a una especie de amenaza "vegetal".
Tras un potente y terrible prólogo de experimentación en el que nos muestran a las claras la falta de escrúpulos del profesor Thanous para lograr sus objetivos, nos sumergimos en varias narraciones distintas en diferentes marcos temporales . Así seremos testigos de la expedición de unos conquistadores españoles comandada por un fraile y su viaje a través del bosque hasta llegar a una misteriosa pirámide, conoceremos la gran bestia que no puede cazar un zoólogo fanfarrón o la misteriosa música que solo una talentosa pianista puede tocar y que abriría puertas a dimensiones desconocidas.
Las diferentes historias que vamos conociendo, tanto en el pasado como en el futuro cercano (en relación a la época en que se desarrolla la novela) van convergiendo hasta que llegamos a conocer el terrorífico destino de Penrose y sus compañeros en un bosque de pesadilla. Un terrorífico enfrentamiento con la cara (o, mejor dicho, dada la peculiar naturaleza de la criatura, las raíces) del horror cósmico y sus consecuencias, en el que, como siempre, no se puede vencer, pero quizás si se pueda escapar de él.
Es el primer libro que leo de este autor y he de decir que me ha encantado. Me ha tenido enganchado por el aspecto cientifico y ha conseguido que me pase todo el libro pensando en como la va ha liar el puto viejo (El doctor Ellyas Thanous).
Tengo claro que voy a leer todo lo que ha escrito este señor, me ha encantado.