Después de trece años sin escribir ni publicar poesía, Carlos Marzal regresa al género con un nuevo poemario. Un libro donde se entrevera el himno y la elegía; porque, como el autor ha señalado en alguna ocasión, «todos los poetas celebran la vida y la lloran al mismo tiempo, todos escribimos a la vez una oda y un planto que tienen como destinatario la existencia». En su sentido etimológico, la ευφορία (euforia) constituye una fuerza que ayuda a sobrellevar, un arte del buen resistir, y en ocasiones remite a la abundancia y la fecundidad. En nuestros días, el significado de la palabra «euforia» nos evoca alegría y bienestar, en ocasiones extremos. La poesía de Carlos Marzal se ha caracterizado desde hace tiempo por aunar entusiasmo hacia lo que la suerte nos depara y la aceptación estoica de nuestro destino. Así, el lector encontrará en estos poemas euforia y ευφορία, canto y planto, contrariedad y fervor.
Carlos Marzal, llamado en realidad Carlos Navarro Marzal, es uno de los principales representantes de la poesía de la experiencia, que dominó la lírica española en los años 80 y 90. Numerosos críticos incluyen también en este grupo la obra de autores como Luis García Montero, Felipe Benítez Reyes o Vicente Gallego.
Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Valencia, durante sus diez años de existencia codirigió Quites, revista de literatura y toros. La obra poética de Marzal alcanza su punto de mayor éxito con la publicación de Metales pesados, poemario que tras su publicación consigue los premios Nacional de Poesía y de la Crítica. El año 2003 obtuvo el Premio Antonio Machado de Poesía y en 2004 el XVI Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe por su obra Fuera de mí. Ha debutado en la narrativa con la novela Los reinos de la casualidad (Tusquets, 2005), considerada como la mejor novela del año por el suplemento El Cultural del periódico El Mundo.
Ha traducido del valenciano la obra poética de Enric Sòria Andén de cercanías (Pre-Textos, 1995).
En este poemario Carlos Marzal mantiene sus formas de autor y busca una profundidad emocional más sencilla, más sincera, desde luego gana en espontaneidad y es un placer leerle. Y se agradece además la mayor extensión que cualquier poemario actual y la edición de Marginales en la colección de Nuevos Textos Sagrados de Tusquets como siempre estupenda.
Es un genio métrico que consigue armonizar cualquier ritmo, aunque en Euforia no me ha parecido especialmente lucido. Parece más sereno, más maduro, más adaptado a lo que se espera rebajando lo que se pretende, se ha conformado y poetiza sus usos diarios, lejos del éxtasis estético y reflexivo de sus metales pesados.
Carlos Marzal ha madurado muy bien poéticamente. Ya era excepcional desde el principio, pero ahora tiene todo un poso que la edad y los versos escritos dan, que hace que sea una maravilla leerle.
La obra más luminosa, optimista y (aunque sea fácil el adjetivo) "eufórica" de Marzal. Su verso se hace nítido, claro y aparentemente fácil para hablarnos de momentos en un principio nimios, otros trágicos y otros extáticos desde que ocurren o se nombran pero que en su conjunto sirven para rememorar lo que llevamos vivido y para celebrar, en cada uno de esos momentos, el estar vivos. Un buen complemento a estos poemas sería su libro narrativo "Nunca fuimos más felices", también atravesado por la alegría pero con un matiz mucho más melancolico.
Se encuentra aquí poesía en lo cotidiano, en los cigarrillos, el agua o las gacelas. En endecasílabos limpios el autor nos mete en su mundo y va desgranando lo que desea y lo que teme. Encontré en el libro muchos poemas favoritos y tambien uno que tuve entre mis dedos en sueños y no reconoci hasta leérselo a Marzal.
Antes de leer este libro no sabía que me apetecía leer poesía sobre la alegría de vivir los pequeños detalles. Hacer la compra, tender la ropa, o recordar un amigo tiene igual o más valor que otros chaparrones internos y cuesta tenerlo en cuenta.