El lector tiene entre sus manos un libro que habla sobre el «florecer», tema actual y abordado últimamente por la filosofía, la psicología, la sociología y otros campos muy diversos del saber... Esta obra intenta un doble acercamiento a la cuestión: una de tipo literario/narrativo (llevada a cabo por Daniel Capó) y otro de carácter más filosófico/conceptual (realizada por Carlos Granados). El fenómeno que se pretende describir (el «florecimiento») obliga, en cierta manera, a asumir este tratamiento dispar. Porque lo que está en juego es la «vida», hemos menester un acercamiento narrativo que la relate y despliegue en su acontecer. Porque lo que está en juego es, también, el «conocer», se precisa una explicación conceptual, que atine con las categorías adecuadas para hacer comprensible la cuestión en su esencia íntima. El lector verá, en todo caso, que hay una profunda unidad y concordia en el libro. El texto de Daniel Capó gira en torno a la paternidad y la filiación, a saber, se mueve en el marco de la familia. La contribución de Carlos Granados maniobra en el campo de la educación y, en este sentido, resulta claramente complementaria a la anterior. La «casa» y la «escuela» se desvelan así como ámbitos naturales del humano florecer.
Breve tratado sobre el florecimiento, abordado desde dos perspectivas complementarias: la pedagógica, de la mano de Daniel Capó, y la filosófica, desarrollada por Carlos Granados. El texto busca recordar la importancia de “perseguir la gloria”, de aspirar a una vida grande y de aceptar también los riesgos que ello conlleva. En un momento vital en el que nuestras vidas se quiebran, como sucede en la adolescencia, necesitamos que otros nos acompañen hacia lo bello, lo grande y lo verdadero que habita en nosotros. En este horizonte, podremos decir que hemos florecido, pues, en palabras de Carlos Granados, descubriremos una “sobreabundancia imprevista de sentido”.
(Seguimos empapando la cabeza de ideas para el TFM. A veces necesitamos una “exigencia externa” para leer, especialmente en días como hoy: demasiado roscón).