Me gustaría empezar esta reseña intentando esquivar ese cliché manido que aparece siempre que se aborda una antología. Todos sabemos cual es, es una perogrullada, carece de contenido, y no aporta nada que el sentido común del potencial lector no haga si es lo suficientemente no imbécil como para caminar, hablar y dominar sus esfínteres. En vez de eso, voy a empezar con una analogía tan inspirada como el que decidió ponerle un palo a un caramelo y llamarlo chupachups. Imaginemos una gráfica, estoy seguro de que en estos días cualquiera se ha topado con alguna, de todas las formas, pendientes, puntos de inflexión y colores. Ahora, imaginemos que cada punto del eje X, es decir, el horizontal, es un cuento; el eje Y sera la calidad, una variable subjetiva condicionada exclusivamente por el criterio del lector. Si empezamos a colocar los relatos en la gráfica observaremos una preciosa parábola de manual, con un pico de calidad agudo como una aguja justo al principio que abruptamente se deja caer hasta convertirse en una linea continua que discurre paralela y de puntillas sobre el eje X; esta casi linea recta tiene ciertos dientes de sierra, pero discretos, nada destacable ni que afee particularmente la por otro lado homogénea linea. De repente, casi al final, lo que parecía a todas luces un encefalograma plano cobra vida, y la linea se sacude y sube de nuevo, salvaje, frenética: una tremenda vorágine de calidad que sacude al lector, hasta ese entonces algo aburrido.
¿Es esta, tal vez, una forma excesivamente retorcida y rimbombante de decir que toda antología de relatos tiene cuentos mejores y peores y tiende, por ende, a la irregularidad? Por supuesto. ¿Por qué decirlo así, pues? Porque aporta exactamente lo mismo pero recalca lo exasperante que resulta leerlo sistematicamente en cualquier reseña. Y que estoy confinado en mi casa y me aburro, cada quien que elija su opción mas probable.
Ahora vamos a dar identidad a los puntos arriba mencionados, al menos a los más llamativos. ¿Cuál es ese primer pico de calidad que hace más vergonzosa la llaneza de la curva a lo largo de todo el libro? La muerte de Halpin Frayser, un relato de fantasmas atípico, visceral e inquietante como pocos, decir algo mas seria destrozarlo: hay que descubrirlo. Continuemos por el valle, aquí encontramos relatos de todo tipo, abundando los de fantasmas, apariciones, crímenes y venganzas desde el mas allá, ambientados algunos de ellos en la guerra de secesión y teniendo por protagonistas a soldados. De aquí pocos destacan, son relatos intercambiables, anodinos, bien escritos pero sin la garra y mala uva que hace a Bierce un escritor de terror tan interesante. Solo salvaría Un suceso en el puente sobre el rió Owl, sorprendente, Un vigilante junto a un muerto, negrísimo. El resto, como digo, no son malos relatos, pero parecen escritos siguiendo una formula: que lo que debería estar muerto parece no estarlo. ¿Pero Julio, acaso no es esa la esencia del cuento de fantasmas? En efecto, pero ahí es donde entra en juego elementos como la atmósfera, el contexto, la insinuación, la tensión, la sorpresa, elementos que dan empaque al cuento y hacen de una aparición un suceso terrorífico, y no un tramite que se ve venir desde el momento en que lees el nombre de los personajes implicados. Siguiendo la recta encontramos ya los mejores cuentos, todos ellos colocados en las ultimas 100 paginas, mas o menos. Aquí encontramos una vuelta de tuerca al ente invisible y salvaje en El engendro maldito; imposible no compararlo con el cuento de James O'Brian, ¿Qué fue eso?, pero que gracias a su brevedad provoca, a mi juicio, un efecto mayor en el lector que el de O'Brian. Aunque la parte científica sobra, pero ese es un pecado que muchos escritores de terror de esta época cometen, y es que explicar lo inexplicable no hace más que asesinar el terror. Destacables son también La ventana sellada y El desconocido, dos relatos que no tienen nada que ver uno con el otro, siendo el primero inclasificable y el segundo uno de fantasmas al uso, pero que tienen la cualidad de ser la lectura idónea para acojonar a los amigos en una noche cerrada junto a una luz trémula. Hay que detenerse también en Un habitante de Carcosa, mas por su influencia posterior que por su originalidad, especialmente leídos los anteriores cuentos. Pero sin duda el mejor Bierce lo encontramos en El clan de los parricidas, una verdadera maravilla de la literatura morbosa y siniestra, un conjunto de casos de crímenes contados con una ironía, sangre fría y utilizando unos eufemismos para enmascarar lo sórdido que en mas de una ocasión uno no sabe si sentir pena y asco o sonreír, no de alegría, mas bien como sonríe alguien que ve a su mas odiado enemigo morir por una caída tonta. Eso es Bierce, tan desagradable como satisfactorio, un pesimista que entendía perfectamente que el ser humano no es mas que un chacal tan mal maquillado con civilización y moral que aun puedes ver rastros de su animalidad sanguinaria.
¿Es recomendable esta antología? La verdad es que si, pese a la gran cantidad de relatos insípidos contenidos los que brillan lo hacen con una fuerza que hacen que sea un crimen el no leerlos, especialmente si te gusta el terror. Bueno, creo que si te gusta el terror ya los habrás leído, y posiblemente sea eso lo que haga que el resto de la colección te resulte aun más aburrida. Puede ser, pero deberíais ser vosotros mismos lo que los descubráis, y a ser posible, de noche y con poca luz.