Qué pena me da que este libro no me haya gustado. Hay dos propuestas de estructura que me interesaban mucho. Por un lado, el libro pone en escena el diálogo histórico con las mujeres de la guerra a través de un mecanismo metanarrativo: Norma (escritora y periodista trasunto de Montserrat Roig) recibe el encargo por parte de Natàlia (personaje de 'Tiempo de cerezas') de contar la historia de su madre, Judit, y de Kati, dos amigas que viven un estallido de libertad durante la guerra y que se ven separadas por la victoria del fascismo. Por otro, en el presente de la historia, Roig entrelaza los desengaños amorosos y feministas de Norma, Natàlia y Agnès, que, pese a estar en desacuerdo o incluso ser rivales, comparten una misma experiencia vital.
¿Por qué no me funciona entonces? Creo que, en parte, por una tendencia de Roig que ya vi en 'Tiempo de cerezas', la de tener la mano un poco suelta en la estructura, hasta el punto de crear desequilibrios de peso notables entre los personajes y dejarse cabos sueltos aquí o allá. En esta ocasión, sobre todo, hubiera deseado más Kati y Judit, probablemente los personajes más interesantes de la novela, cuya historia se anuncia como corazón del libro pero que queda en poca cosa. Y habría agradecido también menos espacio para Jordi, que además de ser un personaje secundario es un pesado.
En parte, también, por cierta tendencia al melodrama que en otros libros incluso me interesa pero que aquí me cansa, quizás porque las disquisiciones interiores de las protagonistas no parecen tener consecuencias materiales sobre su mundo y tienden a ralentizar la acción enormemente o incluso a disolverla (leo paralelamente 'Los días del abandono' de Elena Ferrante y allí no me sobra ni un llanto, ni un lamento, ni una reacción aparentemente desproporcionada, al contrario: dame más cristales rotos, más gritos, más accidentes de tráfico).
Y, por último, he llevado mal que una novela protagonizada por mujeres girara tanto en torno a los personajes masculinos. Sé que de eso va, justamente, la historia de Norma, de Natàlia, de Agnès, de Judit y de Kati, de su relación con los hombres, de cómo estos marcan su existencia y de si eso podría ser de otra manera. Pero quiero pensar que había una manera de reflejar esto sin ahogar a los personajes femeninos en los conflictos, mucho menos interesantes, de los masculinos. Y las escenas de sexo no han ayudado: si tengo que leer una comparación más de una vagina con una cueva húmeda, tiro el libro por la ventana.