El autor, educado en un ateísmo perfecto “en el que ya ni siquiera se plantea la cuestión de la existencia de Dios”, relata su encuentro con la verdad cristiana, “en una silenciosa y suave explosión de luz”. Tiene entonces veinte años. Todo sucede muy rápido, al entrar en una capilla de París en busca de un amigo. Su testimonio obtuvo el Gran Premio de la literatura católica francesa, y es ya un clásico del género autobiográfico.
Sin duda una conversión preciosa, la forma que tiene el autor de narrar ese momento enternece. De igual modo que las páginas posteriores, donde va descubriendo y contando brevemente lo que es la vida espiritual. Sin embargo, he de decir que la primera parte del libro se me ha hecho un poco pesada. Alguna anécdota tenía su toque de humor o de ternura, pero estaba deseando llegar al núcleo del libro. Entiendo que es una introducción necesaria, puesto que el autor nos pone en contexto de su vida para entender aún mejor lo impactante de su conversión, pero eso no quita que sea un tanto denso.