Increíblemente superficial, sólo como un libro ilustrado, de pasta de pasta dura, con un nombre tan presuntuoso como “El libro de los hechizos” puede llegar a ser.
Si buscas conocimiento práctico acerca de la magia y los hechizos —o su historia, para los meramente curiosos y otros que pretenden serlo— este probablemente no sea el lugar en donde encontrarlo. Si buscas encender tu imaginación, puede que en estas páginas encuentres material suficiente para dar vida a una fogata, una llamita, o poco más que una chispa.
Sin embargo, este libro —más que ningún otro hasta la fecha— me recordó que toda palabra nació para ser leída, y toda tradición murió para ser estudiada, sin importar lo mucho o lo poco que puedan aportar. El tiempo para leer en medio del caos de la vida humana es más bien escaso, y probablemente habría sido más sabio invertirlo de una mejor manera, pero la mejor libertad que puedo otorgarme la encuentro en desperdiciarlo en obras como esta. A pesar de todo, fue gratificante.