Es un 3.5. Cuatro estrellas al setenta por ciento inicial. Tres o dos al resto. Esa parte primera, que es la mayor, está muy bien redactada y documentada, pero esa segunda, aunque menor, arruina el libro entero y le quita cierta cualidad fidedigna. Y esto es algo que he visto en varios libros contemporáneos sobre Historia. Es como si el autor se quedase sin tinta para la pluma (hablando alegóricamente) o sin dinero, o sin ganas para continuar la investigación. No lo sé. Y no es que lo que plantea esté equivocado (más bien quizás tenga mucha razón), pero lo hace al vuelo y adopta arbitrariamente un tono catequizador que queda fuera de contexto, tono el cual no lo había tomado en todo el libro y no hacía falta, pues lo que narraba no necesitaba defensa. Quizás sí un poco en la parte de Copérnico y Galileo Galilei, pero del resto, de cómo la Iglesia y la Fe católicas contribuyeron o, mejor dicho, construyeron la civilización occidental, no tuve ninguna queja ni ninguna duda. Su tesis absolutamente fundamentada en documentos históricos es la de recuperar la influencia del pensamiento y acción (esto es importante) de la fe católica y el cristianismo sobre una cultura que cambió el mundo por completo. Para ello hace un recorrido por los orígenes de la astronomía, la medicina, la matemática, la geometría, la ciencia, la universidad, la enseñanza, la tecnología, la economía, el arte, la arquitectura, el derecho y la moral. Además, la práctica de la caridad. A todas estas disciplinas o facetas humanas, el autor devela sus orígenes dentro del cristianismo, los cuales en algunos casos retomaron las bases del mundo clásico grecolatino, pero que a raíz de la práctica de la fe católica se transformaron en los pilares de la civilización occidental. La parte más sólida y mejor documentada es la de la Edad Media a la que presenta como una era totalmente opuesta a lo que se creía hasta hace poco, es decir, oscurantista. Según demuestra el autor (y también se ha desmitificado en los últimos años), la Edad Media floreció en conocimiento sobre todo gracias a los monasterios, monjes y religiosos, quienes además de inventar varias cosas entre ellas el champán, la cerveza y la Universidad (sí, la Universidad como tal), la automatización del trabajo a través de máquinas (tecnología), alentaron las ciencias y la investigación científica, siendo científicos muchos de ellos, bajo la comanda de que Dios había dotado al hombre de la Razón (con mayúsculas para que se entienda) y con ella, el entendimiento y desciframiento de todo aquello que existe. Es así como Woods demuestra que ese periodo de la Historia no fue oscuro y que en él nacieron muchas de las ideas y avances que verían la luz en el Renacimiento, por ejemplo, los Derechos Humanos y el Derecho Internacional, incluso el Derecho mismo como lo conocemos. En suma, es una explicación convincente y documentada de cómo el cristianismo fue clave a la hora de convertir a Occidente en una civilización que dejó atrás al mundo bárbaro.
Respecto a los dos últimos capítulos sobre el arte y la moral, la verdad es que sí queda debiendo y por eso baja puntuación. A ver, la tesis planteada no es errónea; si se entiende en contexto, hay una explicación más que razonable de la debacle cultural y moral de Europa occidental relacionada con la pérdida de la fe y, con ello, el vacío y sinsentido de la existencia, una vez despojada de una razón ulterior mística, sobrehumana, sobrenatural o extraterrenal, pero sobre todo a causa de la tirria hacia la Iglesia católica como institución, y por lo tanto como regidora de la moral y de la cultura. Tirria alimentada desde el pensamiento, la filosofía, la literatura, el arte y otras manifestaciones culturales europeas, sobre todo durante el siglo XX. Aquella secularización y ateización rindieron sus frutos, pero ese espacio antes ocupado por la fe católica (no confundir con la denostada institución católica) dejó un vacío que no ha podido rellenarse. Este, que es un tema agudo y ameritaba mucho análisis, lastimosamente es pasado por encima en este libro y con un tono catequizador y un poco simplista, aunque las conclusiones que saca sean, a mi criterio, acertadas.