La protagonista es Rita, una chica que siempre veranea en el mismo pueblo marinero y se aventura a descubrir su entorno. La playa grande, la playita, la tienda de la esquina, la casa abandonada y la casa embrujada, la casa de adobe y la de los cipreses aparecen con otros 28 breves capítulos que estructuran el singular recorrido de esta novela: 'Ella camina y se detiene a recoger guijarros, semillas, amuletos, papeles, conchas, maderas pulidas por el mar. Está aturdida, todo brilla bajo el sol de verano y, como bajo el efecto de una droga, cuanto más camina, más ganas tiene de caminar'. Pero en sus viajes, Rita se enfrenta no solo a sombrillas y obleas, sino también a tensiones de clase en la costa y dentro de su propia familia.
Una historia bella y bien escrita. La primera parte tiene características de novela iniciática y es muy bella. La segunda parte (pese a que no está realmente dividido) es más una descripción del balneario donde veranea Rita, la niña en la que se centra toda la primera mitad del libro.
Y sí, es un libro bonito y muy bien escrito. Pero no sé si aporta algo nuevo a la narrativa. Se parece a muchos otros libros (algunos ya publicados por la misma editorial) donde las historias cotidianas dominan el panorama y el valor reside en la escritura porque las historias en sí misma no cuentan nada extraordinario. Esto viene pasando hace ya bastante tiempo y uno se pregunta si no hay voces literarias que puedan ofrecer historias que tengan ese elemento “extra” que haga que uno se quede pensando en ellas, que quiera leer otras cosas escritas por su autora o autor. Esto aquí no pasa y es algo que se repite con otros libros del panorama chileno.
Creo que lo que más me gustó fueron las imágenes que me brotaban al leerlo, como cada casa tenía la particularidad de quienes la habitaban, sus pensares y sus sentires. Un litoral veraniego que no visité, pero que algo de familiaridad me evocaba
Me gustó cómo escribe y describe algunas cosas la autora, sin embargo, es verdad que no pasa mucho más. Me gustó mucho más la primera parte, más de Rita, la parte de Nino, que luego la descripción de las casas del balneario y sus habitantes.
Veraneo (todos los febreros) desde hace casi 40 años en el mismo balneario y ‘febrero’ me hizo pensar en el lugar como protagonista. Un balneario que ve pasar habitantes y turistas, que crece, se expande, cambia con el paso del tiempo.
Siento que Febrero son dos libros en uno, siendo el segundo una suerte de spin-off del primero, y siendo también este más interesante, aunque el primero es, como dicen los viejos que hacen critica, entrañable
El primer libro es la experiencia de Rita en el balneario de su infancia, su familia y familiares, los problemas que intuye, pero desconoce en su totalidad; una inocencia que ya esta perdiéndose, pero sigue ahí, aferrándose
El segundo libro es el balneario en sí, es el que desarrolla principalmente en los capítulos que tienen nombres de casa. Acá se expande el universo narrativo, se expande el abanico de emociones que podemos sentir, más allá de la ternura del primer libro
Para mi, funcionaria mejor si fueran efectivamente dos libros, aunque el resultado no es para nada insatisfactorio; solo creo que separados podrían entregar más
Al principio es la experiencia de una niña en sus vacaciones en un balneario chileno durante los 80s, un relato bien logrado que conjuga bien las tensiones de la posición de privilegio desde la que escribe y las inquietudes infantiles. Luego viene la sección de las casas, que si bien es interesante en algunos momentos y menos en otros, siento que no logra integrarse por completo a la construcción que instala la primera parte, quedando en ocasiones como retratos sueltos. El lenguaje es directo aunque a veces peca meloso, y se nota un trabajo muy limado en la síntesis que ofrece cada capítulo.
La nueva entrega de Pasaporte Literario viene acompañada con una breve novela recientemente publicada por Overol llamada “Febrero”, de la autora Bernardita Muñoz. A través de su personaje principal (Rita), viajamos al litoral durante el periodo de vacaciones y somos capaces de conocer la realidad puertas adentro (la familia y sus dinámicas) y puertas afuera (los vecinos y la costumbre del lugar). Para mi, perdió toda su fuerza cuando pasa del plano familiar al del entorno.
Con cada relato, cada descripción de las casas y la bahía en mi mente tomaban forma de aquello en la bahía de todos los veranos de mi infancia. Me transportó directamente a mis recuerdos más nostálgicos, y me llenó mucho el corazón.
Mis anotaciones de tabs de colores son: “I can relate” y “ataque directo a mi corazoncito”. Que loco sentirse vista en un breve libro.
Me demoré a propósito 10 días. Seguí a la narradora con la calma de la brisa marina. No quería que se terminara, quería seguir sintiéndome como una casa a la que habitan.
Quizá conecte muy desde lo personal, porque así viví cada Febrero desde los 6 hasta los 13.
Me gustó el capítulo de Ninón, la asesora del hogar. Me gustó porque parece un pedacito de una novela contenida en otra. Me gustó pensar que algún día Ninón abrirá la puerta y escapará de esta familia y de estas páginas, para vivir su propia historia y construir su propia novela.
Lectura ligera y rápida. Al vivir en la V región conecté con las descripciones en la primera parte del libro, sin embargo, más allá de estar bien escrito, las historias no logran cuajar del todo en el libro. La primera parte del libro entraña la ternura desde la experiencia una niña, pero no alcanza a cerrar su personaje y da paso a la “segunda” parte, donde comenzamos una serie de historias a partir de casas, que resultan algo repetitivas e inconexas a la lectura. No es un mal libro, pero no brinda un panorama íntegro del lugar, si no una mirada superficial sobre algunos de sus habitantes de paso. (Tal vez es solo lo que es)