«Esta historia es una genealogía hilada por idiomas, libros y hebras de té, una mirada embelesada de un nieto hacia una abuela que, como un caleidoscopio, adopta múltiples formas cada vez que la mira. “Ahora pienso que es posible que ella y yo tuviéramos una amistad disfrazada por el parentesco”. También es, quizá, la construcción y reconstrucción de su propia identidad». —Natalia Rozenblum Habló por teléfono con su abuela todas las noches durante más de quince años. Lo hizo mientras iba creciendo: atravesó el drama de la adolescencia, se fue de la casa de los padres, vivió solo, vivió con amigos, se casó, tuvo un hijo; mientras todo cambiaba, el hilo que enhebró esa música del tiempo fue la voz de su abuela, del otro lado de un cable enrulado. Cuando ella empezó a enfermar y sus movimientos se redujeron, Martín Felipe Castagnet supo que había que registrar lo que decía para protegerlo del efecto implacable del olvido. Así nació este libro, extraño y entrañable, que es la semblanza de una abuela pero también la historia íntima de una relación singular que atravesó el tiempo y dejó una marca indeleble en un escritor.
Lo que tiene de breve, lo tiene de hermoso! Una oda al amor de un nieto por su abuela. Una abuela fuera de los moldes, entrañable. Aún tengo viva a mi abuela y soy su nieto favorito y no quiero pensar el día que ya no la tenga.
Un hermoso adagio sobre una mujer que fue esencial para la educación sentimental de uno de los escritores incluidos entre los más promisorios de su generación, uno de los tres argentinos elegidos por Granta.
Un retrato de una dama que, además sirve también para retratar un país con su teatro Colón y sus inseguridades.
Y un secreto nada secreto: estos libros de la colección Vinilo, que se leen de una sentada, son goodreads challenge friendly. Cuando venís medio comprometido para alcanzar tu objetivo de lectura, te permiten descontar algunos libros pendientes.
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“Y ahora que su conversación ya no me acompaña cada noche pienso en este tesoro perdido salvo en mi memoria, aunque también está en mi personalidad, que es una de las formas de la memoria”
Martin hablaba todas las noches con su abuela Elsa y eso es lo que nos comparte en este libro, fragmentos de conversaciones que en algún momento se dio cuenta que era importante empezar a grabar. El vínculo con los abuelos tiene una magia muy especial que es difícil de explicar pero a la que este libro se acerca. Me fue imposible no pensar en mis abuelos, volver a extrañarlos y traer a la memoria anécdotas y palabras buscando reproducir el sonido de sus voces.
Un librito mágico que me conecto con momentos muy hermosos, me arrancó lágrimas y que me produjo mucha nostalgia 💛
El amor y ternura que transmite este libro es increíble.
Lo compré creyendo que era un libro sobre el duelo, y en parte lo es, pero es muchísimo más que eso. Su centro es la relación abuela-nieto, Castagnet nos cuenta diferentes momentos y anécdotas que vivió con Elsa, su abuela, desde que él era chico hasta el final de los días de ella, y lo hace desde un lugar de cariño y admiración que realmente hace que la lectura se vuelva totalmente amena, en lugar de angustiante (como suele pasar en libros con esta temática)
Un libro sobre la abuela de Martin, pero un poco sobre toda las abuelas. Escrito preciosamente desde el amor, esta lleno de frases ingeniosas y consejos espectaculares. Un retrato hermoso que dan ganas de haber conocido a Elsa. Les dejo este fragmento qué me sacó una carcajada:
"A un chico no hay que prohibirle la gaseosa porque la prohibición la vuelve exquisita. Lo que hay que hacer es dársela a temperatura ambiente. Es desolador, ahí comprendes lo que disimula el frío".
Un libro que se puede leer de un tirón. O no. La primera mitad tiene puntos donde podés interrumpir la lectura y si la vida se mete en el medio tendrás que seguir al otro día. Pero, como en Una mujer, de Annie Ernaux, si llegás al punto de la historia en la que enferma, no podés soltar el libro a menos que te fuercen.
Una cita que marca la mitad del libro: "Con el accidente se terminaron las aventuras y empezaron las odiseas".
En algún lado leí que el amor es una conversación, y lo que Castagnet hace en este libro es un intento desesperado por mantener viva esa conversación, no quiere colgar el teléfono, demora los recuerdos y los tesoros para que le sigan hablando. Hermoso.
Compré este libro recién recién en la FED y no pude esperar para leerlo después de todos los comentarios que había recibido. Son cinco estrellas por el amor de Elsa hacia su nieto Martín, y cinco estrellas por el amor de Martín hacia su abuela, plasmado en estas páginas tan hermosamente escritas.
Y para sumar coincidencias, apenas terminé este librito continué con "Hombres elegantes y otros artículos" de Milena Busquets, y me encontré con este pasaje: “Extraordinaria frase de Heidegger: «Somos los invitados de la vida.» Nada más. Y los invitados, un día, se van.”
Siendo invitados de la vida, y sabiendo que un día nos tocará irnos, me reconforta saber que hay personas que, durante esa visita, hacen bien a otras. Que son de esas visitas que llegan diciendo “te traje algo” y embellecen los días. Y, sin duda, este libro deja testimonio de la presencia de una visita que hizo profundamente feliz a otra.
Anoche terminé este librito hermoso. Desde entonces siguen sucediendo en mi memoria los recuerdos: los viajes al Delta o en tren a Mar del Plata, el cuaderno donde anotaba las peripecias de sus nietos con su letra perfecta de abuela, los ñoquis caseros, cuando nos iba a buscar al colegio en su amado autito blanco los martes a la tarde, incluso ya entrado el secundario o esas cadenas que reenviaba por mail cuando compró su primera (y creo que única) computadora. Nunca quiso que le digamos, nosotros ni nadie, abuela. Era Memé.
“‘Ya sin muela’ escribí y pensé en lo mucho que se parecían muela y abuela. Me la tuvieron que arrancar para sacármela”. Pienso a mi abuela más de lo que creía hacerlo a esta altura, en la que ya llevo media vida sin ella. Y, tal como lo indica el epígrafe, una buena abuela te cambia la vida y estás 79 paginas sin dudas fueron un reencuentro con ella.
Mi abuela también se llamaba Elsa. Se murió cuando yo tenía ocho años, por lo que realmente la disfruté cinco o seis. Este mes se murió mi abuelo Luis, su esposo.
En mi niñez con Elsa no tuve ópera, idiomas o cine, tampoco libros ni viajes, a duras penas había para comer algún helado y vueltas en la calesita de la plaza. Remarco esto porque absolutamente nada de lo que se narra en el libro podría ser aplicable a mi abuela y sin embargo, me vi reflejada hasta las lágrimas en esa complicidad que solo se puede tener con una abuela.
Esos pocos años que tuve con ella me alcanzaron para extrañarla toda mi vida, y daría cualquier cosa por tomarme unos mates con ella y que vea cómo estoy ahora.
En resumen, tocó una tecla muy sensible que por el paso del tiempo suele estar quieta. La prosa es excelente. Gracias por este libro.
Es la historia de amor de un nieto con su abuela. Un libro relatado con mucho cariño, que probablemente haga pensar en los vínculos que muchos lectores tuvimos o pudimos haber tenido con nuestros abuelos.
Qué libro hermoso, la ternura con la que el autor construye y recuerda a su abuela es emocionante. Un libro corto, lamentablemente, una relación profunda entre una abuela y su nieto. “No me voy a ningún lado donde no me puedas encontrar”.
Sabía que no lo iba a poder leer sin llorar. La relación de un nieto con sus abuelos es algo que no se puede explicar, una complicidad implícita que siempre esta presente.
A mis abuelas: las extraño todos los días, fueron las mejores que me pudieron haber tocado. Están con conmigo a donde voy. Gracias por todo, un beso enorme al cielo Abuela Pali y Abuela Elena❤️
Un hermoso homenaje a una amistad que trascendió décadas. Martín te hace entrañar a tu abuela o desear haber tenido una, es un libro breve y lleno de amor.
lloriqueé en la primera página. no le doy 5 porque pasé todo el libro queriendo que se parezca más a mi abuela para poder encontrarla entre líneas y extrañarla un poco menos.
Es hermoso. Cómo un libro tan chiquito te puede provocar tantas emociones y evocarte tantos recuerdos. Un tesoro que voy a guardar y seguramente prestar.
Que personaje esa señora, me sacó muchas sonrisas con sus frases. Me cautivo mucho ese vínculo, realmente hermoso. Me gusto mucho el libro pero se nota que fue escrito al poco tiempo de la muerte de la abuela, en esos momentos de desesperación donde se hace necesario escribir, aferrarse a cada detalle para no olvidar. Creo que un poco de distancia, poder digerir, atravesarlo, hubiera enriquecido la escritura.
La personalidad única de esta abuela queda plasmada en este relato y la admiración de Martín en cada una de sus palabras. El amor verdadero, la complicidad y lo inevitable de la vida en un libro que se lee de un tirón.
Un viaje de amor al recuerdo de las abuelas, a los momentos hermosos y también difíciles que vivimos con ellas. Martin habla de su abuela Elsa con un amor, fuerza y delicadeza que te transportan inevitablemente a tu propia historia.
Debería venir con una advertencia de lo muy adentro que se mete y de que aunque sea un libro corto y te invite directamente a eso, no lo leas en el colectivo. Muy lindas forma de honrar a su abuela Elsa. Emocionante, tierno y triste. Un poco quiero ser como ella, un poco no.