Lo bueno de estar en los primeros compases de la creación de una novela es que sueñas con la historia antes de que el mundo la conozca y tienes mucho tiempo para enamorarte de sus personajes y su trama. Lo malo, que después tienes que esperar demasiado para compartir tu amor. Pero, cuando ocurre, como ahora con Prende fuego a la noche, sabes que ha merecido mucho la pena.
Puede que a mucha gente esta reseña les parezca totalmente subjetiva por el mero hecho de llevar con Vail, Gabriela, Dome, Cian (!!!!) y compañía más de un año, y puede que tengan razón, pero incluso cuando Myriam solo era un nick en una página de fanfics, y yo me leía lo que estaba escribiendo sin saber quién había detrás, gritaba a todo el mundo lo talentosa que era. Con el paso de una buena década y un poco más, solo ha ido a mejor. Como los vinitos.
PFALN no es solo una novela de vampiros. No es un Crepúsculo, no destila ese aire gótico-actual que, aunque en su momento me gustaba, ahora no me llama tanto la atención. No. Esta no es esa historia. Esta es una historia de personajes, de aventuras y de cómo sería un mundo con criaturas sobrenaturales en una sociedad de la que no tenemos ni idea. Es una historia que aplica a la realidad que conocemos y, a la vez, aporta tantos matices nuevos que no te cansas de averiguar cosas a cada página.
Y vaya personajes, ¿eh? Y vaya aventuras.
Algo que se le da genial a Myriam es crear protagonistas grises, que se muevan entre la dudosa moralidad y los arrebatos de bondad; a veces, la balanza se inclina más hacia un lado o hacia otro, pero en general siempre te quedas con buen sabor de boca porque son humanos. Porque nosotros también somos egoístas (mucho) y no medimos nuestras acciones. Y puede que no vayamos por la vida mordiendo a la gente o bebiendo sangre, pero desde luego que nos mueve lo mismo que a cualquiera de PFALN. Y si tengo que destacar a alguien, a pesar de que todos son dignos de enmarcar, es a Cian. Cuantísimo quiero a Cian. Cuantísimo lo adoro con todas sus luces y, sobre todo, sus sombras. Cuantísimo me gustaría que se convirtiera en el siguiente antihéroe al que adorar en el mundo entero.
La facilidad con la que te sumerges en la Sociedad del Subsuelo, que conoces cada criatura (tan diferentes a lo que te han pintado siempre) y cada ley que tienen que seguir, es algo que me parece digno de mención. No todos los autores lo consiguen, pero aquí la información llega de una forma tan natural que apenas te das cuenta de que, de repente, sabes sobre hadas, banshees, vampiros, licántropos, fantasmas, cambiaformas y demás fauna. De que podrías hacer un examen sobre sus costumbres y no lo suspenderías. Simplemente, me tengo que quitar el sombrero.
La trama también es algo a tener en cuenta. Vale, puede que no sea la más original que se haya escrito nunca (pero, al final, ¿qué es original hoy en día?), pero está tratada de forma que fluye y te mantiene al borde del asiento, hambriento de saber qué ocurre a continuación aunque te hagas tus cábalas. Y hay giros que no ves venir, claro, y creo que eso es lo mejor del libro: que te acomodas entre las páginas, en una premisa que parece a priori sencilla, hasta que llega el momento de la puñalada, de las revelaciones, y te pilla de sorpresa. Pero hay pistas, por toda la novela hay pequeñas semillitas que no parecen tener importancia hasta que la tienen.
De nuevo, marca de la casa de Myriam y que me ha encantado ver también aquí.
Así que si os fiais de mí, si os fiais de alguien que ama a Cian (si le preguntáis a algunas personas, eso es signo de que no soy de confianza) y que es extremadamente crítica con lo que suele leer y que no tiene problemas en decirle a sus amigas que hay cosas que no funcionan en sus escritos..., entonces, leed Prende fuego a la noche. Os prometo que no os vais a arrepentir.