Que ganas tenía de esta historia de los peque Millers,y debo decir que no han defraudado para nada.
Chloe, ella sigue siendo esa niña que siempre va un paso por delante, si antes era la propulsora de las trastadas, ahora sigue ideando planes, un poco locos y que casi nunca funcionan.Es fuerte, testaruda y
siempre persigue, con todo, lo que quiere o lo que es correcto.
Oliver sigue siendo ese chico con un corazón tan grande y que quiere con todo él, que nunca tiene un no, que siempre esta dispuesto a ayudar a todo el mundo, pero sobretodo a su melliza.
Es un libro que nos habla de muchas cosas, de frustración, de lucha, de lo que cuesta sentirse a gusto con el cuerpo de uno mismo, de aprender, de mentiras, de injusticias, de amistad, de no rendirse.
El intercambio de mellizos es genial, me reí mucho con ellos dos intentando ser el otro.
Los secundarios son los que acaban de hacer redonda esta historia. Emma y sobreponerse a todo, Erik con sus ganas de ser feliz, Eli y su alegria, Aike y su cabezoneria y Pol, me ha encantado este personaje, fresco descarado y que te dice las cosas a la cara tal y cómo son.
En este libro encontramos muchas historias de amor, de cómo enmendar los errores que se cometen, de cómo luchar contra las injusticias, que siguen habiendo muchas en esta vida, y de amarse, de aprender a amarse a uno mismo. A veces solo falta esa mano
agarrando la tuya, no diciendo todo va a salir bien, sino yo estaré aquí, a tu lado.
Me he reído mucho con ellos pero se me ha escapado alguna lagrima porque las injusticias a mi me pueden. Sólo os puedo recomendar leerlo.
Reencontrarme con los Miller, todos ellos, ha sido genial de verdad. Así que os animo a perderos con ellos en ese máster universitario, a conocerlos y a amarlos a todos y cada uno por cómo son y porque unidos no hay nada que les pueda detener de convertirse en quién quieren ser.