Arden el mar y los campos de Moria. Arden los alfabetos de la infamia, las oraciones rotas de los dignos. En la noche en la que arde el sol de Europa, noventa y nueve estrellas de mar duermen sobre la playa en una funda. No sabes si lo que ilumina el cielo es tu propio alarido o la escarnecida respiración del agua que habría querido acunar esos cuerpos. Noventa y nueve estrellas en un cielo mudo. Cuando cierras los ojos y te entregas, cuando la arena anida en la laringe, cuentas noventa y nueve estrellas en un cielo mudo. No hay red ni artesonado ni cadencia, sólo el agua que besa cada nombre. Si ellos no respiran, ¿habrás de hacerlo tú?
María Ángeles Pérez López (Valladolid, 1967) es una poeta española en lengua castellana.
Realizó su tesis doctoral sobre "Los signos infinitos. Un estudio de la obra narrativa de Vicente Huidobro", por la que obtuvo el Premio Extraordinario de Doctorado de la Universidad de Salamanca, donde trabaja como profesora titular de Literatura Hispanoamericana.
Ha prologado la poesía de Nicanor Parra (Páginas en blanco), Juan Gelman (Oficio ardiente) y Ernesto Cardenal (Hidrógeno enamorado) con motivo del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Ha formado parte de diversos jurados literarios, entre ellos el Premio Miguel de Cervantes en su edición de 2007. De 2008 a 2012, coordinó el ciclo de poesía “Intersecciones".
Este poemario, aunque breve, ofrece una experiencia única. ¿Alguna vez habéis sentido una sensación de desesperación por completar los versos o estrofas de un poema a medida que leéis, porque estáis tan sumergidos en lo que el texto está comunicando que vuestro cuerpo quisiera participar de una manera más honda, más allá de la lectura, tocando cada fibra lingüística? Eso es este poemario.
María Ángeles tiene un dominio de la palabra poética que pocas veces he percibido en otras y otros poetas. No por ello su estilo o el sentido que vierte en sus poemas son complejos, eruditos y, por extensión, inaccesibles. Todo lo contrario.
Desde el inicio del poemario —son poemas largos, aclaro—, la forma en la que la palabra está dispuesta te sacude, es como si te tomara los ojos y te los pusiera encima de las líneas, en cada arista verbal, y así hasta el final. Palpita una sensación de que nada sobra, pero, al tiempo, de que algo falta. No en lo referido al contenido, sino más bien en un plano lingüístico. Porque sí: este poemario es prueba fehaciente de una lucha contra el lenguaje por querer decirlo todo de manera exacta, o, al menos, de la manera más precisa posible.
En cada poema, se puede comprender la desesperación de la autora por encontrar la palabra justa. Es más, me atrevería a decir que también los silencios justos. Sí. En esta obra todo habla: espacios, puntos, comas... Todo comunica. Y creo que esa es una de sus más grandes virtudes. Mérito que, junto a una experiencia sensorial distinta y profunda, no deja al lector intacto.
Tuve la suerte de acudir a la presentación de la obra en la feria del libro y fue espectacular. Leer los poemas al mismo tiempo que ella los recitaba fue una experiencia impagable e inolvidable. Ahí pude experimentar lo que ella buscaba, la intención con la que toda ella se ha vertido en cada verbo. Ya la había escuchado hablar de poesía porque ha sido una de las mejores profesoras que he tenido en el Máster de Literatura de Salamanca. Pero esto ha sido diferente. Aquí era ella total: ser humano y poeta. Ella toda fragilidad. Ella toda voz comunicando. Ella toda siendo cuerpo lingüístico, literario. Ella toda voz siendo poema.
Esta obra es un instalarse en la palabra de la autora. En sus heridas , pero también en sus deseos, sus intención. Es un constante ser con ella mientras se desarrolla, mientras se sincera y te habla. Por lo mismo, es una obra que implica vivir al máximo todo lo que esta experiencia literaria conlleva... Ante esta circunstancia, al igual que le dije cuando le acerqué el libro para que me lo firmara, solo puedo decirle: gracias.
La tumba no es el mar sino el lenguaje. ¿Cómo va el agua a borrar las pupilas? ¿A calcinar el trazo de la sed? Si el rostro es tierra en que se hunden los brazos y una pierna alargada, si todo rostro humano ha emergido del mar y lo lame la linfa, el alfabeto. ¿Cómo va el agua a borrar el mentón? ¿A envenenar las suturas del cráneo y esos músculos faciales que salpican tu nombre?
"Libro mediterráneo de los muertos" es una obra llena de potentes imágenes que golpean sin tregua, que nos sumergen con una belleza abrumadora en ese mar que es a la vez origen y muerte. Escrito en prosa poética, llama también la atención el juego lingüístico en el que la disposición tipográfica del verso, las transgresiones ortográficas y hasta las notas aclaratorias nos adentran en el intenso espacio lírico que su autora ha sido capaz de tejer.
De vez en cuando hay que leer un poco de poesía, que a los pobres poetas nadie les hace caso. Y no todo va a ser novela negra. No me ha gustado demasiado pero ya está leído. Y no debe ser malo, es el Premio de poesía Margarita Hierro
Título: Libro mediterráneo de los muertos Autora: María Ángeles Pérez López Editorial: Pre-textos IV Premio Internacional de Poesía Margarita Hierro
Desde luego, nadie puede decir que María Ángeles Pérez López (acabo de ser consciente de que sus dos nombres y sus dos apellidos van tildados) no es una buena poeta. O que se quede con lo sencillo de la poesía. O que no conozca bien el lenguaje.
De hecho, si tuviera que describirla como poeta, lo haría diciendo que es una experta en lenguaje, una escritora que sabe a la perfección el orden de las palabras, que no las escribe, sino que las va posando delicadamente una tras otra, consciente de que esa, y no una distinta, es la que corresponde.
Luego, claro está, sabe escribir poesía (no, no todos los poetas saben), conoce la tradición poética y la urde como las hilanderas hacen con cada hebra de tejido, nos atrae hacia sus versos con la sutilidad de las sirenas.
Conocí su poesía con su maravilloso Incendio mineral, libro a través del cual también la conocí a ella, siempre agradable, siempre pausada, siempre sonriente (qué bueno es constatar que las personas a las que admiramos por su obra también merecen admiración por su forma de ser), y ya “me la quedo” para seguirla de cerca.
También en poesía en prosa (sabéis lo poco que me gusta el cariz que se le ha dado al término de prosa poética), María Ángeles nos invita a un recorrido por el exilio, por el éxodo, por la desraización, por el abandono, por el dolor, por la desolación. Lo hace, además, en una eterna reflexión que nos hace, también, caer en ella, imbricarnos a ella, dudar con sus dudas, sentir como propias sus inquietudes. ¿No es eso, al fin y al cabo, lo que consigue la buena poesía?
Para redondear aún más el poemario, Pérez López disecciona el lenguaje con la misma precisión que lo hace con la humanidad.
Un libro que es toda la poesía, toda la tradición, todo el lenguaje, toda la humanidad.
Lo que más me ha gustado: leer poesía diferente a la que estoy más habituado a leer y bebérmela, con todo el mar que hay en este libro.
Lo que menos me ha gustado: no atreverme yo, por el momento, a escribir poesía en prosa (dadme tiempo…).
La tumba no es el mar, sino el lenguaje. María Ángeles Pérez López
Está bien, pero no es lo que esperaba. Sinceramente, hay frases brutales, para enmarcar. Me gustan principalmente los pasajes/poemas en los que se atisba mayormente una visión social, de denuncia. Lo que me ha cansado de este libro es que parece del tipo de poesía que quiere hacer alarde de erudición; por momentos parece que el poemario se haya escrito pensando en teorías, en apelar al público más intelectual. No quiero restarle mérito a este tipo de poesía, solo que ahora mismo me decanto más por aquella poesía equilibrada, sugestiva y reflexiva, pero también accesible a un público general.
Te dices: todos somos extranjeros. Te dices: no puedo hablar esta lengua aunque sea mi lengua. ¿Es que hay una cadenita invisible por la que las palabras quedan atrapadas junto a ti?