Adecuadísima puesta en contexto intelectual, informada, coherente con las hipótesis y los énfasis de Alberto en otros libros, lo que hace que recorra el libro una interpretación de muchísimo interés que además es la que justifica la pertinencia de seguir revisando Historia y conciencia de clase, a veces a pesar del propio Lukács. Especialmente sugerentes las conexiones con Williams o Goldmann, el último tramo sobre la respuesta tardíamente publicada a las críticas al libro en los 20’s.
Ese bascular sobre la idea de totalidad y de proceso social total auto producido, la comprensión de un marxismo que no olvida a Hegel, pero tampoco a gente como Luxemburgo, es el quid de todo marxismo o pensamiento emancipador que no se quiera acabar dando de bruces con su propia estrechez y en última instancia en el PSOE, en el terfismo, en el mero sindicalismo. El marxismo en el que estoy y quiero estar. Es un muy buen hilo del que tirar, y esperemos que no sólo filosóficamente.
En esa noción del Partido como catalizador y sublimador de las tensiones sujeto-objeto, individuo-sociedad, estructura-acción y todo lo que sigue es la piedra de toque fundamental de todo el debate organizativo contemporáneo. Entre otras más importantes, es una cosa absolutamente central para entender el electoralismo, el partido no movimiento y las asesorías de politólogos entrenados en teoría de juegos. Todo está ahí ya. Todo es utilizable, todo está abierto. Tengo que enfrentarme ahora directamente con Lukács, pero en fin, Alberto escribe con un gusto genial, escoge las metáforas con mucha sensibilidad y lucidez y es de mucho interés, una suerte.
Libro que puede ayudar mucho a contextualizar y reflejar muchas contradicciones pero potencialidades del pensamiento de Lukacs. Estas tensiones siguen vivas incluso en las actuales revisiones y lecturas de sus obras. Un descubrimiento importante para mi.