Manuela la reconoce de es la pistola de su hermano, un desconocido la ha metido en su bolsillo después de que se desplomaran ante el estruendo de una bomba. No entiende cómo, pero es la misma arma de José Antonio, quien falleció en un accidente hace apenas unos meses. Sin saber si esta pistola es una respuesta o una pregunta, la protagonista emprende un viaje en el que los lazos de la amistad demostrarán ser más fuertes que los de la sangre.
Desde esa primera explosión son muchas las bombas que se detonan en este libro, con el sonido seco de todo lo que estalla al encontrarse con la crudeza de lo real. En esta, su segunda novela, la autora dibuja una constelación familiar sostenida por mentiras; ficciones que le dan sentido al amor aún después de las heridas.
Manuela crece a la sombra de un hermano mayor, de un padre político y una madre que es ama de casa y se esconde tras sus oraciones. Su vida parece normal y vive sin cuestionarse muchas cosas hasta que una bomba a las afueras de su trabajo hace que todo cambie.
A partir de ese momento empieza a recordar su vida, su niñez y cada persona que estuvo a su alrededor y a darse cuenta que sus comportamientos no eran tan normales como ella pensaba. Lucia, su mejor amiga la acompaña en el proceso de desenredar el pasado familiar del que tiene tantos vacíos, en un viaje físico y a la vez espiritual.
Me llevo una increíble sorpresa con mi primer libro de esta autora que mezcla una época de violencia en Colombia, la política, el amor, la amistad e historias familiares en una telaraña perfecta que no te suelta.
No esperaba menos de la nueva novela de Ospina. Desde que empieza, atrapa: una bomba estalla en las calles de Bogotá. Manuela, que trabaja cerca, queda sorprendida por la explosión, pero más porque un hombre se estrella conté a ella, la hace caer y le mete algo en su bolsillo: el arma de su hermano Antonio, la misma que desapareció el día que él murió.
Desde ahí se empieza a desenredar la historia de una familia como muchas en Colombia, llena de secretos en una época de miedo, en la que el terror de quedar al lado de una bomba qué estallaba porque sí era permanente.
Ospina logra un fiel retrato de una típica familia colombiana: una madre rezandera, un padre que trabaja por todos, un adorado hijo mayor y la niña, la menor. La familia perfecta. Solo que acá, Francisco, el padre, se dedica a la política y Antonio, el hijo, es un ser detestable. Puede que haya luchado desde que llegó al mundo, pero su actitud es insoportable.
Por el lado de las mujeres: Beatriz, la madre, es una mujer sobreprotectora y Manuela, la hija, es la que recoge los pedazos de lo que queda. Un vivo retrato de muchos machos cabrios de la sociedad colombiana. Puede que no todas las familias no las personas sean así, pero sí hay un común denominador que los hace sentir muy reales y muy colombianos.
Toda la historia se convierte en un tensionante misterio qué nos va conduciendo a través del pasado de esta familia, para darnos cuenta de los secretos qué escondieron y todo el machismo que Manuela no vio. Su búsqueda la lleva a un desenlace... Un poco extraño y un poco predecible, pero que no termina de convencer.
Entiendo las razones para tener ese final, la justificación y la necesidad... Pero, no sé, esperaba algo más. Empecé el libro y ese mismo día tenía que terminarlo, sin importar que me iba a acostar tarde. Quizá tenía mucha expectativa por el desenlace y en mi mente me estaba creyendo el que ya había diseñado... Pero, pensándolo bien, tampoco había muchos finales posibles...
El hecho es que la historia es muy interesante, está muy bien construida y lo mantiene a uno pegado hasta la última hoja.
Relaciones familiares complicadas, violencias sutiles, autocuestionamientos individuales, son el eje de esta historia que se siente muy cercana, como que podría haberle pasado a alguien que conocemos. Es un libro que atrapa y que no decepciona en el desenlace.
Una historia conmovedora y original, contada con élan. Me cautivó y me invitó a pensar sobre la memoria, sobre la ficción y su relación con, por así decirlo, las verdades más verdaderas. Y sobre Colombia. “Tell the truth but tell it slant” dijo Emily Dickinson, y creo que a ella le hubiera gustado este relato meditado, tierno y atrayente.
El segundo libro de Diana que leo y completamente distinto al primero. Amé volver a leer mi español bogotano, volver a visitar mi país a travez de las paginas de este libro. Una bocanada de aire colombiano, del de verdad, con toda su imperfección y toda su violencia.
¿Qué pasa con la vida cuando un hecho inesperado la parte en dos? ¿Cómo recoger los pedazos y seguir adelante? ¿ cómo decidir qué se quiere saber y qué no? ¿Hasta qué punto se deben buscar respuestas? Porque esas respuestas pueden seguir partiendo lo que queda de vida en pedazos.
Un libro buenísimo, cercano , que atrapa desde el inicio.
Una trama muy bien tejida, con un detonante que funciona perfecto para enlazar los personajes y los hechos con sus memorias. En la historia hay un poco de roadtrip, un poco de suspenso, y unas formas de violencia que parece que tuvieran sello propio colombiano, pero lo que más hay es una forma de amistad que merece el relato.
Una historia que te atrapa y cautiva conforme avanzas en la trama. Al ser Bogotano, logré sentirme entre sus líneas y parte de mi identidad se sentía en la vida de Manuela. Me gusta mucho la fluidez y facilidad con que se lee y la claridad en la personalidad de sus protagonistas.
Es el primer libro de la autora que leo y no me defraudó. Aunque me dejó un sinsabor el final, que aunque estructurado y resolutivo me pareció afanado y un poco escueto. Quiero resaltar la fineza con que la autora te atrapa en una historia marcada de tintes violentos y de hechos característicos de la historia de violencia de nuestro país, que resulta imposible no sentirse afín a la situación y a las emociones de los personajes. Logra tener al lector atrapado en el relato; escrito de manera concreta, fácil de leer, sin muchos artilugios casi que un bálsamo que el lector disfruta de principio a fin.
Es una historia de una familia Colombiana que ha sufrido directamente la violencia de nuestro país y cuando su protagonista Manuela a través de un suceso aterrador empieza la búsqueda de la verdad la cual la lleva a enfrentarse a un pasado familiar lleno de secretos.
Historia que desde el inicio genera tensión y nos lleva a recordar crudas realidades que hemos vivido en nuestro país, que si a muchos no nos a tocado directamente si indirectamente. Es intrigante y uno avanza página tras página buscando una respuesta clara para Manuela su personaje principal la cuál en su búsqueda de respuestas la conducen por un pasado doloroso el cual no ha hecho consciente. Me gusto como la autora recrea el papel que debía llevar el hombre y la mujer según lo que imponía la sociedad y las relaciones familiares que resultaban a partir de estos roles. Esperaba un poco más del final.
Una autora colombiana que con seguridad seguiré leyendo.
Manuela y Lucia claramente fueron mis personas favoritas en la historia, 2 amigas muy cómplices que me hicieron sumergir en una aventura llena de valentía en la búsqueda de la verdad que tantas veces nos cuesta enfrentar.
Esta novela lo tiene todo y cuando eres Colombiana la vives y entiendes a la perfección. Temas como la familia, el amor y el desamor, la violencia en un país como Colombia, los temas de los que no se hablan, la normalización del machismo en nuestras familias y nuestra sociedad, la amistad genuina y la búsqueda de la verdad, te atrapan para no soltarte hasta el final.
¿Que pasa con la vida cuando un hecho inesperado la parte en dos, como recogemos los pedazos y seguimos adelante?.
Entre la ficción y la realidad la autora Diana Ospina nos narra la historia de su familia, que podría ser la de cualquier colombiano, en la que se entrecruza la violencia, los atentados de Medellín y los tratos ilegales en la Guajira. Un "road trip" lleno de emociones en el que la protagonista trata por todos los medios posibles de reconstruir la historia familiar que le fue ocultada a ella y a su madre a lo largo de los años para poder proteger la imagen rota de su hermano fallecido en circunstancias poco claras.
Fácil de leer, sin muchas vueltas. Manuela nos lleva por una historia con movimientos políticos y fachadas sociales, de su vida que ya creía sellada. Un recorrido con respuestas dónde debe cumplir una misión y por extensión ayudar a Lucia a reconocerse como la gran mujer que es.
- Pero ¿no es como aceptar una mentira? - dudó Manuela por un momento. - Puede ser, pero cuántas veces no nos hemos contado historias para quedarnos en situaciones que no nos convienen. Uno siempre escoge qué ver, qué contar, qué recordar, ¿no?
Increíble. Sencilla y emocionante. Lleva al lector por una historia entre contextos históricos de la época en Colombia, hasta calles en barrios conocidos de distintas ciudades, hasta las fiestas con canciones que sería imposible no reconocer. Una nota !
Me gustó como se desarrolla la historia y los personajes. Una historia que te mantiene al vilo más un disfrute por personas, épocas, paisajes y personalidades.
Su narración de lo cotidiano, de los problemas de la vida que uno no llega a imaginar y de los años ochenta en Bogotá encajan perfectamente con esta violencia de Colombia.