"An old dealer in curios is murdered in Chicago. For what? And why? A newspaper man unearths the motive and lays bare the truth in one of Harry Stephen Keeler's most deft mystery stories, and there is no writer of this kind of fiction to-day who handles his material with more intricate cleverness or more compelling drama."
Born in Chicago in 1890, Keeler spent his childhood exclusively in this city, which was so beloved by the author that a large number of his works took place in and around it. In many of his novels, Keeler refers to Chicago as "the London of the west." The expression is explained in the opening of Thieves' Nights (1929):
"Here ... were seemingly the same hawkers ... selling the same goods ... here too was the confusion, the babble of tongues of many lands, the restless, shoving throng containing faces and features of a thousand racial castes, and last but not least, here on Halsted and Maxwell streets, Chicago, were the same dirt, flying bits of torn paper, and confusion that graced the junction of Middlesex and Whitechapel High streets far across the globe."
Other locales for Keeler novels include New Orleans and New York. In his later works, Keeler's settings are often more generic settings such as Big River, or a city in which all buildings and streets are either nameless or fictional. Keeler is known to have visited London at least once, but his occasional depictions of British characters are consistently implausible.
El joven periodista Jimmie Ketland, recién llegado al Sun de Chicago, recibe un ultimátum de su jefe: tiene siete días para encontrar una gran noticia en exclusiva, o está despedido. Al mismo tiempo, recibe un anónimo informándole de una posible noticia en cierta dirección. Pero lo que parece sencillo, en manos de Keeler se convierte en una trama alocada y descabellada, donde múltiples caminos se van mezclando endiabladamente. Asesinatos, traficantes, chantaje, espionaje, planos secretos, traiciones, el enredo está servido, y la cuenta atrás para el bueno de Ketland ha comenzado.
‘La cara del hombre de Saturno’ (The Face of the Man from Saturn, 1933), pese a algunas situaciones disparatadas, típicas de Keeler, por otra parte, es toda una novela de misterio. El título puede llevar a error, porque no se trata de una novela de ciencia ficción, si bien es verdad que en un capítulo intermedio se incluye un clásico de Keeler, el relato ‘La extraña historia del dólar de John Jones’. Aunque tiene su justificación en la trama, también es verdad que Keeler podría haber introducido otro relato. Se trata de un cuento de ciencia ficción ambientado en el año 3235 donde se demuestra el triunfo del socialismo mediante la fábula del ingreso de un dólar en el Banco de Chicago en el año 1935, y lo que deviene posteriormente. Es bastante interesante. (NOTA: inexplicablemente, la editorial Ediciones del Azar, no incluye el capítulo con este relato, que he tenido que buscar por otros medios.)
Una vez se empieza a leer una novela de Keeler, es imposible no quedar atrapado. Sus argumentos, en forma de tela de araña, eran de lo más dispares, enrevesados, complejos y sorprendentes. En el caso de ‘La cara del hombre de Saturno’, la lectura se vuelve trepidante por momentos.
So this one and my previous Keeler, The Washington Square Enigma, have definitely been among the less loopy of his webwork mysteries I’ve read. The whole thing is still ludicrous, of course, just not to the extent I’ve come to expect from HSK.
Ha envejecido lo suyo y solo mirándolo con el cariño que se le tiene a las lecturas que provienen de tu infancia y juventud puede ser aceptable. La trama y el desarrollo de la misma goza de una ingenuidad entrañable si se las compara con los actuales.
Este libro en un principio parecía tenerlo todo para gustarme, como buena amante del misterio, su premisa es indudablemente interesante. Sin embargo, la trama del libro se ve envuelta en una serie de diálogos y acontecimientos que tratan, entre otras cosas, sobre temas de política internacional, estrategia bélica, guerras entre países. Son temas que realmente no me interesan y en consecuencia no estoy “al día”, por lo que me ha costado bastante seguirle el ritmo y que la lectura se me hiciera amena y seductora. Esto parece cambiar o simplificarse a medida que avanza el libro dejando un final con unos giros sorprendentes que, en mi caso, han conseguido aplacar en gran medida la sensación de tedio que me producían estos relatos. Puedo decir que es un buen libro y he disfrutado mucho al ver cómo se resuelven las diferentes incógnitas, pero en este caso, no ha sido del todo para mí.