No, no es una biografía de Poe, aunque lo es; ni es un estudio sobre su obra, aunque también lo es; y no es una obra de ficción, aunque tiene mucho... ¿Qué es entonces? Mi particular visión sobre uno de mis escritores favoritos, sobre su vida, sus obras, sus creencias y sus ideas; sobre su percepción del mundo y la vida, sobre su relación con un buen puñado de escritores que le amaron tanto como yo, y, en definitiva, sobre la tremenda influencia que ha tenido en la cultura popular de los últimos 170 años. Por eso, no se trata solo de un libro sobre Poe. Más bien, como su propio título indica, consiste en un recorrido con desvíos sobre su vida y su obra. La clave está en esos desvíos, que me permitirán, a la vez que narro lo que quiero narrar, hablar de otras muchas historias paralelas que, de un modo u otro, guardan relación con el bostoniano y sus escritos, desde las noticias falsas primigenias a la Tierra hueca, pasando por el mesmerismo, el psicoanálisis o la criptografía; o la influencia que tuvo en grandes de las letras como Conan Doyle, Baudelaire, Cortázar, Julio Verne o H. P. Lovecraft.
Pocas veces me he arrepentido tanto de comprar un libro. En principio, la idea del señor Fábrega es interesante: ofrecernos en un único volumen la biografía de Poe, un análisis de sus obras principales (con especial hincapié en las fuentes de las cuales bebió para escribir varias de ellas) y abundante información sobre autores a quienes influyó, entre otras cosas. Interesante, como digo.
El problema es el modo en que se ha escrito esta obra. Por un lado tenemos la abundancia de errores: erratas por todas partes, fechas mal escritas, citas inexactas, pésimas traducciones del inglés (y eso que, en determinado momento, el autor presume de dominar el idioma), e incluso un párrafo duplicado. Por otro lado, lo que más molesto me ha resultado es el estilo del señor Fábrega. No entiendo por qué lo ha hecho así, pero ha redactado el texto con un lenguaje sumamente informal, de “colegueo”, salpicado de términos y expresiones como “rollo”, “en plan”, “chungo”, “jodido”, “la cagaba”, “lo petó”, etcétera. Con todo, la palma se la lleva el verbo “molar”. Al señor Fábrega le mola mucho Poe, y no duda en dejar claro ese sentimiento ad nauseam.
Así, en mi opinión lo único que se salva de este volumen es la ilustración de portada y todo el apartado gráfico que se incluye en el mismo. Lástima de dinero gastado.