La sustituta me pareció una novela gráfica súper fuerte y, al mismo tiempo, necesaria. Habla sin filtros de la depresión posparto y de todo ese peso emocional que muchas mujeres cargan después de tener un bebé, algo que casi nunca se muestra con honestidad. Me impactó cómo retrata el choque entre lo que una mujer realmente siente y esa imagen “perfecta” que la sociedad insiste en vender sobre la maternidad, como si todo tuviera que ser felicidad, instinto y magia desde el primer día.
Lo que más me gustó es que no romantiza nada: muestra el cansancio, la culpa, el miedo y la sensación de no reconocer tu propia vida. Es incómodo, sí, pero justamente por eso se siente tan real. Al final, te deja con la idea de lo importante que es hablar de estos temas sin juzgar, porque muchas mujeres pasan por esto en silencio. De verdad, una lectura que me removió y alcanzó algunos de mis miedos.