Stories, works of noted British writer, scientist, and underwater explorer Sir Arthur Charles Clarke, include 2001: A Space Odyssey (1968).
This most important and influential figure in 20th century fiction spent the first half of his life in England and served in World War II as a radar operator before migrating to Ceylon in 1956. He co-created his best known novel and movie with the assistance of Stanley Kubrick.
Clarke, a graduate of King's College, London, obtained first class honours in physics and mathematics. He served as past chairman of the interplanetary society and as a member of the academy of astronautics, the royal astronomical society, and many other organizations.
He authored more than fifty books and won his numerous awards: the Kalinga prize of 1961, the American association for the advancement Westinghouse prize, the Bradford Washburn award, and the John W. Campbell award for his novel Rendezvous with Rama. Clarke also won the nebula award of the fiction of America in 1972, 1974 and 1979, the Hugo award of the world fiction convention in 1974 and 1980. In 1986, he stood as grand master of the fiction of America. The queen knighted him as the commander of the British Empire in 1989.
Entre las muchas visiones del futuro que Arthur C. CLARKE nos regaló, "The Songs of Distant Earth" destaca como una de sus obras más emotivas, contemplativas y humanamente resonantes. Publicada en 1986 y basada en un cuento suyo de 1958, esta novela combina ciencia ficción “dura” con una sensibilidad casi lírica. El resultado es una historia luminosa y melancólica a la vez: una mirada a lo que la humanidad fue y a lo que podría llegar a ser tras perder su hogar primordial.
La premisa es sencilla: la Tierra ha desaparecido, consumida por la muerte del Sol, pero la humanidad dejó esparcidas por el cosmos varias colonias fundadas siglos antes. En uno de esos mundos, Thalassa, los descendientes de aquellos colonos viven en armonía hasta que la llegada inesperada de la nave interestelar Magellan —una reliquia del pasado humano— irrumpe en su calma. El encuentro entre ambas civilizaciones no genera conflictos épicos ni batallas; CLARKE elige, con una madurez admirable, explorar la nostalgia, la identidad cultural y la fragilidad de lo efímero.
La primera mitad del libro es deliciosa en su lentitud: paisajes marinos, sociedades en equilibrio, la extraña sensación de encontrarse con humanos que ya no comparten nuestra historia. Pero hacia el final, la novela acelera con cierta brusquedad; CLARKE insinúa la trascendencia de Sagan 2 y las consecuencias del viaje de los tripulantes de Magellan, pero apenas roza esos temas. La lectura deja la impresión de que la historia pedía más espacio; quizá, en estos tiempos de mercantilismo avorazado, se extenderían en dos o tres volúmenes. Sin embargo, la brevedad también contribuye a su tono elegíaco: nada dura demasiado, ni siquiera las civilizaciones.
Un elemento imposible de omitir es el maridaje artístico que esta obra tiene con la música. En 1994, Mike OLDFIELD —uno de mis héroes musicales y uno de los artistas más visionarios de la música contemporánea— creó un álbum inspirado directamente en la novela. "The Songs of Distant Earth" es un disco atmosférico, una mezcla de electrónica y texturas marinas que captura, quizá mejor que cualquier adaptación visual, el espíritu del libro. Sus paisajes sonoros evocan la calma oceánica de Thalassa, la inmensidad del viaje interestelar y la tristeza infinita por una humanidad dispersa entre las estrellas. Es una de esas raras ocasiones en que la literatura y la música se iluminan mutuamente.
En conjunto, "The Songs of Distant Earth" es una novela breve pero inmensa en resonancia. Una obra que, sin recurrir a grandes conflictos, explora lo más grande: la pérdida del hogar, la continuidad de la vida y la belleza de un universo demasiado vasto para pertenecerle a una sola especie. CLARKE logra aquí una ciencia ficción íntima y poética, una despedida y un renacimiento a la vez. Y OLDFIELD, con su álbum, le añade la dimensión emocional que toda buena historia futurista merece.
Clarke es pionero en lo conceptual y lo científico; su intuición sobre conceptos como la comunicación cuántica, la inteligencia artificial o los viajes interestelares ha envejecido sorprendentemente bien. Sin embargo, el desarrollo literario y especialmente su construcción de personajes (y más aún los femeninos)... deja bastante que desear, incluso para su época. La prosa es funcional pero sin mucha floritura, y los personajes muchas veces son vehículos para ideas más que personas complejas. Además, los personajes femeninos suelen ser planos, pasivos o simplemente puestos ahí como "interés romántico" sin agencia propia, lo cual ya me parece posible de superar a finales de los 80.