¿Cuántas lenguas fueron registradas a lo largo de la historia de la humanidad? ¿Cuántos colores distintos nombran esas lenguas? ¿Cuántos tiempos verbales utilizan? ¿Tienen un alfabeto? ¿Cuántas son lenguas vivas hoy? Luis Sagasti compone un libro inclasificable e hipnótico en el que relata historias mínimas, de esas que dejan su huella en el tiempo, como las canciones que al atardecer entonaban los soldados de ambos bandos en las trincheras de la Primera Guerra, o las biografías de ignotos colaboradores en la producción de enciclopedias y diccionarios, o los registros de los últimos hablantes de una lengua, o la correspondencia frenética entre traductores que juegan a traducir un cuento del inglés al español y de nuevo al inglés y otra vez al español y así hasta, casi, el infinito. Muchas veces son historias sobre objetos conocidos, pero descriptos desde una perspectiva diferente, como un cuadro de Matisse, una entrada de diario de Agota Kristof, una melodía de Nick Drake; otras, son escenas privadas, como el recuerdo de la caligrafía de la infancia, un lenguaje inventado y secreto o el intento por recuperar el sonido de la voz de alguien que ya no está, pero a quien seguimos escuchando.
Luis Sagasti, a writer, lecturer and art critic, was born in Bahía Blanca, Argentina in 1963. He graduated in History at the Universidad Nacional del Sur where he now teaches. From 1995 to 2003 he was Curator in charge of Education and Cultural Outreach at the Museum of Contemporary Art, Bahía Blanca, authoring numerous art catalogues for exhibitions. Including Fireflies (known in Spanish as Bellas Artes, 2011), he has published four novels: El Canon de Leipzig (Leipzig's Canon, 1999), Los mares de la Luna (Seas of the Moon, 2006), and Maelstrom (2015). He also has a book of essays Perdidos en el espacio (Lost in Space, 2011). His new novel, Una ofrenda musical (A Musical Offering) came out in early 2017.
"Así, de golpe, se dio cuenta de que aquello que tanto le gustaba empezó a ejercer sobre él una atracción imposible de resistir. Hay cosas a las que uno no se acostumbra ni queriendo, la rutina no mitiga la sorpresa: eso hace a una verdadera obra de arte.”
Alguien me comentó el otro día que según lo que había podido entrever de lo que leo por las entradas del blog quizás debía darle una oportunidad a Luís Sagasti; fue uno de esos regalos en forma de recomendación, de intercambios que a veces no llegan a buen puerto, pero en esta ocasión la recomendación no pudo atinar más. Y es raro, porque en cuanto lo investigué me interesó pero lo extraño es que su nombre no había salido a relucir en ningún momento cuando empecé este año a leer algunos autores argentinos; en ningún momento me saltó su nombre, y sin embargo ahora me pregunto cómo he podido llegar hasta aquí sin haberlo conocido antes. Y mientras me sumergía en estas "Lenguas vivas", no podía dejar de rememorar la experiencia de leer a David Markson el año pasado, que si me habéis leído, ya sabréis que es otro autor que me ha marcado y ha supuesto un punto de inflexión en el curso de mis lecturas pero es lo que tiene, que a veces ves a ciertos autores que te gustan reflejados en todas partes, así que pensé que podía ser una exageración mía, pero al final no me equivoqué, la intuición era buena. Recién terminada esta novela leo una entrevista a Sagasti y precisamente cita a David Markson y una de las obras de su Cuarteto como influencia. Estoy encantada de haber llegado hasta aquí, las conexiones son infinitas. Además, que esta novela de Sagasti me ha llevado también hasta Alexander Theroux y sus "Colores primarios", otra influencia para Sagasti; una maravilla literaria que va a quedar ya enlazada e interconectada a esta "Lenguas Vivas" y al Cuarteto.
"Pero hubo una lengua en China cuyos signos bien semejaban las huellas que deja un pájaro al caminar. Unos pájaros sigilosos desprendidos de esas arañas estridentes que son los ideogramas del Emperador. Algo leve, volátil casi, sin ser vacilante."
En "Lenguas vivas", Luis Sagasti relata historias que extrae de hechos históricos y personajes celébres y compone una suerte de pequeños textos casi poéticos en torno ellos, al igual que Markson era un coleccionista de citas aparentemente inconexas cuando abordó su Cuarteto buscando siempre un tema subyacente que se iba desvelando poco a poco, en "Lenguas vivas", Sagasti hace algo parecido enlazando personajes como Wittgenstein, Agota Kristof, Henry Darger, Chagall, Einstein, Purvis Young y así hasta el infinito, para enlazarlos con ciertas ideas y reflexiones que parecen surgidas sobre la marcha pero realmente la forma en la que se para en ciertos detalles nos da la pista de que todo está relacionado. “Wittgenstein -El lenguaje es una parte de nuestro organismo-, anota en su diario en 1915. Y más tarde: -Cuando veo el espacio, ¿veo solo puntos?” Sagasti empieza hablando de Ludwig Wittgenstein y de su relación con el frio y la nieve, que le ayudaba y le motivaba a escribir, y así va pasando de un tema otro en el que el objetivo sería ahondar en las diferentes lenguas, las formas de comunicación a través del lenguaje tanto el oral como el visual, y hay una especie de obsesión por no ver morir a muchas de estas lenguas: Tevjij Esenç, el último hablante de la lengua ubijé (lengua del Caucaso) o Alf Palmer, el último hablante vivo de la lengua warrungu, un idioma del noreste de Australia, son algunos de estos personajes que se van convirtiendo en los protagonistas de sus pequeñas historias. La maestría de Sagasti está en la forma en que las conecta, el exquisito camino que van tomando estas historias hasta calar en el lector.
“En el siglo III las mujeres de la provincia de Hunan crearon un idioma que permaneció velado a los hombres hasta que fue descubierto en 1984, es decir, mil setecientos años más tarde…”[…] El Nü shu se lee de arriba a abajo como una lluvia que se acepta con humildad. Trazos alargados que se escriben, sí, pero también se los ha tallado en adornos de madera y cerámica… A diferencia del mandarin, los caracteres del Nü shu no representan ideas sino sonidos. Era frecuente que, en un principio llegara en un pañuelo que acallara tristezas. La madre señalaba los trazos, los recorría con lentitud de lágrima hasta alcanzar el sonido escondido en la tela.”
[…]
“Allí se aprende el amhárico, de letras de verdad hermosas, un poco cirílicas, un poco sánscritas; se escribe de izquierda a derecha, que es como avanza la noche en un mapa. Del otro lado del desierto, en Oudane, la aldea de Mauritania, muy cerca del Ojo del Sahara, se enseña a leer al revés. Las letras árabes como un oleaje pequeño, calmo e indetenible que progresa con el sol. Una marea de olas inseparables si no se sabe nadar. En cambio, las letras amháricas, como las nuestras, recuerdan huellas de animales, distintas especies avanzan en fil hacia la noche como si el mero caminar reconciliara unas con otras.”
Luis Sagasti se apoya mucho en imágenes y en cuadros para rescatar sus ideas de ahí. Por ejemplo, empieza con alguna fotografía emblemática de Wittgenstein o Einstein, para algunos capítulos después construir un capítulo titulado Saltos, dónde rescata esa serie de fotografías de Philippe Halsman en las que captaba el momento de personajes famosos saltando, un instante fugaz que quedará reflejado ya eternamente. Confieso que nunca me atrajeron mucho las fotos de Halsman pero leyendo el capítulo que Sagasti le dedica a estos saltos, consiguió transportarme a otra perspectiva. Halsman captó el instante de un salto del mismo Marc Chagall, y la manera en que conecta este instante dándole una vida más allá a esta foto, es quizás lo que más me atrae de este autor, que a partir de un pequeñísimo detalle, tiene la habilidad para expresar lo que se ve más allá de ese instante:
"Así lo ve Marc Chagall, quien siempre se ha pintado a sí mismo flotando en el cielo con su primera mujer, Vava. Aquí, es curioso, se lo ve saltar solo. Acaso su segunda esposa nada quería saber de andar por los aires con quien siempre se pintó con la otra en el cielo con diamantes."
El estilo de Sagasti es fragmentado, nunca lineal, uniendo ideas y reflexiones, avanzando y volviendo atrás, componiendo pequeños textos poéticos a partir de ideas cuyo tema central podrían ser lenguas que se extinguen, pero no solo lenguas, el color como una lengua en sí misma y quizás uno de los capítulos más hermosos es aquel donde rescata las pinturas rupestres de la cueva de Lascaux y las relaciona con los colores y la luz:
“Más de un cuidador de sala ha dicho que en muy raras ocasiones, cuando se prenden luces, puede advertirse un pálido estallido fugaz, como si la pintura reaccionara ante el súbito encendido.
Bisontes, caballos, siluetas de arco y flecha custodian asi su latido original. Cada pintura, una vez acababa, comienza el lento regreso de su fulgor para que el primer bisonte siga trotando. Y así lo que nutre, abriga y consuela queda atrapado en la primera vez. Para eso sirve el arte.”
En definitiva, Luis Sagasti es un autor que me ha envuelto por la eterna curiosidad que emana de él y que es capaz de transmitir al lector porque como él mismo dice: “concibo la literatura como una forma de leer y no de escribir”. Establece las conexiones, percibe el mundo y enlaza lo real con el imaginario que podemos encontrar en cada uno de nosotros. Un autor que ya se va a quedar conmigo.
“Leer como si nadáramos en olas de arena de Arabia, de este modo escribían las biblias a mano los monjes medievales, y zarpar así al final de cada oración.”
«El Tractatus de Wittgenstein, como la tabla periódica y el I Ching, como el "Clave bien temperado", el materialismo dialéctico o el Ulises de Joyce, una gigantesca totalidad de la que los hombres son capaces. Desmesuradas y geniales, sí, pero lejos de las verdaderas, porque las totalidades en serio son ballenas blancas a las que ningún arpón puede alcanzar. Hay una única geometría visible como un todo: no es el hexágono sino el segmento de recta. Lo que empieza y con-cluye. Es decir, ver interrumpida la línea con que, a lápiz, simplificamos el recorrido de la existencia. Contemplar ese segmento de recta es contemplar el nacimiento y la muerte de lo que hemos engendrado.
La fisiología del dolor es una sola y muy simple: el nervio queda comprimido, atrapado, sin lugar adonde expandirse; intenta avanzar por donde no puede. Es un animal.salvaje enjau-lado. Todas las puertas se encuentran cerradas, por eso abrimos la boca y gritamos. Comprimir entre un principio y un final la vida creada es vérselas cara a cara con la médula misma del dolor.
Esa es la verdadera totalidad de intolerable fulgor. El otro aleph no deja de ser pura maravilla del lenguaje, retórica de los cristales, o como quiera llamarse a ese teorema de voces perfectas ajenas al tiempo. Por eso Borges puede ubicarlo en el espacio, asegurar que se trata de una esfera e ignorar en ella la presencia de la música».
Es de esos libros que me dan ganas de regalar a quienes aman los libros, y que cuando lo regalo, no es solo por regalar un tiempo de lectura, una historia, sino es entregar un pedazo de mi universo al otro con la ilusión de que el otro pueda abrazarlo por el tiempo que desee.
Y que haya terminado con el relato de su hermano, qué conmovedor final.
"Si queremos ver formas puras en el alfabeto, formas vaciadas de sentido, volver a la mirada virgen de la infancia, tenemos que cruzar un desierto donde el sol ha borrado todos los caminos. Ese es el trayecto que debemos sortear para quitarle al mundo nuestro peso".
Con los años la letra va mejorando, se vuelve inteligible. De la misma manera aprendimos a hablar. Es que se trata de aprender a hablar con tinta, después de todo. Y cuando logramos que se nos entienda la letra nos damos cuenta de que no tenemos mucho para decir.
Cuando leí de qué trataba este libro, supe que me iba a gustar. Leerlo fue alimentar a esa parte mía que siempre fue curiosa, a ese ratón de biblioteca que empezó a leer porque quería conocer sobre el mundo, conocer sobre las palabras, sobre las cosas olvidadas. Sagasti compuso esta carta de amor, esta carta de despedida, y qué hermoso fue el resultado.
Me costó mucho entrar en el texto, dejarme llevar por las palabras y las conexiones, que a simple vista parecen inconexas. Tiene párrafos brillantes y otros que pasé como ojeando las páginas de un diario un domingo. Un texto que para poder verlo en todo su esplendor es seguramente necesario releer. Me gustó y ahora quiero seguir leyendo más del autor.
Luis Sagasti (Bahía Blanca, 1963) es un escritor de párrafos sinuosos, con una mirada que sale a pasear entre las emociones y la modernidad humana con la cadencia de una improvisación jazzera. “Lenguas Vivas”, publicado en abril de este año por Eterna Cadencia, es otra reinvención de este estilo.
Amparado por una curiosidad muy cercana a la docencia, con el bagaje de sus estudios en historia por la Universidad Nacional del Sur y su experiencia como crítico de arte, nos presenta un libro que se mueve en doce capítulos que pivotan por los caminos del lenguaje y un sinfín de personajes humanos que se relacionan con las representaciones de un mundo en el que ”es muy difícil ver en las nubes sólo nubes”.
Traducido a cuatro idiomas y ganador del Segundo Premio Nacional de Literatura por su novela “Una ofrenda musical”, Sagasti tiene siempre dificultades para definir qué es lo que escribe (al parecer porque no parece importarle más que para determinar si un jurado de narrativa lo considera o no para el certámen). En estos libros, que cruzan la narrativa, el ensayo y la poesía, subyace una fascinación y una curiosidad por la voluntad humana de subsumirlo todo en el lenguaje.
La antropóloga Anne Chapman convence a Lola Kiepja, la última mujer que vivió como selk’nam, de grabar sus cantos sagrados antes de morir, cuando la propia lengua ya perfila una franca y lenta agonía. Un comandante preserva los fragmentos de un poema escrito por Gustave Chalier la noche previa a la ejecución de un condenado a muerte, partiéndolo en tres y dando a memorizar cada fragmento a un soldado distinto en la trinchera de Somme. Un astronauta descubre desde la estratósfera “El ojo del Sahara” mientras da un paso en el vacío. Los colores en la cueva de Lascaux, impactantes al ser descubiertos por la linterna de un abad, se pierden de a poco cuando el lugar es abierto al turismo. En esta secuencia hay seres reales y seres ficticios. Ustedes descubrirán quién es quién. Si tienen ganas.
Hay algo de destello crepuscular en Lenguas Vivas. El chispazo del sol que se expresa justo antes de la noche. Como si las palabras se llevaran a las patadas con la entropía, y si el lenguaje se destacara, sobre todo, porque es la fuerza que, al tratar de explicar la realidad, lucha contra una corriente que se lleva todo lo que trata de describir. Pero Lenguas Vivas sigue adelante y supera el crepúsculo. Y te muestra las (otras) estrellas.
En esa curiosidad, está el lenguaje. Una herramienta con vida propia. Una herramienta impredecible. Una idea de otro que trata de quedar plasmada en algún lado. Una idea de otro. No hay lenguaje en la nada, donde todo es cristalino. En cambio, las fotografías que impostan un movimiento se convierten en las más icónicas.
Lo que no se toca no se extingue, como ése agujero que se forma en la piedra lunar de un museo porque todos los visitantes pueden tocarla. En el lugar más desierto del mundo, donde las corrientes oceánicas no permiten que haya vida animal ni vegetal, las aguas son cristalinas.
“Si hablamos de faros es porque queremos hablar de naufragios”, dice casualmente Sagasti: el último capítulo parece a simple vista ser el más claro, pero es a la vez el más indescriptible. Como un caso práctico donde se aplica todo lo visto antes, se revela por primera vez en los libros de Sagasti una historia personal de muchísimo peso. En chispazos de reminiscencia se escribe lo inevitable.
Pienso que para apreciarlo más tendría que leerlo de nuevo, pero se quedan algunas imágenes lindas de esas cosas olvidadas o ignoradas, que si nos quedamos un momento observando podrían revivir el asombro en nuestro sentir . Parece que divaga pero es lindo ver cómo conecta historias más tarde , quizás es para leerse lento. Es como una colección de curiosidades tejidas con cuidado y despreocupación.
Por momentos marea un poco el ir y venir de un tema a otro; ese es el precio a pagar por apuntar a una complejidad inusual, ya que cada ensayo recorre de forma aparentemente caótica temas diversos que el narrador va entrelazando de forma sutil, aunque por momentos algo criptica, sin dejar que esto te impida apreciar algunos elementos narrativos y temáticos que sobresalen. Un libro para descubrir datos interesantes sobre culturas diversas, lenguas, hitos de la Historia, curiosidades científicas varias, personalidades excéntricas del arte, y demás. Un libro que motiva a aventurar elucubraciones propias sobre los temas tratados, aunque por momentos la prosa parezca querer imponer su protagonismo, volviendo trabajoso el fluir de la lectura.
No entendí prácticamente nada. Siempre que leo estos libros que reciben alabanzas por los «lectores conocedores» siento la presión de comprenderlos, aun así, si no los entiendo soy franco, como en este caso. El autor se la pasa cambiando de tema cada medio párrafo, yendo de un lugar y nombres de personajes a otros, pretendiendo que los recordemos y asociemos, cuando, por cada capítulo, se nombran al menos una decena de cada tipo; intenta hacer una especie de escritura circular en la que sus temáticas y personajes se presentan, luego introduce muchos más temas y situaciones y al cerrar el capítulo se relacionan de vuelta buscando cerrar. No recuerdo, de todo el libro, más que lo del tema del final, acerca de su hermano. Es todo. Lo demás me pasó de noche, nunca me enganché ni comprendí nada.
Cuando la cosa ya no puede ser más oscura, de golpe, lo que resta del pneuma se enciende. Y una salamandra aparece. Súbita. Eso es todo lo que hay. Una populosa llamita que acá, desde este lado, llamamos lenguaje.
Cada tanto necesito que algo me recuerde lo mucho que amo la lectura, las palabras y todas esas cosas, y este libro definitivamente cumplió con eso y también con un montón de cosas más que no sabía que necesitaba en este momento. Es uno de esos a los que me va a gustar volver cada tanto y poder redescubrirlo.
Me parecieron una maravilla las conexiones mentales de Luis. Interesantísimo cada tema, de dónde es que van saliendo y la manera del autor de poner el mundo en palabras e hilos de pensamiento. Una lectura que requiere de atención pero vale el laburo de cada neurona necesaria para seguirlo ✨