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161 pages, Kindle Edition
Published April 5, 2023
Sin ser un libro de autoayuda, contribuye a la reflexión. Sin ser un libro de memorias, aporta unas cuantas que ponen cuerpo y alma a la persona que narra y de la que sabemos que, precisamente, su tragedia es perder la memoria, la capacidad de evocar. Y con ella, progresivamente, la palabra, el reconocimiento de los seres queridos, el alma. De ahí el título.
Cuando ya no sea yo no se lee por sus logros artísticos, por su estilo, por su técnica literaria, aunque pueda aportar algo en esos aspectos, sino en calidad de documento vivo de la lucha que mantiene Carme Elías contra el olvido total que el alzhéimer le tiene preparado, esa enfermedad a la que la autora se refiere como “mi amigo Al” con melancólica ironía. Una lucha desigual, en la que sabe que tiene las de perder, pero a la que Elías hace frente con todas sus armas mientras le sea posible. ¿Y cuáles son esas armas? El amor de su círculo más cercano y la escritura. Así que el libro que leemos funciona como una terapia contra el olvido, aparte de ofrecernos generosamente su autobiografía, en la que destaca su gran amor al teatro, esa entrega total hacia su profesión que la ha mantenido apasionada y decidida contra viento y marea.
Pero, además de documento de las experiencias que tiene una persona diagnosticada con alzhéimer (con lo que eso implica: no solo la pérdida de la actividad en los escenarios, sino también alteraciones en la vida cotidiana, necesidad de diferentes personas que controlen pautas de medicación y demás, y el carrusel de sentimientos que comporta todo ello), Carme Elías deja en este libro su testamento vital; es decir, lo que quiere que pase -o que no pase- cuando ella ya no sea ella misma, o sea, cuando la enfermedad haya avanzado tanto que le impida incluso reconocer a sus seres queridos. Entonces, dice, no quiere seguir viviendo.
Esa última voluntad es un claro manifiesto ante la sociedad. En efecto, el llamamiento de Elías a una muerte digna resulta a la vez impactante y creíble, partiendo de alguien que se encuentra en una situación de inexorable avance de su deterioro cognitivo. Y la empatía que siente el lector es señal de que su mensaje puede calar hondo en nuestra sociedad, ya en una gran proporción favorable a la eutanasia, con una ley en España que la regula, pero que aún siente dudas en cuanto a firmar el documento de voluntades anticipadas que facilita el deseo de cualquiera de no acabar siendo un cuerpo sin alma, alguien que ha perdido su yo, y seguir en este mundo en esas condiciones, una zombi sin voluntad, a expensas de cuidadores y médicos.
Valientemente, Elías marca su frontera a partir de la cual no desea seguir existiendo. Y con ello, y con todas sus ganas de continuar viviendo con dignidad y lidiando con su enfermedad mientras le queden fuerzas, indica el camino a seguir para cualquiera, no solo enfermos de alzhéimer, sino como ejemplo para todos de lucha contra la adversidad y disfrute del momento, del aquí y ahora. Gracias, Carme.