Concluye la venganza de Lady Snowblood con todo lo bueno y lo malo de los seriales. La violencia destada, el contenido adulto curioso, el sexo escabroso pasan por delante del lector a ritmo sostenido según Koike los va engarzando en relatos generalmente bien construidos, a veces muy traídos por los pelos. Kamimura sigue rayando a gran altura. Estiliza la violencia sin llegar a los delirios líricos de otras obras suyas en solitario. Bueno, al representar los genitales en algunas escenas sí que traspasa la frontera, pero son viñetas sueltas e intento no tenérselo en cuenta.