David es periodista en defensa propia. A sus treinta años, trabaja a cambio de un sueldo ridículo en una revista de alimentación en la que se dedica a una labor muy valorada por sus compañeros: preparar el café. La relación con Nuria, su novia de siempre, ha perdido la consistencia de los primeros días, como el pegamento en barra, y los miembros de su familia son estaciones de paso en su vida. David vive en un agujero del centro de Madrid, la ciudad de la que se ha enamorado pero que, poco a poco, se bate en retirada, al igual que la gente que lo rodea, protagonistas de una diáspora emocional que lo ha dejado solo en mitad de ninguna parte escribiendo poemas que nadie lee y agachando la cabeza para alcanzar una esperanza menor, un sueño de vía estrecha: el contrato indefinido.